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El Potencial Lingüístico de Primates Subhumanos

Trabajo 2005 31 Páginas

Romanística - Español, literatura, cultura general

Extracto

Índice

Introducción

1. Experimentos Lingüísticos con Primates Subhumanos
1.1. Washoe
1.2. Sarah
1.3. Lana
1.4. Nim
1.5. Kanzi

2. El Potencial Lingüístico de Primates Subhumanos
2.1. Dicotomía en la Comunidad Científica – La Comunicación que Aprenden los Monos ¿Es Lenguaje Humano?
2.2. Primates Subhumanos y Gramática
2.2.1. Análisis de las Capacidades Gramaticales Productivas de Kanzi
2.2.2. La Recursión como Característica Decisiva del Lenguaje Humano

3. Conclusión

4. Bibliografía

Introducción

La diferencia genética entre humanos y chimpancés es alrededor de un dos por ciento. Sin embargo, también en este caso, la cantidad se transforma en calidad. Este dos por ciento representa un salto cualitativo, que ha separado decisivamente el género humano de todas las demás especies. Una de las diferencias más llamativas entre los monos antropoides y humanos es la manera de comunicación. Mientras que el hombre se sirve de un sofisticado lenguaje fonético, los primates subhumanos comunican a través de unas pocas secuencias fonéticas características, marcados ademanes y mímica. En los últimos 40 años esta afirmación ha sido tema de muchos debates debido a la investigación científica sobre el lenguaje utilizado por los primates subhumanos. Ya con los comienzos del siglo XX empezaron experimentos de la enseñanza del lenguaje a monos. Mientras en los primeros experimentos se intentaba imponerles lenguaje fonético, los investigadores de estudios posteriores se centraban en la comunicación nonverbal. En los proyectos pilotos referidos a la comunicación nonverbal, el punto principal del interés de investigación fue destacar si, y a qué dimensiones, primates subhumanos pueden adquirir el lenguaje humano o capacidades similares a lenguaje y, además, si son capaces de nombrar objetos y acontecimientos de la realidad extralingüística con las respectivas señas. En una segunda fase recepcionada se comparaba el proceso de la adquisición simbólica de los monos con la adquisición de la primera lengua de niños pequeños. Otro aspecto se concentraba en la problemática, si, y hasta qué punto, los animales de laboratorio son capaces de reconocer e incluso utilizar relaciones gramaticales y principios del orden sintáctico, es decir si sus secuencias generadas se basan en constantes relaciones sintácticas.

Respecto a las distintas series de ensayos existe entretanto una gran cantidad de literatura secundaria apenas abarcable, y se han analizado los experimentos desde los más distintos enfoques. Así, p.e., se ha preguntado, hasta qué punto los proyectos dan información acerca de la evolución del lenguaje o también, si prueban o la tesis de la continuidad o la de la discontinuidad. En el presente trabajo por lo tanto ni se puede presentar una extensa descripción de las respectivas investigaciones lingüísticas, ni se ocupan de todos los enfoques. Más bien se entresacan aquellos aspectos temáticamente relevantes, que llevan a la respuesta de las siguientes preguntas: ¿Cuánto potencial lingüístico tiene el mono antropoide? ¿Cuáles de las propiedades del lenguaje humano se reflejan también en las capacidades lingüísticas del primate subhumano? Y, finalmente, ¿cuál(es) característica(s) del lenguaje humano sólo la(s) posee el ser humano? Para que se pueda contestar a esas preguntas, en lo sucesivo se van a presentar y analizar cinco de los experimentos con antropoides. A este respecto también se ocupa de la dicotomía en la comunidad científica, evaluando algunos de los puntos de crítica de los científicos. Acerca de la última pregunta va a ser necesario concentrarse particularmente en las capacidades gramaticales y los respectivos límites de los primates subhumanos, lo que se efectúa en un capítulo aparte.

1. Experimentos Lingüísticos con Primates Subhumanos

La suposición de que monos son capaces de aprender nuestro lenguaje ha circulado desde hace algún tiempo: Ya en 1661, Pepys describió en su diario un babuino que en su opinión mostraba características humanas y disponía de un potencial lingüístico: “It is a great baboon, but so much like man in most things [...] I do believe it already understands much English; and I am of the mind it might be taught to speak or make signs”. Casi cien años mas tarde, en 1747, el filósofo de La Mettrie afirmó que podía enseñar el lenguaje humano a un mono, usando los métodos que se habían desarrollado para enseñar el lenguaje a niños sordos (Lieberman 1984: 226, 234). Con los comienzos del siglo XX comenzaron por fin experimentos de entrenamiento formales: Lightner Witmer describió la estructura de las capacidades expresivas de un chimpancé (1909), Furness se esforzaba por el desarrollo fonético de un joven orangután (1916), la pareja Kellogg dejaba crecer la chimpancé Gua junto con su hijo con la esperanza de adquisición del lenguaje (1933) y la pareja Hayes intentaba arrancarle a una chimpancé, llamada Viki, lenguaje fonético (1951). A pesar de esfuerzos máximos, los experimentos sólo mostraron un éxito moderado: incluso Viki, cuya capacidad expresiva en comparación con los otros tres monos alcanzó el nivel más alto, meramente era capaz de producir cuatro palabras cerradas después de seis años (‘ papa ’, ‘ mama ’, ‘ cup ’ y ‘ up ’), y además existía poca justificación de que estas palabras cumplían una función simbólica para ella (Wallman 1992: 10). Como los investigadores siguientes reconocieron los problemas en la producción de sonidos vinculados con las modalidades fisiológicas de primates subhumanos[1], por lo tanto se dedicaban a la comunicación nonverbal. Estos experimentos pudieron lograr resultados mucho más impactantes que los anteriores, indicando vestigios del lenguaje humano.

1.1. Washoe

En 1966 la pareja Gardner comenzó a enseñarle durante 51 meses el lenguaje de señas a una chimpancé llamada Washoe (las siguientes declaraciones se basan en Gardner/Gardner 1969). Aunque Washoe no crecía en casa de los Gardner sino en un laboratorio, los Gardner siempre estaban pendientes de que la mona recibía suficiente cariño, libertad de moverse y tanta variación de input como un niño. En la presencia de Washoe todos, los Gardner y su equipo, se comunicaban exclusivamente en el lenguaje de señas. Sonidos tan sólo estaban permitidas si la chimpancé era capaz de imitarlos, como p.e. risas o palmoteo. Para enseñarle el lenguaje de señas a Washoe, los Gardner y su equipo usaban métodos diferentes. Al principio casi todas las actividades y acontecimientos en el entorno de la mona se acompañaban con señas. Así le enseñaban el lenguaje de señas en una manera indirecta, sin imponerle directamente el lenguaje. Sólo con eso ya se mostraron algunos éxitos: p.e. siempre, cuando Washoe se limpiaba los dientes, los Gardner hicieron la seña para “cepillo de diente”. En el décimo mes Washoe vio un cepillo de diente en el baño y usó por primera vez la seña adecuada. Más efectivo que la ‘esperanza a una imitación’ resultaron otras estrategias: gestos mas o menos auténticos de la chimpancé - si tenían cierta semejanza con una seña de ASL – se usaron como la base para señas que la chimpancé debía aprender. P.e. el gesto de pedir de Washoe (la mano extendida con la palma hacia arriba) parecía a las señas de ASL para “dame” y “ven aquí”, que sólo incluyen también un movimiento de saludar.

La chimpancé aprendió ese gesto primero y lo usó – según Gardner y Gardner – como una nueva seña: “As Washoe has come to use it, the sign is not simply a modification of the original begging gesture” (Gardner/Gardner 1969: 668). Además los Gardner usaron no sólo un condicionamiento instrumental – cosquilleando a Washoe al principio siempre cuando se parecían sus señas a las señas deseadas y luego sólo cuando eran aproximadamente perfectas –, sino también el guiar y moldear de sus manos. Especialmente el último método resultó muy eficaz. Al final del proyecto Washoe era capaz de producir 132 señas. En cuanto a la velocidad y la cantidad de las señas, Washoe era inferior a niños pequeños adquiriendo sus primeras palabras. Esto podría basarse en el hecho de que el entrenamiento comenzó bastante tarde. Otros chimpancés, cuyos entrenamientos empezaron justo después de haber nacido, eran capaces de producir diez señas a la edad de cinco meses y 50 señas a la edad de 22 meses, así que ellos sí podían competir con niños pequeños (Gardner/Gardner 1980: 302f.)[2]. Con respecto al uso de las señas aprendidas, se puede constatar un desarrollo en el “lenguaje” de Washoe: según los Gardner, los primeros gestos de la chimpancé eran simples demandas (p.e. ‘ come-gimme ’, ‘ more ’, ‘ up ’, ‘ sweet ’ etc.), mientras que la mayoría de sus gestos posteriores se referían a objetos, y Washoe empleaba sus conocimientos tanto para expresar sus deseos como para contestar a preguntas. Respecto a la estructura de su aplicación de señas también se destacaba un desarrollo: después de haber hecho gestos sueltos, pronto seguía combinándolos. Los Gardner consideraron precisamente estas combinaciones como paralelas a la adquisición infantil del lenguaje (tabla 1). De hecho, existe una semejanza entre la columna derecha e izquierda de la tabla: niños en la fase de dos palabras (a la edad de alrededor un año y medio a dos años) obviamente no se expresan más complejamente que un chimpancé entrenado.

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* Indica tipos clasificados en más que un modo en el esquema de Brown y sólo un modo en nuestro esquema.

Tab. 1: Esquemas paralelas describiendo expresiones a temprana edad de niños y Washoe (abreviado según Gardner/Gardner 1980: 289)

La impresión de la posibilidad de comparar Washoe y niños pequeños aún se intensifica considerando los rendimientos de transferencia de la mona: un gesto nuevo fue ilustrado mediante un objeto específico, como p.e. ‘abierto’ mediante una puerta específica y ‘sombrero’ a través de un sombrero específico. No obstante el animal amplificaba las señas de tal manera, que no sólo se referían al objeto de ilustración, sino a toda la clase a la que pertenecía este objeto. En este caso Washoe de vez en cuando sobregeneralizó (igual que niños pequeños), cuando por ejemplo utilizó la seña para ‘flor’ para todo tipo de olores. En este caso parecía interpretar el concepto de flor de otra manera que sus tutores: mientras para los tutores lo característico era la apariencia, para Washoe lo era el olor. Aún más impresionante que las clasificaciones de Washoe eran sus creativas composiciones de gestos, ya que estas aportaban pruebas de su comprensión de la significación del lenguaje. Washoe combinó p.e. los siguientes gestos para referirse a objetos nuevos: ‘ open food drink’ – frigorífico; ‘ rock berry ’ – nuez de brasil; ‘ water bird ’ – cisne. De estas combinaciones me parece especialmente creativa la secuencia de señas para la nuez de brasil, ya que no se puede deducirla a una simple enumeración de objetos visibles, sino sin duda es una descripción meticulosa de las características de esa nuez.

A continuación, se van a analizar cuatro chimpancés ejemplares, tres de los cuales no fueron entrenados en el lenguaje de señas, sino en otras formas de comunicación simbólica:

1.2. Sarah

La chimpancé Sarah tenía alrededor de cinco años cuando la pareja Premack empezó a enseñarle ‘leer’ y ‘escribir’ mensajes de símbolos colorados (las siguientes declaraciones se basan en Premack/Premack 1972). Todas las palabras eran representadas por unas fichas de plástico no icónicas. El entrenamiento se basaba en el método del condicionamiento: al principio se ponía un trozo de plátano entre Sarah y su tutor para que ella pudiera comérselo. Después de que esta conducta se había vuelto rutina, el tutor puso un cuadrado de plástico de color rosa (la seña para plátano) a su alcance y el trozo de plátano a salvo de ella. Para conseguir el trozo de plátano tenía que poner el símbolo adecuado en una pizarra. Dominando ese procedimiento, se introducían con el tiempo a la misma manera más símbolos (para otras frutas y diferentes verbos). Así tenía que combinar los verbos con las frutas, p.e. ‘dar manzana’. Además tenía que aprender nombres, donador y recibidor, de manera que tenía que producir secuencias de señas mas largas. A través de intensificadores (consistiendo en comidas preferidas, p.e. chocolate) Sarah aprendía mas símbolos, p.e. para ‘mismo’, ‘distinto’, ‘ if-then’, ‘nombre de’ y un partículo interrogativo. Según los Premack, Sarah era capaz de entender mensajes bastante complejos (p.e. “Red is on green if-then Sarah take apple”; Premack/Premack 1972: 24). A los Premack les parecía de gran importancia que la chimpancé era capaz de referirse a objetos fuera de su vista. La prueba para ese potencial mental la vieron en el hecho de que Sarah no sólo pudiera asignar las respectivas características a una manzana real, sino también a la ficha de plástico en la ausencia de una manzana. Para relativizar los rendimientos de Sarah, hay que añadir ya en este lugar que normalmente no tenía todas las fichas a su disposición, sino solamente una cantidad limitada. Seis años después del comienzo de su entrenamiento Sarah era capaz de producir alrededor de 130 señas, y las utilizaba correctamente con una fiabilidad de un 75 a 80 por ciento.

1.3. Lana

Después de una fase de entrenamiento alrededor de nueve meses, durante la cual la chimpancé Lana aprendió la comunicación con lexigramas, conmutadores y pulsadores, empezó su verdadero programa de lenguaje, cuando tenía dos años y cuarto (Rumbaugh 1977: xxi). Parecido al experimento con Sarah, los investigadores del proyecto de Lana (entre otros Rumbaugh) eligieron un “lenguaje”[3] de símbolos visuales, pero en este caso no se encontraron en fichas de plástico, sino en un teclado electrónico. De esta manera querían garantizar una documentación óptima del experimento, ya que todas las expresiones de Lana – tanto como las de sus tutores – fueron guardadas electrónicamente. Para que se pudiera actuar también independientemente de la observación del teclado, cada pulso de tecla activaba proyectores que hacían visible el respectivo símbolo en la pared[4]. Paso a paso los tutores de Lana la familiarizaban con el teclado y su uso. Primero tuvo que aprender a activar el sistema y pulsar una tecla para pedir comestibles. En un segundo paso tuvo que anteponer a cada demanda el símbolo para ‘por favor’ y posponerla un punto. Cuando la mona era capaz de esto, le exigieron que produjera frases completas. Al principio los símbolos para esas frases ya eran ordenados correctamente, mientras que luego Lana tenía que pulsar los símbolos uno por uno. Durante las primeras dos semanas de su entrenamiento, la mona dominó las primeras dos frases estándares, a través de las cuales podía conseguir comida y bebida: “Please machine give + nombre del ítem, p.e. juice” y “Please machine give piece of + nombre del ítem, p.e. banana”. Poco más tarde aprendió la frase estándar que causó que la máquina hizo música o mostró diapositivas o películas: “Please machine make + nombre del medio, p.e. movie)” (Rumbaugh, 1977: 165). Después de seis meses la chimpancé ya fue capaz de producir nueve frases de ese tipo y reconocer y completarlas cuando le presentaron sólo pocas señas de la frase a ella (Rumbaugh 1977: 167f.). Pero las actividades lingüísticas de Lana no se ascendían meramente a la reproducción de frases estándares. Según de sus tutores, la chimpancé incluso mostró signos de creatividad en su utilización de símbolos: En un diálogo, Lana p.e. preguntó por la seña para un objeto, de lo cual le faltaba el símbolo: “? Tim give Lana name-of this.”, aunque nunca le habían enseñado directamente una pregunta así:

“Although we had asked her hundreds of times to name things she already knew, we had not taught her to ask us for the names of things. She had apparently abstracted from the former experience the fact that she might ask us for names of things if need be.”

(Rumbaugh, 1977: 177)

[...]


[1] El tracto vocal de los monos ni siquiera se halla lejanamente capacitado para tal uso. Solo el hombre tiene un sistema vocal que le permite la producción de sonidos consonantes. Estas diferencias entre nuestro sistema vocal y el de los monos, aunque relativamente menores, son significativas y pueden estar vinculadas a la postura bípeda y la necesidad asociada de llevar la cabeza en una postura equilibrada, erguida sobre el centro de la espina dorsal. Además, la movilidad de la lengua permite la modulación de la cavidad orofaringeal de una manera que no es posible en el mono, cuya lengua reside totalmente en la boca. De manera parecida la curva pronunciada en el conducto supralaringeal significa que la distancia entre el paladar blando y la parte posterior de la garganta es muy corta. Elevando el paladar blando podemos bloquear los conductos nasales, lo que nos permite formar la turbulencia necesaria para crear consonantes.

[2] Niños con la capacidad de audición poseen sus primeras diez palabras a la edad de 13-19 meses, sus primeras 50 palabras a la edad de 14-24 meses; niños sordos ya producen sus primeras señas teniendo entre cinco y seis meses (Gardner/Gardner 1980: 302f.).

[3] Para el proyecto se inventaron un lenguaje artificial , ‘Yerkish’ (llamado así haciendo honor al fundador del centro de investigación, Robert M. Yerkes).

[4] En los primeros seis meses los investigadores frecuentemente ordenaban de nuevo las señas del teclado, para que Lana aprendiera los símbolos y no sólo las posiciones en el teclado.

Detalles

Páginas
31
Año
2005
ISBN (Ebook)
9783638627818
ISBN (Libro)
9783640319503
Tamaño de fichero
625 KB
Idioma
Español
No. de catálogo
v70356
Instituto / Universidad
Free University of Berlin – Facultad de Filología Románica
Calificación
1,3
Etiqueta
Potencial Lingüístico Primates Subhumanos Introducción Biolingüística Hispanistas

Autor

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Título: El Potencial Lingüístico de Primates Subhumanos