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Parricidio y psicosis

de Blanca Pérez Molina (Autor) Carmen Caballero Peláez (Autor) Fernando García Sánchez (Autor)

Tesis de Máster 2017 53 Páginas

Psicología - Otras

Extracto

ÍNDICE

1. Introducción

2. Metodología

3. Resultados

4. Discusión

5. Conclusiones

6. Referencias bibliográficas

Resumen:

El parricidio se define como el acto de asesinar al padre, a la madre, o a ambos; aunque afortunadamente constituye un evento raro y poco frecuente (no superior al 2-3% del total de homicidios), es percibido por la sociedad como un acto cruel y atroz, y de difícil comprensión. Aunque constituye un fenómeno conocido desde la antigüedad, especialmente descrito en la mitología griega, la información existente (más allá de los artículos sensacionalistas publicados en la prensa), es escasa, y generalmente limitada a tamaños muestrales pequeños. Desde un punto de vista psiquiátrico, el porqué un hijo podría asesinar a una figura tan relevante e influyente en nuestras vidas, como son los padres, ha sido explicado por la presencia de un trastorno psicótico, es decir, como un acto de locura. El trabajo que aquí se presenta, tiene como objetivo realizar una revisión sistemática y exhaustiva de los estudios publicados en los últimos diez años, con el fin de ahondar en la complejidad del fenómeno, puesto que no todos los parricidas son sujetos enfermos mentales, y viceversa; por lo que la psicosis “per sé”, no parece ser el único factor relacionado, y por tanto, no es suficiente para ofrecer una explicación global. Por tanto, se trata de poner en evidencia la existencia de otras variables implicadas, que quizá deban ser objeto de mayor investigación en el futuro, como son los conflictos intrafamiliares y el vínculo materno-filial; así como ofrecer un perfil del psicótico parricida, cuyos resultados advierten del peligro del abandono de la medicación, y de los antecedentes violentos previos.

Palabras clave

Parricidio, matricidio, esquizofrenia, psicosis, enfermedad mental.

Introducción

Mientras que los conflictos familiares son habituales, y las desavenencias entre padres e hijos, constituyen un fenómeno altamente frecuente, socialmente tolerado, e incluso signo de “salud psíquica” en etapas cruciales del desarrollo vital, puesto que son indicativos del proceso de individuación y autonomía del sujeto (ambos necesarios para la adquisición de madurez e identidad propia); la violencia intrafamiliar (en todas sus manifestaciones: física, psicológica y/o sexual) genera rechazo y repulsa por parte de la inmensa mayoría de la sociedad, lo que ha provocado que la legislación vigente en países desarrollados, comiencen a incluir estos delitos, como formas especialmente agravadas, dado el grado de parentesco. Si bien, en el caso del maltrato de padres a hijos y en el de un cónyuge hacia otro, existen programas de atención a las víctimas (y a los agresores), así como campañas divulgativas destinadas a promover la concienciación social, en el caso de la violencia que ejercen los hijos hacia los padres, nos encontramos frente a un fenómeno menos “reivindicado”, que suele permanecer oculto en el interior de los hogares, y que sólo en los casos más graves, acaban siendo conocidos por la opinión pública.

El grado más extremo de dicha violencia, que implica el asesinato de la madre y/o el padre supone, para la mayoría de los seres humanos, un acto de violencia impensable, incomprensible y atroz; especialmente si los autores son menores de edad, y por tanto, parece que no puede ser entendido por la sociedad sino como fruto de un estado de absoluta “locura” o irracionalidad; pero ¿es realmente así?, ¿es el parricidio el fatal desenlace de una patología psiquiátrica grave y no bien controlada?, ¿o un acto cruel llevado a cabo por seres amorales, sin sentido del bien y el mal?.

El amor filial constituye la forma de apego más universal, que incluye desde antes del nacimiento hasta la relación de amor mutuo que se establece con los progenitores, y su transgresión ha fascinado a escritores ya desde la antigüedad. Así el más famoso parricidio se describe en la mitología griega, e involucra a divinidades como Cronos (Dios del tiempo, e hijo de Urano y Gea; y que mató a su padre para apropiarse del cielo) y Zeus (hijo de Cronos, al que expulsó del cielo para poder erigirse en monarca del Olimpo), Orestes y Electra (hermanos e hijos de Agamenón y de Clitemnestra; juntos urdieron un plan para matar a su madre y a su amante, y sí vengar el asesinato del padre), pasando por Edipo, que cometió el acto sin saber que asesinaba a su padre, pero en cumplimiento de una profecía de la que no pudo escapar.

La literatura clásica también ha explotado ampliamente el tema del parricidio, por ejemplo, la trama de los hermanos Karamazov, de Dostoyevsky, gira alrededor del odio de los hermanos hacia su padre y los sentimientos de culpa, después de que uno de ellos asesine al padre. Además, desde un punto de vista histórico, el parricidio ha sido una manera de poder alcanzar el trono y también de eliminar a adversarios políticos (sirvan como ejemplo el de Nerón y su madre Agripina, que tras ser advertida por los astrólogos, de que moriría a manos de su hijo, respondió: “que me mate con tal de que reine”).

Finalmente, desde un ámbito más científico, conviene resaltar a Freud (neurólogo austríaco, cuya fama le viene dada por ser considerado el padre y creador de la escuela psicoanalítica), que ya en 1928, describió el matricidio como un crimen “tanto de la sociedad como del individuo”, y también consideró que la existencia de los impulsos matricidas, constituían la principal fuente de culpa del ser humano.

A pesar de ello, y del interés suscitado durante cientos de años, este fenómeno ha sido largamente ignorado por la comunidad científica (Ewing, 1997), y las revisiones sistemáticas que se han realizado a lo largo del tiempo, han sido muy limitadas; lo que ha favorecido que el conocimiento por parte del público general, haya sido vehiculizado, fundamentalmente, a través de los medios de comunicación (prensa, televisión, internet, etc), que a la hora de informar de sucesos como el que nos ocupa, tienden a alejarse del rigor y por el contrario, a adoptar un “tono” sensacionalista, focalizando su atención en los casos especialmente crueles o extraños; pero, ¿es realmente fiable la información que trasmiten?, o más importante todavía, ¿existe concordancia entre el perfil aportado y lo que la literatura especializada ha podido constatar?.

Al hilo de lo anterior, es innegable la influencia que tienen dichos medios para generar opinión, y por tanto, ejercen un enorme poder para crear opinión, o modificar creencias, en torno a aspectos tales como la delincuencia, o la enfermedad mental, y ésta a su vez puede afectar a la práctica judicial, e incluso a la adopción de determinadas políticas penitenciarias. Parece clara, por tanto, la necesidad de hacer llegar a la población información verídica, que contribuya a la erradicación de creencias falsas pero muy arraigadas, tales como que los enfermos mentales son sujetos especialmente violentos y peligrosos, o que aquellos delitos cuya motivación escapa a la racionalidad, necesariamente han debido de ser cometidos por ellos.

Pero, ¿de qué estamos hablando cuando aludimos al concepto de parricidio? Pues bien, desde un punto de vista etimológico, el término parricidio deriva del latín; de parus “pariente” y cide “asesino”; es decir, que atendiendo a su origen, y añadiendo la legislación vigente en la actualidad en muchos países, será considerado parricida aquel individuo que mate a una persona con quien tiene un “determinado vínculo de parentesco, matrimonio o convivencia”. Por tanto, como primer aspecto a tener en cuenta, es fácil advertir como dentro del constructo parricidio, se incluyen fenómenos totalmente diferentes, tales como el de la violencia doméstica (tristemente, de rabiosa actualidad y de importante presencia en los medios de comunicación); el asesinato de hijos a manos de sus padres o madres, y finalmente, el caso contrario: aquellos progenitores que encuentran la muerte a mano de sus hijos. Esta última acepción, es la más comúnmente empleada en Europa y Estados Unidos, y por tanto, a la que se hará referencia a partir de ahora; considerando el parricidio como el asesinato de los propios padres (ya sean éstos biológicos o no). Dentro de esta categoría, se incluye el patricidio (cuando la víctima es el padre), el matricidio (en este caso, la asesinada es la madre), y el doble parricidio (ambos progenitores son los fallecidos).

El parricidio, en su conjunto, es un delito raro y afortunadamente poco frecuente; de hecho, constituye la categoría más baja de todos los tipos de homicidios voluntarios, y en cuanto a su distribución geográfica, parece ser un fenómeno universal. En un ámbito más cercano, dentro de Europa, los parricidios son más numerosos en la zona oriental, situándose a la cabeza del ranking Rusia.

El artículo más reciente revisado (Lee SY, 2017), estima que en Europa y Norte América los parricidios suponen entre el 2 y el 4% de todos los homicidios (superando en número los patricidios a los matricidios), con una incidencia que parece mantenerse relativamente estable a lo largo del tiempo; lo que ha propiciado, que la literatura internacional especializada, centrada en este campo de interés, sea escasa, y que consista fundamentalmente en descripción de casos, con muestras pequeñas y casos recogidos por su excentricidad o la alarma social suscitada. Además, el perfil del ofensor parricida obtenido es muy variable, y parece depender mucho del lugar de obtención de la muestra, generalmente pacientes hospitalizados en instituciones de salud mental, o bien, sujetos remitidos para valoración psiquiátrica forense (con el fin de determinar el grado de responsabilidad penal); en el primer caso, la tasa de psicosis encontrada es muy alta, mientras que las evaluaciones psiquiátricas realizadas a acusados, encuentra un porcentaje menor de psicosis o trastorno mental grave, y determina en muchos casos la existencia de un trastorno de personalidad, o de una psicopatía.

A modo de ejemplo, sirva citar algunos de los estudios más amplios publicados hasta la fecha; como el de Bourget et al, que recogen 64 casos de patricidios ocurridos entre 1990 y 2005, el de Devaux et al, que incluye 61 casos comprendidos entre los años 1958 y 1967; seguidos por el publicado por Green, que recoge 58 casos, o el de Clark que incluye 26 parricidios (Menezes, 2010).

El estudio realizado por Bourget, además de ser uno de los más amplios, en cuanto al tamaño muestral incluido, es importante porque enfatiza especialmente el papel que juega la psicosis en la comisión del delito, destacando como factores especialmente relevantes, la falta de adherencia al tratamiento, y la escasez de signos prodrómicos de alarma.

El marco teórico del que se parte para la elaboración de este trabajo, es la literatura especializada publicada antes del año 2017; y especialmente, son de remarcar las importantes aportaciones realizadas por Kathleen Heide; profesora del departamento de criminología de la Universidad de Florida, además de psicoterapeuta del Centro de Educación para la Salud Mental, Evaluación y Terapia, de Tampa (Florida), que está especializado en el tratamiento de supervivientes de trauma (entre los que se incluyen policías, militares, adolescentes y adultos sobrevivientes de maltrato infantil, abuso sexual y/o agresión sexual) . Heide ha desarrollado, paralelamente, una prolífica actividad investigadora, con multitud de publicaciones (libros, capítulos de libros, artículos, revisiones y editoriales) centrada en ofensores y víctimas de homicidios, fundamentalmente.

Esta experta, ya en el año 1992, estableció una tipología basada en la motivación criminal de los individuos que cometían asesinato hacia sus padres; así la autora deja claro, en primer lugar, que se trata de un grupo heterogéneo y que por tanto, el fenómeno es complejo y no puede ser analizado desde una perspectiva unicausal. Heide incluye en su clasificación, dos grupos de edad, y a su vez, tres precipitantes o motivadores distintos; puesto que considera que los parricidas, no solamente difieren en la edad a la que cometen el delito, sino que también parecen diferenciarse radicalmente en otros aspectos de tipo psicopatológicos, y por tanto, en sus características clínicas.

Teniendo en cuenta estos criterios de clasificación, es posible distinguir los siguientes grupos: A) el grupo de parricidas que han sido víctimas de abuso y maltrato severo; B) el formado por individuos peligrosos, antisociales y crueles, que no han interiorizado normas sociales y morales, y por último, C) el constituido por enfermos mentales graves.

En el caso de los adolescentes, los agresores no suelen ser psicóticos, y la motivación principal que les lleva a cometer el acto violento, parece ser el de escapar de la violencia física o sexual infringida por uno o ambos progenitores (contra ellos o contra otros familiares); así la víctima del parricidio, es descrita como tirana y abusadora, y su asesinato como un acto de desesperación, y la única manera de la que parece disponer el joven, para escapar de una situación que le resulta inaguantable. Existe un segundo grupo de jóvenes, formado por sujetos peligrosamente antisociales, cuyo comportamiento se caracteriza por la transgresión de la norma, la incapacidad de aprender de la experiencia y experimentar sentimientos de culpa, en los que el asesinato tiene razones instrumentales, es decir, el otro es visto como un obstáculo para conseguir algo, y por tanto, la motivación subyacente tiene más que ver con la obtención de algún beneficio (ya sea económico, o de otro tipo), o bien, con la manera de conseguir más libertad e independencia.

Por el último, los adultos suelen ser enfermos con patología mental presente en el 60-90% de los casos, y dentro de las distintas entidades descritas, son los trastornos psicóticos los más predominantes (constituyen entre el 58-100% de las patologías encontradas, dependiendo de la muestra), especialmente la esquizofrenia paranoide, que representa más del 50% de los diagnósticos psiquiátricos (Baxter et al., 2001 ); y según determinó Marleau (2003), el parricidio supone el 20-30% del total de homicidios cometidos por sujetos psicóticos.

Partiendo de esta clasificación inicial, estos tres grandes grupos, han sido posteriormente desmenuzados, y minuciosamente analizados, lo que ha permitido profundizar más en el factor motivacional, y establecer subgrupos; así Heide (2007), habla ya de cuatro elementos diferenciadores dentro de la categoría A (niños severamente abusados o maltratados), que son: asesinato motivado por el miedo y la desesperación; acción de defensa propia, o hacia otros familiares; historia de abusos mantenida y prolongada; y por último, asesinato de los progenitores con problemas de alcoholismo o drogodependencias graves.

De la misma forma, dentro del grupo B (sujetos antisociales), se establecen cuatro subcategorías: aquellos realizados con un fin egoísta, o instrumental; individuos con larga carrera de actos delictivos y comportamientos violentos; sujetos que llevan a cabo el asesinato como forma de evitar la detección por parte de las autoridades; y finalmente, aquellos que tras la matanza, se van a celebrarlo.

En cuanto a la categoría que centra, principalmente este trabajo, la constituida por enfermos mentales (C), tres son los elementos diferenciadores que han podido describirse; y que responden a: diagnóstico de enfermedad mental grave; la presencia de delirios, alucinaciones, y/o comportamientos bizarros; y finalmente, el asesinato como consecuencia de la propia enfermedad (es decir, aquellos casos en los que los sujetos han sido conducidos hacia el parricidio, en gran medida, por la propia enfermedad).

A modo de aclaración de conceptos, conviene recordar aquí lo que por psicosis se entiende, pues bien, la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas Relacionados con la Salud (más coloquialmente conocida como CIE), define, en su actual y décima edición, la psicosis como “el conjunto de trastornos caracterizados por la presencia de distorsiones en la percepción (alucinaciones), en el pensamiento (delirios), y/o en las emociones, así como una serie de alteraciones severas en el comportamiento, en forma de hiperactividad, agitación o por el contrario retraso psicomotor y catatonía”. En las formas crónicas, como la esquizofrenia, a la larga aparecen alteraciones cognoscitivas (es decir, en funciones como la memoria, la atención, la orientación, etc) que generan una incapacidad para gobernarse y regir la vida de forma socialmente aceptada y autónomo, llegando a perder el dominio de sí mismo; en términos coloquiales, es la correspondencia a la “locura”.

El estudio de las enfermedades mentales es una disciplina relativamente reciente, y por tanto, han sido muchas las “explicaciones” de tipo mágico, religioso o sobrenatural, que la humanidad ha otorgado a estos trastornos, considerando a los individuos que las padecen como “embrujados”, o “poseídos”, amén de sujetos peligrosos de los que la sociedad debía intentar protegerse. Al hilo de estas falsas creencias, conviene subrayar aquí que los estudios rigurosos realizados al respecto, señalan que la mayor parte de delitos violentos son cometidos por personas que no sufren de una enfermedad mental, y que en el caso de los actos agresivos realizados por psicóticos, suelen ser agresiones menores, y frecuentemente, autoinflingidas.

A modo de introducción del tema que nos ocupa, las principales revisiones realizadas hasta ahora (Clark, 1993; Ghajati et al., 2016; Ogunwale & Abayomi, 2012; Schug, 2011; West & Feldsher, 2010) han señalado que el trastorno mental es uno de los principales factores de riesgo para la comisión de parricidio, especialmente en el caso de la esquizofrenia. Ya desde muy antiguo, el matricidio, especialmente, ha sido considerado un crimen “esquizofrénico”; de hecho, Bluglass, en un artículo publicado en 1979, afirmaba taxativamente, que las hijas que cometen matricidio, invariablemente padecen esquizofrenia. En la misma línea, Singhal y Dutta en 1992, estudiaron 16 matricidios ocurridos en Inglaterra, y encontraron que entre los ofensores, 15 tenían diagnóstico de esquizofrenia; lo que les llevó a afirmar: “el matricidio es un acto psicótico, principalmente realizado en el contexto de un trastorno esquizofrénico”.

Pero, ¿es esta la clave de estos asesinatos?, ¿es la enfermedad mental, y sus manifestaciones, la única variable implicada?, ¿padecen todos los sujetos síntomas psicóticos en el momento del crimen? Parece pues necesario, ahondar en el estudio de este fenómeno, y para ello, es importante revisar lo que la literatura “seria” ha aportado en los últimos años a estas cuestiones.

El intento de dar respuesta a estas preguntas, constituye el punto de partida de este trabajo, cuya pretensión es aportar conocimiento sobre un fenómeno poco estudiado, con el fin de poder comprender mejor los motivos y precipitantes que llevan a un psicótico a atentar contra sus progenitores; pero huyendo de argumentos moralistas y sensacionalistas, y abogando, por el contrario, por consultar lo que las fuentes especializadas y científicas han publicado en los últimos años.

Metodología

El objetivo principal de este trabajo es realizar una revisión sistemática, objetiva y exhaustiva, de los artículos publicados en los últimos años en la literatura especializada, acerca de los parricidios cometidos por pacientes psicóticos, para verificar (o no) la hipótesis de partida: “la comisión de patricidio/matricidio va asociada, en la mayor parte de los casos, a la presencia de un trastorno psicótico”. Además se plantean como objetivos secundarios, por una parte describir los aspectos psicopatológicos más relevantes estudiados; es decir, cuales son los tipos de psicosis más prevalentes, la sintomatología más frecuentemente asociada a la comisión de estos actos violentos, etc; y por otra, encontrar nexos comunes en la dinámica criminal, que permitan obtener una especie de perfil criminológico del fenómeno. Y todo ello, con el fin de intentar establecer los principales factores de riesgo y precipitantes implicados en la comisión de este tipo de delito, con vistas a mejorar la implementación de futuras medidas preventivas y/o terapéuticas; puesto que solamente conociendo las motivaciones y desencadenantes que llevan a un individuo a acabar con la vida de sus padres, será posible protocolizar programas que intenten cubrir estos aspectos, y por tanto, prevenir (o al menos reducir) el número de casos.

Para alcanzar el objetivo planteado, la metodología utilizada ha sido la revisión de los artículos científicos que están disponibles en las bases de datos de Medline y PsycInfo; el motivo de la elección es que, en relación a la primera, constituye posiblemente la base de datos de bibliografía médica más amplia que existe, puesto que incluye artículos publicados en más de 5500 revistas médicas, desde el año 1996, reuniendo actualmente, más de 24 millones de citas; además de la fácil accesibilidad (puesto que desde el portal de Murcia Salud, el acceso es libre y gratuito a dicha fuente bibliográfica, para todos los empleados). Por su parte, Psycinfo es una base de datos de la Asociación Americana de Psicología, que contiene citas y resúmenes de artículos provenientes de unas 2524 revistas, aproximadamente (accesible a todos los alumnos de la Universidad Miguel Hernández, a través de la biblioteca virtual).

En cuanto al periodo revisado, ha sido establecido un margen arbitrario de 10 años, dado que la intención del trabajo es realizar una actualización y puesta al día del fenómeno a estudio; y por tanto, se ha considerado oportuno rechazar artículos cuya antigüedad supere este límite, por lo que el tiempo de la búsqueda, abarca los artículos publicados entre los años 2007 al 2017, ambos incluidos.

Las palabras claves utilizadas para la obtención de los recursos bibliográficos han sido “parricide”, “psychosis”, “schizoprhenia”, y “mental disorder”, al suponer que serían los términos que podrían establecer con mayor precisión, la obtención de los artículos que incluyeran la información más relevante y útil para el estudio.

Además, de cada uno de los resultados obtenidos, se han valorado secundariamente otros aspectos, como el objetivo planteado por el/los autores del estudio, las características de la muestra utilizada (tamaño, número de hombres y mujeres), los instrumentos de evaluación, y finalmente, los principales resultados.

Por tanto, una vez realizada esta búsqueda, la selección final de los estudios incluidos en el trabajo de revisión, se ha basado en la relevancia de los mismos. Además se han descartado aquellos que no estuvieran publicados en español o en inglés; y también se ha decidido desechar aquellos con un interés meramente centrado en el análisis del fenómeno desde una perspectiva psicoanalítica, por entender que no aportan datos concretos ni útiles para el objetivo propuesto en este trabajo.

Resultados

Al realizar la búsqueda de artículos en Medline, según los términos establecidos previamente, encontramos un dato ya de por sí interesante y relevante; puesto que apoya la premisa inicial de que el parricidio ha sido un fenómeno poco estudiado hasta el momento; y es que cuando se introducen las palabras “parricide” and “psychosis”, se obtienen solamente doce resultados; que además quedan reducidos a apenas cuatro, cuando se aplican los límites de los años de publicación, y el idioma del mismo.

Algo similar sucede cuando los términos empleados son “parricide” and “schizophrenia”, cuya búsqueda produce un resultado de trece elementos, que se restringen a cuatro, al establecer los filtros de búsqueda; y finalmente cuando se usan los conceptos “parricide” and “mental disorder”, se obtienen como respuesta, treinta y tres elementos, que tras establecer los límites acordados (por año de publicación e idioma), se reducen a un total de once.

Cuando repetimos el proceso utilizando la otra base de datos elegida, esto es PsycInfo, la búsqueda de los términos “parricide” and “psychosis”, aporta ocho respuestas; y con las limitaciones impuestas, sólo quedan dos. Si los conceptos usados son “parricide and schizophrenia”, no se corrre mucha mejor suerte, puesto que los hallazgos se limitan a dos; y finalmente, cuando se prueba en la búsqueda con las palabras clave “parricide” and “mental disorder”, son ocho los estudios que se consiguen.

De todos los artículos revisados se han seleccionado 23 estudios por su relevancia en el análisis de la relación entre parricidio y psicosis, hipótesis central (y objetivo principal de estudio) de este trabajo.

Un primer análisis de los datos, de una forma grosera y preliminar, permite obtener ya información útil para reflexionar sobre el estado actual de la cuestión planteada; si se “desmenuzan” cada uno de los artículos en función del año y la publicación del artículo, el tipo de estudio, el país en el que se ha realizado, las características y el tamaño muestral; el resultado que arroja dicho análisis es el siguiente:

- El año más prolijo en la publicación de los artículos seleccionados, ha sido el 2017 (máxime si se tiene en cuenta que no se ha podido incluir el año en su totalidad); del que proceden el 22.7% de los estudios incluidos (cinco artículos), seguido por el año 2010, con un 18% (cuatro de los 23 seleccionados); tres de los artículos fueron publicados en el 2007, 2013, y también en el 2014 (es decir, un 13.6% respectivamente); dos, son los incluidos que fueron publicados en el 2015. Finalmente, los años 2011, 2012 y 2016, han aportado un artículo cada uno (4.5%), y no se han rescatado estudios en las bases de datos seleccionadas, cuya publicación correspondiera a los años 2008 y 2009.
- La mayoría de los artículos recogen las conclusiones de estudios retrospectivos (16/23), siendo el período de estudio más prolongado el llevado a cabo en Canadá, y que abarca desde 1900 hasta el año 2005; es decir ciento cinco años de revisión.
- Tres de ellos son artículos de revisión, donde los autores describen lo publicado en la literatura previa en torno a aspectos tales como la distribución del fenómeno en un país concreto (Chile), o algunos subtipos especiales dentro del constructo general (por ejemplo, los matricidios, o los dobles parricidios).
- Un 18% corresponden a descripciones de casos únicos, así seleccionados por su inusual método para la comisión del asesinato, o por otras características psicopatológicas.
- Una cuarta parte de ellos se han realizado en Estados Unidos, siendo el resto aportaciones procedentes de países tanto europeos (Francia, Italia, Portugal o Turquía), y algunos estudios procedentes de países asiáticos (Corea) o africanos (Ghana). Ninguno de ellos se ha realizado usando como muestra, población española; y sólo dos son los artículos publicados en lengua castellana (procedentes de Colombia y Chile).
- En lo que respecta al tamaño y al lugar de obtención de la muestra, el mayor tamaño muestral corresponde al estudio publicado por Heide en el año 2014; donde se incluyen un total de 5932 patricidas, obtenidos a partir de la base de datos de homicidios con la que cuenta Estados Unidos. En cuando a la segunda cuestión, tres son fundamentalmente las fuentes para la obtención de casos: muestras forenses (individuos que cometen asesinato y son remitidos por el juez para valoración psiquiátrica) con el fin de determinar el grado de responsabilidad penal, y la posible existencia de patología mental que pueda implicar anulación del juicio de realidad, ya sea a través de informes periciales o de autopsia; muestras clínicas (en este caso, los parricidas son enfermos mentales que se encuentran ingresados en unidades psiquiátricas, generalmente penitenciarias); y finalmente, casos encontrados tras la revisión de artículos publicados en prensa, páginas web u otros recursos informativos.

A la primera categoría (muestras forenses), corresponden 9 de los 23 (es decir, más del 40%); mientras que son claramente inferiores los que basan sus hallazgos en el estudio de muestras clínicas (apenas el 18%).

- Finalmente, cabe destacar la publicación “International Journal of Offender and Comparative Criminology”, como una importante fuente bibliográfica a consultar, puesto que de ella proceden un 22% de los artículos. Se trata de una revista, que es revisada y publicada mensualmente, de más de cincuenta años de antigüedad; y dirigida a terapeutas, asesores, investigadores, psicólogos forenses y psiquiatras, criminólogos y legisladores, y que centra su interés en el crimen violento, los delitos sexuales, la violencia doméstica, la delincuencia juvenil, así como la perfilación criminal y la evaluación del riesgo delictivo

A continuación, se resumen y describen brevemente las aportaciones más interesantes, de cada uno de estas publicaciones; ordenadas en función del año de su publicación, para posteriormente, en el apartado de discusión y conclusiones, intentar unificar los conocimientos, y crear una especie de “cuerpo” único de actualización.

El artículo más antiguo recogido en la búsqueda, corresponde al escrito por Bourget D, Gangé G, Labelle ME. (2007); en él, los autores recogen los hallazgos obtenidos en un estudio con interés descriptivo, y realizado de forma retrospectiva, en el que el objetivo central del artículo, es comparar las características de patricidas frente a matricidas. Para ello, los autores parten de una muestra formada por 64 víctimas de parricidio, cometidos en la provincia de Quebec (Canadá), entre los años 1900 a 2005.

En cuanto a resultados obtenidos, que resultan relevantes; en primer lugar citar que, en cuanto al parentesco, el estudio encuentra 37 padres y 27 madres entre las víctimas (es decir, un 57.8% de patricidios frente a 42.2% de matricidios); lo que resulta congruente con lo formulado por la literatura, y es que los patricidios son más el subtipo más frecuente de los parricidios. Además, en cuanto a los agresores, se hallan 52 hijos frente a solamente 4 hijas (lo que sustenta la predominancia del varón en la comisión de estos delitos). Al margen de los datos demográficos, desde un punto de análisis más psicopatológico, el estudio recoge que un 15% de los agresores, cometieron el suicidio tras el homicidio, y que la esquizofrenia representaba el diagnóstico psicopatológico más frecuente (un 65.5%); siendo estos casos, crímenes realizados con especial brutalidad criminal, describiéndose la decapitación o la mutilación genital como hallazgos postmortem. Muy interesante, es la aportación realizada en cuanto a la motivación matricida, para la que los autores establecen cuatro: la enfermedad mental, el abuso materno, la compasión por la víctima (o motivos altruistas, basados en la idea de que el ofensor está muriendo y no soporta la idea de abandonar a la madre sola, sin nadie que se encargue de su cuidado; o bien, en la idea de liberar a la madre de un sufrimiento insoportable), y los estados de intoxicación.

De ese mismo año, son otros dos de los artículos seleccionados en esta revisión; uno es el publicado por Hillbrand M y Cipriano T, en la Revista de la Academia Americana de Psiquiatría Legal, y donde los autores realizan una descripción acerca de las principales dificultades detectadas en la literatura a la hora de abarcar el fenómeno del parricidio. De manera que aunque no realizan aportaciones novedosas en cuanto a hallazgos clínicos, sí propone algunas estrategias para conseguir estudios estadísticamente significativos; y también ponen sobre la mesa algunas de las principales líneas de investigación, al señalar los aspectos que, a juicio de los autores, permanecen todavía poco claros.

El último artículo datado en el año 2007, corresponde a una extensa publicación (puesto que comprende casi treinta páginas), en la que Heide realiza una exhaustiva revisión de ciento cincuenta casos de parricidio, que habían publicados en medios de comunicación electrónicos de Estados Unidos; y después, los compara con los datos oficiales registrados en la base de datos de homicidios del FBI (el 96% de ellos se produjeron en el espacio de tiempo que abarca desde 1980 al 2003). Este original enfoque, tiene como objetivo alertar sobre la gran influencia que ejercen los medios de comunicación sobre la opinión pública, a la hora de generar conocimiento, especialmente en temas como la percepción de seguridad, vulnerabilidad a ser víctima de un delito, etc. y por tanto, la tremenda responsabilidad de los mismos en cuanto a la difusión de información magnificada, incompleta, o directamente falsa. Además debe tenerse en cuenta, que las nuevas tecnologías han favorecido la difusión de información a través de todo el planeta, de manera que suceso ocurridos a miles de kilómetros, pueden ser conocidos por los internautas de manera inmediata. En este sentido, la autora concluye que la prensa centra su atención preferentemente en los casos más inusuales y sensacionalistas, por ejemplo, casos en los que hay involucrados más de un agresor, o aquellos en los que son más de una las víctimas provocadas, o que incluyen homicidas menores de edad, y que por tanto, no reflejan la realidad global del fenómeno. Por ejemplo, encuentra que en el 41% de los sucesos publicados en prensa hay más de una víctima, frente al 14% registrado en la base de datos oficial; o que en el 21% de los casos los ofensores eran dos, frente al 8% “real”. Finalmente, sólo el 22% de los arrestados son menores de 18 años (cifra alejada del 56% detectada en los medios “oficiosos”).

Heide en este ambicioso estudioso, no solamente se limita a evaluar la exactitud de los medios informativos a la hora de comunicar incidentes como el que se trata en estas páginas, y compararlos con fuentes oficiales, sino que también realiza una revisión de la literatura especializada, con el fin de determinar si los hallazgos son congruentes con el conocimiento actual. En este sentido, la autora concluye que un 70% de los casos podrían incluirse perfectamente en la tipología descrita por ella; y en las siguientes proporciones: un 29% corresponderían a sujetos antisociales, un 25% serían casos relacionados con abuso y maltrato grave, y finalmente, el 15% encajarían con sujetos psicóticos (en estos últimos, la mayoría son adultos). Dentro del grupo de enfermedad mental, un 17% de los casos parecen relacionarse con la severidad de la propia enfermedad, mientras que el 8% restante es atribuible a la presencia, en el momento de la comisión del delito, de delirios y/o alucinaciones. Estos hallazgos parecen confirmar lo que la literatura especializada ha establecido; es decir, que los jóvenes suelen estar motivados por la existencia de abusos y/o maltrato, mientras que los adultos cometen más frecuentemente el asesinato en el contexto de una enfermedad mental grave; siendo pocos los casos descritos en la literatura que correspondan a adolescentes diagnosticados de psicosis antes de la comisión del crimen.

La autora hace referencia, a lo largo del artículo, a un estudio suyo del año 2006, en el que junto a Boots , analizó las diferencias entre los parricidios llevados a cabo dentro y fuera de Estados Unidos; en este sentido, uno de los hallazgos, a priori, que más llama la atención es el hecho de que en Estados Unidos se hayan detectado más casos relacionados tanto con el abuso sexual como con la enfermedad mental, mientras que el perfil parricida no estadounidense, coincidía en mayor proporción con el perfil antisocial.

Y también hace mención a un estudio, al parecer no publicado, realizado en el año 1998 por Young, en el que se incluían 27 parricidas, y en el que se describen cuatro “escenarios” posibles: psicosis aguda (el 47%), acto impulsivo (un 28%), como forma de liberación o escape (el 15%), y el 24% restante, relacionado con el consumo de alcohol y/u otras drogas como el factor más determinante.

Siguiendo con esta autora, y manteniendo el orden cronológico establecido, destaca un artículo del año 2010, en el que Heide junto a Frei (también perteneciente al Departamento de Criminología de la Universidad de Florida), centran análisis exclusivamente en el fenómeno del matricidio, que como ya se ha reseñado con anterioridad, es menos frecuente que el patricidio en su conjunto, pero más relevante dentro del grupo de pacientes con enfermedad mental grave; y además, dirigen su atención especialmente en ofensoras mujeres, característica demográfica del delito particularmente rara, y por ende, poco estudiada. Así para dimensionar el fenómeno, el registro de homicidios de Estados Unidos, cifra que en el período comprendido entre 1976 y 1999 (es decir, veinticuatro años), sólo un 16% de los matricidios (y un 13% de los patricidios) fueron cometidos por hijas; con otra peculiaridad detectada en el registro, que es que tiende a mantenerse estable a lo largo de los años. O analizado de otro modo, frente a una media de 84 matricidios al año cometidos por adultos, se encuentran 13 llevados a cabo por mujeres (y considerando la edad, las chicas menores de 18 años, sólo representan menos de cuatro casos anuales).

Heide y Frei, realizan una revisión de la literatura previa, repasando de forma meticulosa los estudios previos que se han publicado; lo que les lleva a sugerir que la información aportada sobre el matricidio, es difícil de “descifrar”, puesto que suele estar incluida en estudios que abarcan el fenómeno del parricidio en su conjunto, lo que genera dificultades para establecer conclusiones concretas y específicas en relación a un tipo particular de agresor, por ejemplo, los delincuentes juveniles, las mujeres, etc; siendo especialmente escasos los dedicados al estudio de adolescentes matricidas, y máxime en el caso de las chicas (puesto que la mayoría de los hallazgos encontrados se basan en muestras masculinas). Además, critican el hecho de que en numerosos estudios se analicen conjuntamente los casos de patricidio y matricidio, puesto que la literatura especializada sugiere que la dinámica criminal (especialmente en el aspecto motivacional), difiere claramente, y por tanto, se corre el riesgo de eludir dichas diferencias cuando se mezclan ambos subtipos de parricidio. Igualmente, dudan de la inclusión de casos en los que ambos padres han resultado asesinados junto a casos donde sólo existe un progenitor, por considerar que la dinámica implicada también es distinta. También plantean cuestiones interesantes y poco resueltas, como por ejemplo, si los hallazgos obtenidos en muestras clínicas (que constituye un método habitual de selección muestral) son extrapolables, o no, a la población “general” de parricidas.

Dentro de los estudios resaltados y destacados a lo largo del artículo, conviene citar aquellos realizados sobre una muestra exclusivamente formada por matricidas; en este sentido, los autores se encuentran solamente con cinco en su revisión previa; cuatro, de los años 1963, 1981, 1983 y 1992, respectivamente, y con tamaños muestrales entre trece y cincuenta y ocho sujetos. En todos ellos, se encuentra que la esquizofrenia es el diagnóstico clínico más frecuente; así, prácticamente todos los sujetos incluidos eran varones adultos, y en muchos de los casos se registraban dificultades relacionales importantes, con predominio de la percepción de sentimientos de ambivalencia y/o dominio hacia ellos por parte de sus madres. Y un quinto, que incluye no sólo a población adulta, realizado por Mc Knight en el año 1966, en un contexto hospitalario psiquiátrico con una muestra de doce sujetos, en el que los hallazgos encontrados son similares: elevado diagnóstico de psicosis, y un alto nivel de violencia empleada.

Del año 1993, es el estudio realizado por Clark en Escocia, que sí incluye matricidios cometidos por mujeres (3/26) dentro del período analizado (1957-1987), pero en el que los resultados no fueron analizados por sexo. El autor remarcó que, si bien, la psicosis era un cuadro muy prevalente, no era el único trastorno psiquiátrico encontrado en la muestra; y es más, en siete de ellos, no se detectó patología mental alguna.

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Detalles

Páginas
53
Año
2017
ISBN (Ebook)
9783668657229
ISBN (Libro)
9783668657236
Tamaño de fichero
669 KB
Idioma
Español
No. de catálogo
v377610
Calificación
NINGUNA
Etiqueta
parricidio

Autores

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    Blanca Pérez Molina (Autor)

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    Carmen Caballero Peláez (Autor)

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    Fernando García Sánchez (Autor)

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Título: Parricidio y psicosis