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La muerte bajo los ojos mexiquenses - El significado de la muerte para los aztecas, el papel del catolicismo colonial y sus influencias en la Ciudad de México contemporánea

Tesis (Bachelor) 2007 37 Páginas

Teología - Otras

Extracto

INDICE

I. Introducción

II. La muerte bajos los ojos mexiquenses
1. El significado de la muerte para los aztecas
1.1. La muerte en el génesis azteca
1.2. La muerte en el día a día
1.3. Después de la muerte
1.3.1. El destino del alma
1.3.2. Ceremonias para los muertos
1.4. Conclusión
2. Aspectos de la muerte en la Nueva España
2.1. La muerte y la religión
2.1.1. Los dogmas de la religión católica
2.1.2. Más allá de muerte en la Nueva España
2.1.3. El purgatorio como clave del sincretismo
2.2. La muerte y la cultura
2.3. Conclusión
3. La muerte bajo los ojos mexiquenses
3.1. “La muerte nos pela los dientes”
3.2. Día de Muertos en San Andrés Mixquic
3.3. La adopción del Halloween
3.4. La comercialización de la muerte

III. Conclusión

Fuentes

“La muerte es la palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente.”

OCTAVIO PAZ

I. INTRODUCCIÓN

La vida ha sido desde tiempos arcaicos una serie de enigmas para el ser humano. Las preguntas que han surgido, han obtenido respuestas gracias al estudio, a la investigación y al apoyo en la ciencia. Sin embargo, existen algunas interrogantes a las que diversas culturas se han enfrentado y que no han podido responder acudiendo a la ciencia; ¿cómo se creó el universo? ¿De dónde surge el ser humano? Y ¿qué sucede después de morir? Es ahí donde el hombre ha necesitado recurrir a la imaginación y proponer para dar respuestas.1

La muerte es, en términos simples, el destino imperioso de cada ser vivo y se define como el término de la vida .2 Pero más allá de la perspectiva científica el ser humano ha establecido una relación de temor con ésta.

“La muerte” es una de las palabras que más agobian al ser humano. En primer lugar y desde tiempos ancestrales, pensar en la muerte ocasiona en el hombre un sentimiento de turbación, ya que ésta representa una amenaza contra la vida e instintivamente el ser humano reacciona con recelo ante el hecho de perderla .3 Para el mundo occidental esta forma de ver la muerte no ha cambiado su naturaleza, la muerte nos envuelve a todos, con escasas diferencias, en un ambiente de tristeza.

No obstante, no para todos la muerte es sinónimo de tristeza. Este trabajo, dedicado al significado de la muerte para el mexiquense4 contemporáneo, tiene como propósito mostrar su perspectiva actual, la cual no es del todo desconocida, pero a veces poco comprendida, porque se enfrenta a ella de una manera muy particular.

La forma de percibir a la muerte en el centro de México se deriva de dos grandes culturas. La primera, la cultura azteca, para la cual la muerte y la vida estaban comunión, dependiendo la una de la otra, siendo la primera la semilla de la vida. Los aztecas no temían a la muerte, en cambio, la anhelaban. La segunda cultura y no por ello menos importante, es la cultura católica occidental, para la cual la muerte es el paso a dar para llegar al juicio final, un momento que la mayoría teme.

El mexiquense contemporáneo, empero su condición católica, se enfrenta a la muerte día a día con humor; personificándola; haciéndola su compañera, su amiga, su enemiga; haciendo bromas y sátiras sobre la muerte de los seres queridos; ofreciéndoles comida en sus hogares; emborrachándose con los muertos. A la muerte la llaman la catrina, la calaca, la pelona, la canica, la huesuda, la dientona, la flaca, la parca, la segadora, la apestosa y decenas más de atributos similares5. Esta manera de exteriorizar la muerte es muy llamativa y muchos afirman que es una herencia azteca, pero ¿qué tanto legaron los aztecas a sus descendientes? ¿Qué papel juega aquí el catolicismo español? ¿De qué forma influyen ambas culturas en la perspectiva actual del mexiquense?

Para poder responder a estas interrogantes y entender esta espectacular forma de ver la muerte será necesario adentrarse, en primer lugar, en las costumbres mortuorias de los aztecas, en segundo lugar, dar un repaso a las costumbres españolas de la época colonial, y por último, ver de qué manera se presenta la necrofilia en la Ciudad de México y cómo han influido ambas culturas en ella. San Andrés Mixquic, una población lacustre de la metrópoli mexicana, será el campo de observación que nos permitirá ver de qué manera se manifiesta este sincretismo. Asimismo, este trabajo lo fundamento en literatura referente al tema, entrevistas realizadas en San Andrés Mixquic el Día de Muertos y a través de experiencia personal en la Ciudad de México.

El tema de la muerte en México no es un tema ciertamente novedoso, se han escrito cantidad de libros que hablan, mayoritariamente, del Día de Muertos. Mi interés en escribir este trabajo sobre la muerte lo atribuyo a dos factores. El primero, contribuir a despejar el cliché. Muchos escritores y el pueblo en general tienden a atribuir el fenómeno exclusivamente a la cultura azteca y hacen a un lado, total o parcialmente, los elementos del catolicismo. Sin embargo, también existe el pensamiento y literatura más fundamentados y que enfatizan más en el sincretismo, por ejemplo “La muerte al filo de obsidiana: los nahuas frente a la muerte ” de Eduardo Matos Moctezuma, libro en el que me he orientado para escribir este trabajo. Matos menciona los aspectos centrales del sincretismo en este contexto, pero, al ser otro su tema principal, no profundiza en el porqué de la perspectiva actual del mexiquense, materia muy interesante. Y el segundo factor de interés para mí es la desfachatez del mexiquense para con la muerte, asunto que me ocasiona una gran curiosidad al ser mexicana, pero no partícipe de estas costumbres mortuorias.

II. LA MUERTE BAJO LOS OJOS MEXIQUENSES

1. El significado de la muerte para los aztecas

1.1 La muerte en el génesis azteca

El Imperio Azteca poseyó una de las culturas prehispánicas más importantes y de mayor expansión en Mesoamérica.6 Los aztecas estaban establecidos en la parte central de México del siglo XIV hasta principios del siglo XVI y llegaron a extender sus dominios hasta la actual frontera sur de México. La civilización azteca era de profunda religiosidad que se basaba en el pluriteísmo. Los principales dioses estaban relacionados con los fenómenos naturales.

El Códice Chimalpopoca 7, manuscrito traducido de la lengua náhuatl, data del siglo XVI y relata algunos de los dogmas de la religión azteca. La leyenda de los soles, parte de este códice, describe el génesis de los aztecas. Comienza con la historia de cuatro épocas, cada una con un propio sol, propios habitantes y sus respectivas extinciones hasta llegar a la quinta era, la era de los aztecas. Cuando se extinguió el cuarto de los soles llegó el momento en el que los dioses se preguntaban entre ellos: ¿quién habitará el quinto sol? Quetzalcóatl8, en busca de la solución, decidió bajar a Mictlan, el lugar de la muerte. Una vez llegado a Mictlan se dirigió a Mictlanteuctli y a Mictlancíhuatl, señor y señora de Mictlan respectivamente, a quienes pidió los huesos preciosos, de un hombre y una mujer, que ellos custodiaban. Curiosos los señores de Mictlan preguntaron a Quetzalcóatl con qué intención quería llevarse los huesos. Quetzalcóatl explicó entonces que los dioses harían de ellos los próximos habitantes del mundo. Mictlanteuctli permitió entonces que éste tomara los huesos con la condición de dejarlos nuevamente en su sitio, orden a la que Quetzalcóatl pretendía desobedecer y llevarlos consigo para siempre. Así, cuando tomó los huesos, Mictlanteuctli, a sabiendas de la intención de Quetzalcóatl, quedó absorto y demandó a los dioses hacer un hoyo donde Quetzalcóatl caería muerto. Al caer Quetzalcóatl los huesos cayeron junto con él esparciéndose por el suelo y estos fueron roídos por codornices. Al poco tiempo, Quetzalcóatl resucitó y cuando vio lo que había sucedido con los huesos que él tanto necesitaba, lloró, recogió los restos de los huesos del suelo como pudo, los llevó a que los molieran y derramó su propia sangre sobre ellos. Una vez hecho esto, los dioses hicieron penitencia y dijeron: “Han nacido los vasallos de los dioses” 9

Esta leyenda nos muestra que desde un inicio la muerte fue sumamente importante para los aztecas, además del lazo tan estrecho que ésta tenía con la vida. Primeramente, es importante tener en cuenta que para que fuera posible la vida del hombre, según esta leyenda, fue necesario acudir a elementos relacionados directamente con la muerte. En primer lugar, Quetzalcóatl viaja a Mictlan, el lugar de la muerte, en su intento por hacer surgir la vida en el mundo. En segundo lugar, el dios necesita los huesos de hombre y mujer, elementos ya muertos, para poder llevar su objetivo a cabo, es decir, crear la vida en el mundo partiendo de unos huesos. Por último, la unión de los huesos con la sangre del dios, símbolo de vida, hace posible que surja la vida del hombre. Así, el lazo de vida y muerte que nos presenta esta antigua leyenda influye directamente en la cercanía de los aztecas para con la muerte. La muerte se presenta para ellos como un elemento esencial e imprescindible para su propia vida desde el génesis, porque la vida misma nace de la cohesión de la muerte con la vida, siendo imposible el surgimiento de la vida sin la muerte.

1.2 La muerte en el día a día

Para los aztecas la muerte estaba siempre muy presente, no sólo por ser semilla de vida, sino porque también la presenciaban en el día a día. Es sabido que los aztecas creían firmemente en sus dioses y les rendían culto a través de sacrificios, ofrendas, esculturas, etc. Esta actitud se debía parcialmente a un sentimiento de deuda contraída con los dioses por haberse sacrificado para crearlos. La leyenda de los soles, citada anteriormente, nos menciona que para hacer posible la creación del hombre fue necesario que los dioses hicieran penitencia por ellos. Además, el relato no termina con la creación, sino que continúa con una situación incierta para la vida recién concebida de los nuevos vasallos de los dioses. El sol se encontraba estático en el cielo y no se movería si los dioses no daban por ello su vida a cambio, el acto fue consumado, los dioses entregaron sus vidas para hacer viable la vida de sus vasallos aztecas, el sol volvió a girar y gracias al sacrificio de los dioses la vida fue posible. Para los aztecas, su existencia era mérito exclusivo de los dioses, la penitencia y sacrificio a los que se sometieron fue lo que lo permitió, pero ¿cómo retribuir a ellos acto tan benévolo? La respuesta fue sencilla, recompensar de la misma manera a sus dioses, sacrificarse, dar la vida por ellos. Así fue como probablemente nació la idea del sacrificio a los dioses en la cultura azteca, para devolver un poco de lo mucho que habían recibido de ellos.

La muerte comenzó así a formar parte de la vida cotidiana. Los sacrificios que se realizaban eran observados muy estrecha y frecuentemente por el pueblo. Cada vez que había alguna celebración, se realizaban los sacrificios en plazas y lugares públicos para que pudieran ser presenciados por todos. Las personas que eran sacrificadas se elegían cuidadosamente, las características personales tenían que corresponder al dios al que serían sacrificadas, para hacer un honor a éste. Por ejemplo, los niños que nacían con dos remolinos en el cabello eran sacrificados a Tláloc, dios de la lluvia, por la semejanza entre los remolinos de las aguas y los del cabello. En adición a los sacrificios en las celebraciones a los dioses, también tenían los sacrificios después de las batallas, en este caso eran los prisioneros de guerra a quienes sacrificaban. Es importante mencionar que morir sacrificado era visto como un honor, ya que daban la vida para satisfacer a los dioses y en tributo a la vida misma. La muerte, vista desde el punto de vista del sacrificio azteca y contrariamente a lo que pueda parecer, podría verse de esta manera como un culto a la vida más que a la muerte misma, ya que era por agradecimiento a los dioses, a su sacrificio y a la vida que recibieron gracias a ello, que pagaban con sacrificios.

Otra forma de encarar a la muerte en el día a día era con los tzompantli, lugares de cráneos. Los tzompantli eran estructuras en forma de torrecillas formadas por vigas, en ellas se coleccionaba una gran cantidad de cráneos humanos ensartados en varas a la altura de las sienes, éstos se asemejaban a muros levantados con cráneos. Los tzompantli eran también dedicados a los dioses y se encontraban en lugares ceremoniales, los cráneos solían pertenecer a cautivos de guerra sacrificados e incluso se ha hablado del último tzompantli, construido en 1521, en el se hallaron cráneos de indígenas, de algunos conquistadores españoles e inclusive de caballos10. La presencia de estos cráneos traía a la mente el sacrificio y la muerte. Eran vistos por el pueblo constantemente11. Y ¿cómo alejar la muerte del pensamiento? Si siempre estaba presente, ya fuera a manera de sacrificio o en los tzompantli, la muerte estaba ahí, día a día. Y ¿cómo temer a la muerte si era una pieza clave de la vida misma?

1.3 La muerte después de la muerte

1.3.1 El destino del alma

Los aztecas creían que al morir el espíritu de las personas continuaba su camino. El destino de las almas dependía directamente de la forma en que se suscitó la muerte, contrariamente al pensamiento católico, en donde el destino del alma depende de los actos cometidos en vida. Para los aztecas lo importante era la forma en que morían. Octavio Paz12 caracterizó el pensamiento azteca diciendo: “Dime como mueres y te diré quién eres”13

Una vez llegada la muerte, se creía que las almas se dirigían a uno de cuatro lugares que existían para ellas, el destino dependería de la forma del fallecimiento y del ser o no un infante. Estos destinos eran: (a) Tlalocan, (b) Tonatiuh ichan, (c) Mictlan y (d) Xochatlapan.

(a) El Tlalocan, reino de Tláloc, el dios de de la lluvia, era el destino para aquellos que morían en circunstancias relacionadas con el agua, por ejemplo, las personas que morían por consecuencia de un rayo o ahogadas, además de aquellos que fallecían a causa de enfermedades que también se relacionaban con agua, como lepra y sarna. Al Tlalocan se le concebía como un lugar de descanso veraniego donde nunca faltaría el alimento y la bebida y en donde los que lo habitaban podían jugar eternamente en los ríos y aguas manantiales que abundaban ahí.

(b) Tonatiuh ichan, la casa del Sol, era el destino más deseado por todos y este era exclusivamente para quienes murieron durante un acto de valentía. Este correspondía a los guerreros muertos en combate, a los sacrificados y a las mujeres muertas mientras parían. Los guerreros y sacrificados acompañaban al sol desde el alborada hasta el cenit, tiempo que era de alegría y regocijo para ellos y al pasar cuatro años de la muerte de los guerreros sus almas se convertían en diversas aves. Las mujeres se convertían en guerreras por haber luchado contra la muerte, ellas acompañarían al sol del cenit al crepúsculo, momento en que el mismo sol “moría” con ellas. Ambos, se suponía, que en pleno regocijo acompañaban al sol, en un gozo y alegría incomparables.

(c) Mictlan, el lugar de la muerte, era donde habitaban Mictlanteuctli y Mictlancíhuatl, señores de la muerte. A este lugar iban los que morían por causas distintas a las anteriores, por enfermedades comunes, a causa de la vejez, etc. A Mictlan se le concebía como un lugar muy grande y obscuro, mas no era lugar de sufrimiento, era simplemente donde reposaban los restos de los muertos. Los que iban a Mictlan tenían que pasar por los siguientes lugares para poder llegar: dos sierras chocando entre sí; una culebra que guardaba el camino; el lugar de la lagartija verde; pasar ocho páramos y ocho collados; el lugar donde se encuentra Itzehecayan (en español, viento frío de navajas) y atravesar el río Chiconahuapan con ayuda de un perro Xoloitzcuintle14

[...]


1 Véase: Matos Moctezuma, Eduardo. 1975. Muerte a filo de obsidiana: los nahuas frente a la muerte. SepSetentas, 190. México: Secretaría de Educación Pública. Pág. 13

2 Definición de la Vigésima edición de la Real Academia Española. www.rae.es, 20/11/2007

3 Véase: Hesse-Jesch, Eva-Maria. 2001. Die Geburt der Kultur als Religionsaufkommen aus Todesangst und Lebenswillen. Marburg: Tectum

4 Mexiquense se refiere al natural del Estado de México, sin embargo, aquí se aplica para los que habitan la metrópoli de la Ciudad de México

5 Véase: Peñalosa, Joaquín Antonio. 1974. Vida, pasión y muerte del mexicano: notas de costumbrismo. México: Editorial Jus. Pág. 150

6 Mesoamérica: área cultural que engloba el territorio del actual México y casi toda Centroamérica, donde se desarrollaron una serie de civilizaciones que compartían rasgos y tradiciones culturales, antes de la llegada de los europeos en el siglo XVI.

Véase: http://es.encarta.msn.com/encyclopedia_961537032/Mesoam%C3%A9rica.htmI, 18/11/07

7 Códice Chimalpopoca: anales de Cuauhtitlán y leyenda de los soles. 1945. Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Historia. Publicaciones, 1a. ser., no. 1. México: Imprenta Universitaria. Manuscrito original en náhuatl, traducido en 1558 por Primo Feliciano Velázquez y editado por la Universidad Autónoma Nacional de México.

8 Quetzalcóatl: dios azteca, identificado como la Serpiente Emplumada, traducción de su nombre ‘náhuatl’. Los aztecas lo concebían como un símbolo de la muerte y la resurrección, así como patrono de los sacerdotes. Véase: http://es.encarta.msn.com/encyclopedia_761557607/Quetzalc%C3%B3atl.html, 22/10/2007

9 Véase: Códice Chimalpopoca: anales de Cuauhtitlán y leyenda de los soles. 1945. Págs. 119-121

10 Información obtenida en la exposición de la Mega Ofrenda del Día de Muertos en el Zócalo de la Ciudad de México 2007.

11 Véase: Matos Moctezuma, Eduardo. 1975. Págs. 129-131

12 Octavio Paz (1914-1998). Célebre poeta, ensayista y diplomático mexicano, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1990.

13 Véase: Paz, Octavio. 1959. El laberinto de la soledad. Vida y pensamiento de México. México: Fondo de Cultura Económica. Pág. 49

14 Xoloitzcuintle: De la palabra náhuatl Xoloitzcuintli, que significa “perro paje del Dios Xolotl”. Véase:

Detalles

Páginas
37
Año
2007
ISBN (Ebook)
9783638049504
ISBN (Libro)
9783638942836
Tamaño de fichero
1.2 MB
Idioma
Español
No. de catálogo
v91949
Instituto / Universidad
University of Passau
Calificación
1,7
Etiqueta
Ciudad México

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