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Insatisfacción corporal e ideas sobrevaloradas en danza

de Ana García Dantas (Autor) Carmen del Río Sánchez (Autor)

Tesis de Máster 2015 67 Páginas

Deporte - Medicina deportiva, terapia, prevención, nutrición

Extracto

Índice

1. Introducción
1.1 Trastornos de la conducta alimentaria e insatisfacción con la imagen corporal
1.2 Trastornos de la conducta alimentaria en danza
1.2.1 TCA en deportistas
1.2.2 tca en danza
1.2.3 Consecuencias e interferencias en el rendimiento
1.2.4 Investigaciones en estudiantes de danza de nuestro país
1. 3 Modelos explicativos en la satisfacción corporal y en TCA
1.4 Depresión, perfeccionismo, miedo escénico en danza
1.5 Estudio previo sobre los factores de riesgo y de protección en conservatorios de danza

2. Justificación del estudio

3. Objetivos e hipótesis

4. Metodología
4.1 Participantes
4.2 Instrumentos de evaluación
4.3 Procedimiento
4.3.1 Análisis de datos
4.3.2 Aspectos éticos

5. Resultados

6. Discusión

7. Conclusiones

8. Limitaciones

9. Referencias

10. Anexos

Resumen

La Ideas Sobrevaloradas acerca de la importancia de la delgadez predisponen la insatisfacción corporal y conductas alimentarias anómalas. Las personas que se dedican a la danza son muy vulnerables para desarrollar trastornos de la conducta alimentaria y parece que las ideas sobrevaloradas acerca del rendimiento y el peso juegan un papel importante en su origen. Los objetivos del presente estudio son a) analizar el número de personas con bajo IMC que piensan que si bajan de peso bailarían mejor y b) evaluar si la Insatisfacción Corporal está vinculada con el mantenimiento de dicha idea e influye en la sintomatología Depresiva, Miedo Escénico, Perfeccionismo y Conductas de Dieta. Participaron 369 bailarines (44 chicos y 325 chicas) de dos Conservatorios Profesionales de Danza de Andalucía con una edad media de 16.11 (3.51) años. Los resultados han mostrado por un lado que un 15% y un 26.3% de personas con un IMC inferior a 20 piensan que si redujeran su peso bailarían o tal vez bailarían mejor, respectivamente. Por otro lado, los datos señalan que las personas con mayor Insatisfacción Corporal (medido con el BSQ) son las que tienen a mantener con mayor fijeza la idea sobrevalorada objeto de estudio. Por último, se han observado diferencias significativas a favor del grupo con mayor Insatisfacción Corporal en la Sintomatología Depresiva (BDI), el Miedo Escénico (CSAI-2), el Perfeccionismo (MPI) y la Dieta (EAT-26) en comparación con las menos insatisfechas con su imagen. En conclusión, se justifica la necesidad de intervenir en estos contextos para prevenir los TCA y en concreto para promocionar la satisfacción corporal a través del cuestionamiento de dichas ideas y de la promoción de otras alternativas que favorezcan la imagen positiva y la alimentación saludable en los conservatorios de danza.

Palabras clave: insatisfacción corporal, danza, conservatorio, TCA, ideas sobrevaloradas

Abstract

Overvalued ideas about the importance of thinness predispose body dissatisfaction and inadequate eating behaviours. Dancers are very vulnerable for developing eating disorders and it seems that overvalued ideas about performance and weight play and important role in its origin. The aims of the present study are a) to analyse the number of dancers with low BMI who believe that if they reduced their weight they would have a better dance performance and b) to assess whether body dissatisfaction is associated to the maintenance of the mentioned idea and influences in depressive symptomatology, stage fright, perfectionism and diet. There were 369 participants (44 males and 325 females) with a mean age of 16.11 (s.d.3.51) from two professionals dance conservatoires of Andalucía. Results have shown, firstly that a 15% and a 26% of dancers think that if they reduced their weight they would dance or perhaps would have a better dance performance, respectively. Secondly, data show that people with greater body dissatisfaction (assessed by BSQ) are those who maintain the most the overvalued idea. Lastly, it has been observed significant differences in favour of the body-dissatisfied group in depressive symptomatology (BDI), fair stage (CSAI-2), perfectionism (MPI) and diet (EAT-26) in comparison with those with higher body satisfaction. In conclusion, it is justified the need of intervention in theses contexts in order to prevent ED. Particularly, it is vital to promote body satisfaction through questioning weight ideas and of course, facilitating others that favour positive image and healthy eating.

Key Word: body-dissatisfaction, dance, conservatory, ED, overvalued ideas

1. Introducción

1.1 Trastornos de la conducta alimentaria e insatisfacción con la imagen corpor

La imagen corporal es una representación subjetiva de nuestro cuerpo que depende en gran medida de los sentimientos y del comportamiento que tengamos con respecto a él, de nuestra forma de valorarlo y por último, de lo que creamos que los demás perciben en función de lo que está culturalmente aceptado (Rodríguez-Testal, 2013, p.19).

Para Rodríguez-Testal (2013), la preocupación o sobrevaloración por el cuerpo (el peso, la gordura, la flacidez, etc.) se deben a las discrepancias encontradas entre la valoración del cuerpo y el ideal social. Esta discrepancia puede dar lugar y/o fortalecer los autoesquemas negativos de la apariencia. De este modo, se entiende que en la medida en la que exista una mayor fijación por el cuerpo, aumentará la frecuencia e intensidad de las ideas sobrevaloradas acerca del ideal de belleza (p.22). Desde esta perspectiva cognitiva se entiende que si, por un lado, el autoconcepto de la persona depende exclusivamente de la percepción que tiene con respecto al físico y dicha autoestima física es negativa y central y, por otro lado, su conducta está focalizada en intentar disminuir las diferencias entre el aspecto real frente al que marca la cultura, se obtendrá como resultado alteraciones en la imagen corporal (Rodríguez-Testal, 2013, p.23).

Las ideas sobrevaloradas del tipo, “para tener éxito hay que estar delgada” son creencias que pueden ser compartidas por muchas personas, suelen estar emocionalmente sobrecargadas y tienden a preocupar al individuo y a dominar su personalidad. Las ideas sobrevaloradas “poseen cierto grado de validación consensual, y pueden ser psicológicamente comprensibles en términos de experiencia y personalidad del individuo” (Baños & Belloch, 2008, p.230). Además las creencias sobrevaloradas suelen centrarse en un solo tema, como puede ser la importancia de la delgadez para tener éxito, y persistir de forma invariable durante meses o años. De acuerdo con Perpiñá (2008, p.412), las ideas sobrevaloradas juegan un papel esencial en el desarrollo de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), pues la insatisfacción corporal o las conductas de dieta suelen ser secundarias a ideas sobrevaloradas sobre el peso y la figura.

La insatisfacción con la imagen corporal es el factor común en los TCA (p. ej. Stice, 1994). Numerosos estudios han mostrado la destacada relación existente entre una valoración negativa de la imagen corporal con hábitos alimentarios no saludables como los vómitos autoprovocados, la ingesta compulsiva o la dieta restrictiva (p. ej. Johnson & Wardle, 2005; Stice, 1994). La insatisfacción con la imagen corporal funcionaría entonces como un factor causal que predispondría la aparición progresiva de conductas tendentes a mejorar esa autovaloración negativa del físico (Stice, 1994).

Grabhorn, Stenner, Stangier, y Kaufhold (2006) explicaban que es común que una pobre imagen corporal vaya asociada a una baja autoestima, así consideran que por lo menos un tercio de la propia autoestima se refiere a lo positiva o negativa que resulta la autoimagen. Si a uno no le gusta su cuerpo es difícil que admire a la persona que vive en él. Asimismo, es improbable que sepa apreciar indistintamente cualidades de destreza, trabajo o incluso inteligencia, aparte del aprecio por el propio cuerpo. Especialmente, esto ocurriría en mujeres quienes suelen subordinar muchas de estas cualidades al atractivo físico (Grabhorn el al., 2006).

En relación al desarrollo de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), la literatura sugiere que existe un continuo de hábitos alimentarios, con alimentación normalizada en un extremo y TCA en el extremo opuesto (Leon, Keel, Klump, & Fulkerson, 1997). Levine y Smolak (1992) explican este fenómeno resaltando tres fases dentro de este continuo: 1) dieta no patológica, 2) trastorno alimentario subclínico, y 3) TCA. Por tanto, lo que puede empezar como una dieta no patológica para conseguir la reducción de peso, puede progresar a un trastorno alimentario subclínico. Con eso nos referimos a la presencia de altos niveles de insatisfacción corporal y a un fuerte deseo de estar más delgado resultando en conductas de dieta excesiva, atracones y purgas.

1.2 Trastornos de la conducta alimentaria en danza

1.2.1 TCA en deportistas

Numerosos estudios indican que las mujeres atletas presentan mayor riesgo de alteraciones alimentarias que la población general (p. ej. Berry & Howe, 2000; Crissey & Honea, 2006; Muscat & Long, 2008). Se han encontrado datos de prevalencia del 15-65% (Garner & Garfinkel, 1980; Macleod, 1998), lo cual es considerablemente más alto que el 1-2% de riesgo que existe en la población general (Patel, Wheatcroft, Park, & Stein, 2002). Además, algunas atletas pueden mostrar comportamientos que indican sintomatología propia de los TCA, pero no exhiben todos los síntomas necesarios para cumplir con los criterios diagnósticos de AN o BN (Beals, 2002).

De acuerdo con el Colegio Americano de Medicina del Deporte (Otis, Drinkwater, Johnson, Loucks, & Wilmore, 1997) existen determinadas características que hacen que ciertos deportistas tengan más riesgo que otros para desarrollar síntomas asociados a los TCA. En este sentido, estos investigadores afirman que los atletas que compiten en deportes que dependen de la valoración de los jueces o profesores, tales como la gimnasia, la danza o el patinaje entrarían dentro de este grupo de riesgo. Del mismo modo, los deportes de resistencia donde se favorece el bajo peso o los que incluyen los pesajes dentro de la rutina de competición, como el remo, parecen favorecer la fijación por la delgadez. Por último, los deportes que requieren el uso de una ropa ajustada que marque la silueta en la competición (natación, atletismo, danza, etc.) y en los que se premie el cuerpo prepuberal sin formas como en la gimnasia, en el buceo o en la danza, también presentan un mayor riesgo para que sus deportistas chicos y chicas desarrollen patologías alimentarias.

Consecuentemente, se puede deducir que las personas que se dedican a la danza tendrían una gran vulnerabilidad para los TCA dadas las características que de por sí tiene su forma de entrenamiento, de evaluación y el ideal corporal que promueven. Según García-Dantas y Caracuel (2011), los bailarines presentan muchas características en común con los deportistas pues tienen que responder ante habilidades técnicas, de resistencia y de fuerza pero también tienen que cuidar de su estética y su apariencia pues a través de éstas, expresan los movimientos y con ellos, el sentimiento que desean transmitir. Por tanto, quizá esta casuística les haga doblemente vulnerables.

1.2.2 tca en danza

En danza, al contrario de lo que ocurre en otros deportes, el ejercicio físico en ausencia de una dieta restrictiva puede que no resulte suficiente para la pérdida de peso deseada según el ideal estético que marca la disciplina (Brooks-Gunn, Warren, & Hamilton, 1987). En este sentido se ha hallado que el gasto calórico que tiene una hora de clase de ballet es de solo 200 kcal/hr para la mujer comparado con las 500/kcal por hora de las nadadoras y de las patinadoras (Brooks-Gunn et al., 1987). Por tanto, parece que el hecho de “estar a dieta” de forma crónica característico de un gran porcentaje de bailarinas puede ser importante en la patogénesis de los TCA (Garner & Garfinkel, 1980).

De acuerdo con las recomendaciones nutricionales propuestas por la guía Center for Nutrition Policy and Promotion (2013), las chicas de 14 a 30 años que tienen estilos de vida activos deben consumir unas 2.400 kcal/día. Sospechando ya que los bailarines consumirían alimentos por debajo de sus necesidades energéticas, Druss y Silverman (1979) administraron a 60 bailarines del Joffrey Ballet sin psicopatología diagnosticada, unos cuestionarios que evaluaban una variedad de áreas tales como los hábitos alimentarios y la hidratación. Los autores reflejaron que la tasa media de ingesta diaria fue de 1.000 calorías, con algunos bailarines que ingerían alrededor de 600 calorías al día a pesar del ejercicio físico realizado. Algunos profesionales de la danza reconocían estar realizando la “dieta de la ensalada” o “del yogurt” mientras que otros vomitaban y tomaban laxantes con el objetivo de perder peso (Druss & Silverman, 1979).

En consonancia con estos datos, numerosos estudios han mostrado una alta prevalencia de trastornos de la conducta alimentaria en el ámbito de la danza (p. ej. Arcelus, Witcomb, & Mitchell, 2014; Culnane & Deutshe, 1998; Garner & Garfinkel, 1980; Hamilton, Brooks-Gunn, & Warren, 1985; Koutedakis & Craig, 1999). Recientemente Arcelus y colaboradores (2013) han realizado la primera revisión sistemática y meta-análisis sobre este tema en base a 36 estudios publicados entre 1966 y 2013. Los datos muestran una prevalencia de TCA en danza del 12% (16.4% en bailarines de ballet), 2% de AN (4% en bailarines de ballet), 4.4% de BN (2% en bailarines de ballet) y 9.5% de TCANE (14.9% en bailarines de ballet). Así mismo, este meta-análisis refleja que el grupo de los bailarines en comparación con los controles presentan una media más alta en las puntuaciones del EAT-26 y del EDI. En concreto, los bailarines presentan tres veces mayor riesgo de sufrir TCA (AN y TCANE) que el resto de la población.

Las ideas sobrevaloradas sobre la delgadez y las distorsiones cognitivas que surgen suelen aumentar la probabilidad de desarrollar TCA de las personas que las mantienen (Perpiñá, 2008, p.412). Reel, SooHoo, Jamieson, y Gill (2005) encontraron que el 97.2% de su muestra afirmó que pesar poco estaba asociado con mayor rendimiento y que el 89.7% creían que los bailarines más delgados tenían los mejores papeles y figuras en las actuaciones. En este sentido, Anshel (2004) atribuye los altos niveles de insatisfacción corporal y las prácticas de control de peso de los bailarines a un autoconcepto ligado a la creencia de que la delgadez le ayudará a mejorar la técnica y la ejecución. Por este motivo, se ve necesario profundizar acerca de la creencia sobrevalorada “para bailar bien hay que estar delgado/a” y analizar si el mantenimiento de ésta podría estar asociado a un mayor riesgo de TCA en danza.

De acuerdo con Perpiñá (2008), la pérdida de control, los síntomas depresivos, la restricción alimentaria, etc. se mantienen gracias y son secundarias a las ideas sobrevaloradas que las personas mantienen en torno a su peso y a la figura. Las ideas sobrevaloradas que se ven confirmadas a veces en los contextos de danza y las distorsiones cognitivas que de ellas surgen, pueden llevar al bailarín o bailarina a “adoptar reglas dietéticas estrictas e inflexibles, y a que considere la mínima transgresión como una evidencia de su pobre autocontrol” (p. 412). Según Perpiñá estas ideas sobrevaloradas sobre la delgadez juegan un papel clave en la AN y BN. Sospechamos que la excesiva fijación por la silueta y en concreto, la delgadez en la danza, puede ser origen de los altos índices de TCA que existe en estos contextos (Arcelus et al., 2014).

Uno de los estudios pioneros que investigaron el riesgo de TCA en danza lo llevaron a cabo Garner y Garfinkel en 1980. Hace más de 3 décadas ya se indicaba una mayor prevalencia de TCA en bailarines, en concreto, en este estudio se encontró un 6.5% de AN en compañías profesionales de danza de los cuales, 11 de los 12 casos desarrollaron el trastorno mientras realizaban sus estudios. Además, aquellos bailarines pertenecientes a los contextos de entrenamientos más competitivos tuvieron la mayor frecuencia de AN (Garner & Garfinkel, 1980).

Hamilton, Brooks-Gunn, y Warren (1986) encontraron un alto porcentaje de bailarines que experimentaban terror a aumentar de peso y también un alto número de pensamientos obsesivos en relación con la comida. Poco después, Sandri (1993) afirmó que el 50% de los bailarines habían desarrollado AN o BN en algún momento de su carrera. En otro estudio Pierce y Daleng (1998) encontraron que el 100% de las bailarinas, pese a tener un peso ideal, se veían a sí mismas lejos de la imagen corporal deseada.

En otra investigación fueron entrevistadas 55 bailarinas y se halló que experimentaban un elevado grado de preocupación con respecto a la comida y, al mismo tiempo, una escasa información nutricional. Un gran porcentaje presentaba creencias alimentarias falsas, utilizaban diuréticos y se inducían los vómitos como una forma de perder peso, aun cuando estaban dentro de los límites de la delgadez (Lowendopf, 1982 citado en Schinitt, 1986).

Abraham (1996) mostró que las jóvenes bailarinas de una escuela de Australia presentaban dos veces más probabilidad de desarrollar TCA que un grupo de no bailarinas de acuerdo con el EAT (Eating Attitudes Test). Abraham (1996) también encontró que las bailarinas tenían menos peso y grasa corporal que las no bailarinas. Además, el 58% de las bailarinas reconocieron estar preocupadas con la comida en comparación con el 31% del grupo control. El 27% de las bailarinas había utilizado laxantes para regular el peso y el 20% se había provocado el vómito con el mismo propósito.

Los datos elevados de prevalencia no sólo se obtuvieron en las investigaciones del siglo pasado. Existen investigaciones recientes que confirman los primeros resultados con respecto a este tema. En este sentido, Anshel (2004) evaluó a un conjunto de bailarinas de Australia y a un grupo control. Encontró que el 17,5% de las bailarinas se identificaron como de riesgo para desarrollar TCA, mientras que solo el 0.6% del grupo control lo presentaba. Además, las bailarinas reconocían emplear más técnicas de control de peso que las no bailarinas. Lo más sorprendente es que aunque ya tuvieran un cuerpo delgado continuaban haciendo dieta o implementando estrategias para estar aún más delgadas (Anshel, 2004).

Ringham et al. (2006) evaluaron las diferencias entre la sintomatología alimentaria de bailarines de Pensilvania con no bailarines y encontraron que además de la dieta, los bailarines también presentaban conductas de atracones y vómitos. En la misma línea, Ravaldi et al. (2006) en Italia, hallaron una mayor prevalencia de personas que estaban haciendo dieta en el grupo de bailarines (35.4%) que en los estudiantes controles (18.6%), confirmando los estudios que indican que los bailarines de ballet tienen un mayor deseo de perder peso.

En relación a la insatisfacción corporal, Paredes, Nessier, y Gonzalez (2011) al comparar las imágenes seleccionadas por cada bailarina como representativas de su IMC con su ideal estético, obtuvieron que un 50% de las mismas presentaban distorsión en la percepción de su imagen corporal, ya que seleccionaron siluetas que no coincidían con sus parámetros antropométricos. Con respecto a las conductas alimentarias y los rangos de IMC, se observó que un 58% de las bailarinas se clasificaron como de riesgo para el desarrollo de anorexia nerviosa según el EAT-40. Estos autores reflejaron que entre las conductas y preocupaciones más frecuentes de su muestra de bailarinas de Buenos Aires, se encontraron el miedo a pesar demasiado, la preocupación por la idea de tener grasa en el cuerpo y el deseo de estar más delgada. A su vez, se hallaron patrones alimentarios restrictivos, ya que las bailarinas manifestaron que se controlaban en las comidas, tenían en cuenta las calorías de los alimentos que ingerían, hacían mucho ejercicio para quemar calorías, pensaban en eliminar calorías cuando hacían ejercicio y consumían alimentos de dieta.

Reel, SooHoo, Jamieson, y Gill (2005) quisieron conocer la prevalencia de algunas conductas y estrategias individuales para perder peso que las bailarinas solían llevar a cabo. Así, por ejemplo, de una muestra de 107 chicas, el 29% de las bailarinas hacían dietas, el 23.4% consumía tabaco para controlar el peso y el 14% utilizaba ropa de plástico para sudar y con ello mantener un bajo peso a través del entrenamiento. De más a menos frecuentes estaban: realizar ejercicio físico (n=42), restringir alimentos/dejar de comer (n=41), restringir algunas calorías (n=31), vomitar (n=28), comer de forma equilibrada y saltar comidas (n=23), fumar (n=21) y eliminar las grasas de la dieta (n=18). Por último, encontraron a una persona que tomaba drogas (speed) y a otra que decía comer bolitas de algodón para quitarse el apetito.

Estas conductas que llevan a la reducción de peso y que en ocasiones son altamente perjudiciales tienen una explicación si nos basamos en los principios de la psicología conductual. En este sentido, Benn y Walters (2001) afirmaron que en las escuelas y compañías de ballet se suelen reforzar conductas no saludables que llevan a la pérdida de peso. Por ejemplo, se seleccionan a las chicas más delgadas para representar las mejores obras, se les otorgan los mejores papeles, las usan como ejemplo en las clases, les puntúan más alto en las calificaciones, les aplauden su comportamiento de forma individual y grupalmente para que los demás la tomen como modelo, etc. Por otro lado, se suele castigar positivamente a las personas que aumentan de peso a través de comentarios intencionados por parte de los profesores sobre su aspecto físico, o se les hace recomendaciones de forma continua sobre la dieta que deben llevar a cabo, etc. Se castiga negativamente cuando aumentan de peso y ya no se les valora como antes, se menosprecian y pasan a un segundo plano en la clase o en la compañía. A menudo les otorgan roles más secundarios, no les prestan tanta atención, y ya no las eligen para bailar con los chicos (Benn y Walters, 2001). Por tanto, las conductas tendentes a reducir de peso estarían perfectamente justificadas según los principios del modelo conductual.

1.2.3 Consecuencias e interferencias en el rendimiento

De acuerdo con la revisión realizada por Bonci, Bonci, Granger, y Johnson (2008), los efectos fisiológicos de los trastornos alimentarios son amplios y repercuten en todos los órganos del cuerpo humano. La malnutrición disminuye la tasa metabólica y causa anormalidades en el sistema cardiovascular, reproductor, esquelético, termorregulatorio, gastrointestinal y otros sistemas. Además, estos mismos autores señalan que las anormalidades pueden ser particularmente peligrosas en atletas que continúan entrenando de forma intensiva en un estado deficiente de energía y nutrición

Las complicaciones cardiovasculares incluyen repentinas paradas cardíacas debido a las arritmias y anomalías en los electrolitos. Los signos derivados de la restricción alimentarias son bradicardia, hipotensión, disminución del pulso, disminución de presión sanguínea, disminución de contracción del miocardio, disfunción de la válvulas, función irregular del ventrículo izquierdo y acrocianosis (color azulado de las extremidades y labios). En este estado, el riesgo de muerte es mayor (Bonci, et al., 2008).

Dentro de las complicaciones reproductivas están las caracterizadas por las alteraciones en el ciclo menstrual. La amenorrea en mujeres es un criterio clínico para la AN hasta el DSM-5 donde se ha eliminado. La causa de la falta de menstruación característica de las personas con bajo peso se debe a la baja disponibilidad de energía como resultado de un descenso en la ingesta calórica (ya sea para perder peso o para mantenerlo) y/o de la realización de un ejercicio exagerado sin el consiguiente aumento de ingesta de calorías (Bonci, et al., 2008).

La relación entre TCA (sobre todo pérdida de peso) y amenorrea ha sido ampliamente documentada (p. ej. Burckhardt, Wynn, Krieg, Bagutti, & Faouzi, 2011; Friesen, 2011). Un estudio basado en 55 bailarinas adultas de compañías profesionales mostró que el 19% de la muestra presentaban amenorrea y que de ese porcentaje, el 50% presentaba AN (Brooks-Gunn, Warren, & Hamilton, 1987). Las personas con la amenorrea más prolongada puntuaron más alto en dieta (variable “conductas de dieta” del EAT -Garner, & Garfinkel, 1979) y pesaban significativamente menos que las que no presentaban amenorrea (Brooks-Gunn, Warren, & Hamilton, 1987).

La aparición de amenorrea se acompaña directamente de pérdida ósea (Burckhardt, Wynn, Krieg, Bagutti, & Faouzi, 2011) y es necesaria una intervención rápida para aumentar la densidad y reducir la probabilidad de fracturas (Bonci, Bonci, Granger, & Johnson, 2008). El estudio de Frusztajer, Dhuper, Warren, Brooks-Gunn, y Fox (1990) comparó los comportamientos alimentarios y las características de los bailarines que sufrían fracturas con bailarines no lesionados y no bailarines. Los autores encontraron que los bailarines lesionados pesaban significativamente menos que los otros dos grupos (menos del 75% del peso ideal recomendado para su altura) además, mostraron más sintomatología alimentaria y eran más tendentes a evitar alimentos con alto contenido en grasas y consumir productos substitutivos bajos en calorías (Frusztajer et al., 1990). Burckhardt et al., (2011) encontraron que las bailarinas que presentaban un bajo IMC, tenían bajos niveles de densidad ósea debido a factores nutricionales. De hecho, los autores recomendaban el consumo de productos lácteos y la reducción de la ingesta de proteínas no lácteas como la carne, el huevo o el pescado.

1.2.4 Investigaciones en estudiantes de danza de nuestro país

Nuestro grupo de investigación viene desarrollando desde hace algún tiempo una nueva línea de estudios centrados en la imagen corporal y las conductas alimentarias concurrentes en la danza. A continuación se expondrán brevemente algunos de los resultados más relevantes :

Índice de Masa Corporal (IMC) (heteroadministrado)

Una muestra de 369 bailarinas de las especialidades de ballet-clásico, contemporáneo, danza española y flamenco de dos conservatorios de grado profesional de España contestaron a diferentes cuestionarios de screening para detectar trastornos de la alimentación, siguiendo las normas de aplicación, corrección y puntuación recomendadas por los autores y se obtuvo el peso y la estatura para obtener el IMC.

Una vez recogidos los datos se calculó, utilizando el programa estadístico SPSS v.19, la prevalencia de problemas relacionados con la conducta alimentaria en diferentes grupos. Así mismo, se comparó al grupo de bailarinas con un grupo control formado por 247 estudiantes no bailarinas, así como con un grupo de 144 pacientes diagnosticadas de trastornos de la conducta alimentaria; éstos dos últimos disponibles a partir de investigaciones previas.

El porcentaje de chicas con infrapeso tomando como referencia el punto de corte de la CIE-10 (IMC < 17,5; más estricto que otros manuales que lo establecen a partir de 18), indicó que presentan infrapeso un 20.8% de chicas de ballet clásico, un 18.2% de baile contemporáneo, un 14.8 de danza española y un 8.8% de flamenco (García-Dantas, Del Río, Sánchez-Martín, Avargues, & Borda, 2013).

Estos datos indican que, en general, en un elevado porcentaje de chicas de clásico y contemporáneo el peso estaba muy por debajo de lo que le correspondería para su edad y altura, ya que, muchas de ellas, tenían un IMC inferior incluso al que presentaban las pacientes con un TCA. Merece la pena prestar atención al IMC más alto que presentan algunas bailarinas de flamenco ya que pudiera traer consigo, por ejemplo, altos niveles de insatisfacción corporal, como apuntan Toro, Guerrero, Sentis, Castro, y Puertolas (2009).

Insatisfacción corporal (Instrumento BSQ- Body Shape Questionnaire)

En danza, el 24.6% de chicas presentaba una puntuación por encima de 104 indicativo de una muy alta insatisfacción corporal de acuerdo con la versión española del cuestionario BSQ (Raich et al., 1996). Es decir, casi un 25% de chicas estaba muy a disgusto e insatisfecha con su imagen mostrando un alto grado de desprecio y distorsión con respecto a su silueta. Atendiendo a las modalidades de danza, el mayor porcentaje de personas con insatisfacción se situó en ballet clásico seguido de baile flamenco (32.6% y 24.9% respectivamente). En contraposición, la danza contemporánea fue la modalidad en la que se observó menor insatisfacción corporal (9.3%) (Torres-Pérez, García-Dantas, Beato, Borda, & Del Rio, 2013). Paradójicamente, aunque en ballet clásico existía un mayor porcentaje de chicas con alta insatisfacción corporal que en otras especialidades, la intensidad de la misma en flamenco (M = 142, SD = 27) y danza española (M = 139, SD = 10) fue más elevada. Esto sugiere que aunque la prevalencia sea menor, las personas que estaban afectadas por este problema en flamenco y en danza española podrían tener más probabilidad de desarrollar un TCA que las de ballet clásico y contemporáneo.

Tal y como hallaron otros autores (Reel, SooHoo, Jamieson, & Gill, 2005; Toro et al., 2009), no se encontraron diferencias estadísticamente significativas entre los valores de insatisfacción entre bailarinas y controles, si bien es cierto, la media de la puntuación global del BSQ en el grupo de bailarinas era levemente mayor que en las no bailarinas (79.16 frente a 78.23). Además, el análisis de necesidades permitió distinguir cuáles son las conductas problemáticas, pensamientos distorsionados y dificultades que presentaban las bailarinas en relación a su imagen corporal en comparación con las no bailarinas y esto permitirá diseñar un programa atendiendo específicamente a las dificultades concretas que presenta este colectivo (Torres-Pérez, et al. 2013).

En resumen se ha encontrado que las bailarinas de conservatorios tienden a comparar su aspecto físico con las demás personas en mayor medida que la población general. La fijación por la delgadez y el deseo por mantener un cuerpo ideal se hace patente al observar cómo las bailarinas puntúan significativamente más alto en la preocupación que tienen por su figura o también en la ejecución de rituales de comprobación, como pellizcarse el cuerpo para ver la grasa. Además, en general, la preocupación por engordar y por no tener la carne firme podría explicar algunos de los pensamientos disfuncionales que se han detectado, tales como, imaginarse que están cortando partes gruesas (grasa) del cuerpo o preocuparse porque se ensanchen los muslos y la cintura cuando se sientan (García-Dantas et al., 2013). Lavender et al. (2013), han encontrado que los rituales de comprobación de la grasa corporal están relacionados con una mayor insatisfacción corporal y que las personas con mayor frecuencia de rituales de comprobación eran las que más conductas de dieta presentaban.

Por otro lado, si se considera el porcentaje de personas del conservatorio que tienen una preocupación extrema por la imagen (>140), se encuentra que las bailarinas presentan una mayor insatisfacción con la imagen corporal (9.7%) en comparación con las no bailarinas (6.1%) (Torres-Pérez, et al., 2013). Este hecho justificaría la necesidad de intervenir sobre la satisfacción corporal y la aceptación de siluetas en conservatorios de danza independientemente de las especialidades en la que los estudiantes se encuentren.

Actitudes alimentarias y riesgo de desarrollar un TCA (EAT-26 Eating Attitude Test; Subescalas: Dieta, Bulimia, Control Oral):

Tomando el punto de corte de 10 para establecer riesgo moderado y alto, se obtuvo un 41.7% y un 42.1% de chicas de ballet y flamenco con riesgo de desarrollar un TCA. Aunque sigue siendo elevado, el riesgo en las especialidades de contemporáneo y danza española era inferior (27.2% y 28.5%, respectivamente). Estos altos índices funcionarían como la última evidencia para justificar la necesidad de intervenir en los conservatorios de danza con el objetivo de reducir la distorsión de la imagen corporal y promover hábitos alimentarios saludables en todas las especialidades (García-Dantas, Del Río, Sánchez-Martín, Avargues, & Borda , 2013).

1. 3 Modelos explicativos en la satisfacción corporal y en TCA

Diferentes autores señalan que la patología alimentaria podría estar causada por una combinación de influencias biológicas, de desarrollo, psicológicas y socioculturales (p. ej. Sepúlveda, Carrobles, & Gandarillas, 2010). En función del abordaje del problema cabrá apoyarse mejor en un modelo u otro para explicarlo (Bradford, 2006). El modelo sociocultura considera que determinados contextos favorecen el origen y mantenimiento de ciertos mitos o creencias que a pesar de no estar basadas en la evidencia empírica y tener una pobre correlación con la realidad, son mantenidas por la mayoría de las personas que están inmersas en esa subcultura. El concepto de mito desde el modelo sociocultural comparte algunas características con las ideas sobrevaloradas contempladas desde el modelo cognitivo al ser éstas últimas muy importantes para los individuos sin tener tampoco suficiente apoyo empírico para ser mantenidas. En este trabajo, utilizaremos el término idea sobrevaloradas al representar mejor el concepto objeto de estudio.

De acuerdo con Rodríguez-Testal (2013), los modelos de tradición cognitivista se centran en las creencias, esquemas y en las ideas sobrevaloradas sobre la apariencia física. Las personas perfeccionistas tienden a presentar mayor inflexibilidad en las creencias y suelen imponerse metas muy ambiciosas acerca del peso y la talla a pesar de las consecuencias que ello conlleva (Rodríguez-Testal, 2013, p.114; Sassoroli et al., 2011). Esto a su vez promueve la hiperfocalización en detalles, perdiendo la visión de conjunto, impidiendo que pueda considerar otras creencias alternativas que reduzcan el valor negativo y extremo que se otorga al físico. Desde este modelo, se diseñan estudios que evalúan el papel de las comparaciones, de las comprobaciones repetidas de diferentes partes del cuerpo, etc. que llevan a realizar conductas que conducen a la pérdida de peso (Rodríguez-Testal, 2013, p.114).

La Terapia Racional Emotiva Cognitivo-Conductual (TREC) y el esquema ABC que Ellis propuso para explicar los síntomas de ansiedad y de depresión (Lega, Caballo, & Ellis, 2009), podrían ser de utilidad para comprender la relación existente entre los Antecedentes “A”, las creencias “B” (Believes) y las Consecuencias “C”. Si analizamos a un bailarín o bailarina individualmente, la “A” podría ser el espejo, el uniforme o las fotografías con imágenes delgadas en las paredes de las aulas de los conservatorios. Estos antecedentes favorecerían la aparición de ideas sobrevaloradas o mitos que funcionarían como los esquemas de Beck siendo estos rígidos, impermeables, inflexibles y estables. Un ejemplo podría ser “si no adelgazo, no bailaré bien”. Estos esquemas o creencias pueden permanecer latentes y facilitan una mayor vulnerabilidad hacia síntomas depresivos o alimentarios (junto con otros de baja autoestima, desvalorización, etc.) (Lega, Caballo, & Ellis, 2009, p. 5-14). Tal y como afirma Beck, los esquemas guían la percepción, la organización y el almacenamiento de la información. De este modo, todo lo que es consistente con el esquema se codifica y almacena mientras que lo que no es consistente se ignora y olvida. Estos esquemas sobre la importancia absoluta del peso y la imagen en la danza, se construyen y elaboran desde la infancia gracias tanto a, mensajes y actitudes de la familia y del profesorado, como a la cultura de la danza imperante que refleja constantemente la extrema delgadez en las primeras figuras de baile. Esto provoca que aunque en el momento de instauración el esquema fuera consciente, cuando la bailarina va evolucionando ese pensamiento deja de tener una conciencia inmediata presentándose de forma abstracta y automática (Lega, Caballo, & Ellis, 2009, p. 4-5).

Por otro lado, de acuerdo con Ellis (2005), los antecedentes dispararían las creencias irracionales que a su vez conllevarían consecuencias a nivel emocional, cognitivo y conductual. Los teóricos cognitivos reconocen que aunque el modelo “ABC” es bastante útil y efectivo para explicar algunos aspectos psicológicos, también se debe tener en cuenta la predisposición a responder, que explicaría por qué todas las personas que están bajo las mismas influencias del entorno y mantienen las mismas ideas irracionales, no presentan a su vez idénticas consecuencias. Esta predisposición iría en consonancia con el modelo de Diátesis-estrés explicado en el estudio de Lewinsohn, Joiner, Thomas, y Rohde (2001). La vulnerabilidad individual se puede entender a nivel biológico o genético, constitucional (de partida no tendría la misma predisposición una chica con un IMC elevado que otra con uno bajo), en función de los aprendizajes previos (tanto en la familia como en la escuela), y por último, según los hábitos en casa (por ejemplo, la madre le ha animado siempre para estar a dieta).

1.4 Depresión, perfeccionismo, miedo escénico en danza

Se ha considerado que el perfeccionismo es un factor de riesgo para el desarrollo de los TCA en población ajena a la danza (Fairburn, Cooper, Doll, & Welch, 1999; Penniment, & Egan, 2012; Sassoroli et al., 2011; Wade & Tiggemann, 2013). Los bailarines y bailarinas presentan altos niveles de perfeccionismo (e.g. Cumming & Duda, 2012; Nordin-Bates, Cumming, Aways, & Sharp, 2011) y esto puede ser una de las razones por las cuales se podría explicar la alta predisposión de TCA en esta poblacion (Arcelus, García-Dantas, Sánchez, & Del Río, en prensa).

Es interesante resaltar que un estudio reciente ha encontrado que un 40.59% de los bailarines presentaban tendencias perfeccionistas los cuales mostraban inferiores niveles en la variable bienestar psicologico que aquellos con tendencias perfeccionistas moderadas (44.35%), y no perfeccionistas. (15.06%) (Nordin-Bates, et al., 2011).

La presión sociocultural de determinados contextos conduce a la aparición de síntomas bulímicos debido al ideal de la delgadez tan patente en nuestra cultura, a la insatisfacción corporal, a la restricción alimentaria y al afecto negativo (Stice, Nemeroff, & Shaw, 1996). Especialmente en danza, se ha encontrado que existe una alta incidencia de depresión (38%) superior a la que presentan los músicos, actores y cantantes (Marchant-Haycox &Wilson, 1992). Este hallazgo también se ha observado en un estudio de investigación reciente (García-Dantas, 2014), al encontrar que la media en el Inventario de Depresión de Beck ascendía a lo largo de los cursos, presentando el tercer ciclo una media de 10; valor equivalente según los baremos a “depresión leve”. No obstante, merece la pena seguir indagando sobre la relación que existe entre la sintomatología depresiva y las variables tradicionalmente relacionadas con los TCA como la insatisfacción corporal, el perfeccionismo o las ideas sobrevaloradas.

Por ultimo, las investigaciones sobre danza indican que altos niveles de perfeccionismo, en concreto “preocupación por los errores”, predisponen a la ansiedad (Carr & Wyon, 2003). El único estudio que se ha encontrado acerca de la ansiedad precompetiviva o el miedo escénico en la danza, ha mostrado que es bastante común que los bailarines presenten pensamientos negativos, preocupaciones e imágenes negativas sobre la actuación que va a desarrollar (Walker & Nordin-Bates, 2010). El miedo escénico en los músicos mantiene una estrecha relación con la variable del perfeccionismo “preocupación por los errores” (Kobori, Yoshie, Kudo, & Ohtsuki, 2011). Sin embargo, hasta donde nosotros sabemos, el miedo escénico entendido como la ansiedad por mostrar su cuerpo y sus movimientos delante de un público, no ha sido asociado aún en la literatura con sintomatología alimentaria. De este modo, este estudio pretende conocer si estas variables mantienen algún tipo de relación en el colectivo de bailarines.

1.5 Estudio previo sobre los factores de riesgo y de protección en conservatorios de danza

El estudio que antecede y justifica la presente investigación es la Tesis Doctoral realizada por García-Dantas (2014) denominada “Factores que influyen en la satisfacción corporal del alumnado de conservatorios de danza”. Dicho estudio aporta información novedosa y pionera en el campo de la psicología de los TCA y de la danza cuyo objetivo es sentar las bases de un programa de promoción de imagen positiva y hábitos alimentarios saludables en estos contextos. El presente estudio pretende continuar la línea de investigación que comenzó con la Tesis Doctoral y trata de profundizar sobre algunos aspectos que habían quedado enunciados en ella de forma más superficial.

En este apartado se resumen los principales hallazgos encontrados en la investigación que dio lugar a la Tesis Doctoral relacionados con los objetivos que nos planteamos aquí:

Un total de 360 estudiantes de diferentes especialidades de danza de dos conservatorios profesionales participaron en el estudio de corte cuantitativo y cualitativo. En primer lugar se observó que existía una tendencia ascendente en el riesgo de TCA conforme se ascendía de curso. De este modo, la insatisfacción corporal, conductas alimentarias anómalas y sintomatología depresiva es significativamente superior en tercer ciclo (5º y 6º curso) que en primero (1º y 2º curso); mientras que segundo ciclo (3º y 4º curso) se encuentra a medio camino entre primer y tercer ciclo. Por tanto, parece que el efecto de la edad no contrarresta la antigüedad en el conservatorio, y de esta forma, las personas de 13-15 años (preadolescentes y adolescentes tempranos) no son las que mayor riesgo presentan como sucede en población no bailarina (Thompson, & Smolak, 2001; Toro et al., 2009; Trujano et al., 2010), sino que son las personas más mayores (con una media de 19 años) las que puntúan más alto en las variables antes mencionadas. Según la autora, esto podría sugerir que existen determinados factores que pueden incrementar la vulnerabilidad de patología alimentaria en estos contextos y por tanto, cuanto más tiempo pasan bajo su influencia, mayor es el riesgo de desarrollarlo.

En relación a los factores encontrados mediante el análisis cualitativo de las respuestas, el factor de riesgo más mencionado por los participantes como facilitador de la insatisfacción corporal dentro del conservatorio fue la actuación del profesorado (25.98%) (tanto lo que hacen como lo que dicen los docentes) siendo casi el doble de importante que el segundo factor de riesgo. Le sigue la necesidad de vestir uniforme ceñido (maillot y medias) (14.9%) y la exposición continuada al espejo (14.6%).

El factor más elegido por el alumnado y que por tanto, parece que protege más contra la insatisfacción corporal es bailar (21%), el hecho en sí de sentir el movimiento, experimentar un estado de fluidez en el movimiento sin prestar atención a la técnica (flow), de practicar el baile que les gusta, etc. A dicho factor, le sigue el que tiene que ver con comentarios positivos tanto de los profesores como de sus compañeros acerca del físico (14.1%). El reforzamiento por ejecución también promueve satisfacción corporal para un 8.56% de los participantes, así como tener libertad en el uniforme (8.01%).

Por otro lado, se ha observado que existe un patrón dentro de los comentarios referentes al papel del profesorado que indica que hay ciertas características que influyen de forma directa en la satisfacción corporal del alumnado. De esta forma, se agruparon los comentarios en las siguientes categorías:

-El profesorado nombra partes del cuerpo de forma vulgar:

Usan palabras grotescas e informales para nombrar partes del cuerpo susceptibles de convertirse en complejos. En este sentido, se encuentran palabras o frases que describen partes del cuerpo o incluso movimientos de una forma vulgar, a veces con la intención de realizar una corrección o una observación. Por ejemplo, “mete los michelines”, “te pesan las piernas”, “profesora me dice todo el rato que meta costillas”. Estos mensajes a veces son malinterpretados por el alumno o alumna que lo recibe y/o por el compañero que lo escucha y lo interioriza mediante aprendizaje vicario o modelado, perpetuando constantemente la fijación por la delgadez en las clases.

-El profesorado tiene creencias erróneas con respecto al peso y a la silueta:

Realizan comentarios que hacen referencia a creencias erróneas o tradicionales en cuanto al peso y a la silueta necesaria para dedicarse al mundo de la danza. Por ejemplo, cuando el profesor o profesora afirma que para bailar el “paso a dos” (variación en pareja que se realiza en clásico) hay que estar muy delgada para que el chico pueda elevarte o cuando se dice que para rendir y llegar alto en el mundo de la danza hay que tener una silueta determinada.

-El profesorado nos halaga por perder peso y adelgazar:

Se refieren a los comentarios o felicitaciones que hacen los profesores hacia las personas que han perdido peso o están a dieta reconociéndoles en todo momento su esfuerzo y asegurándole los éxitos que devendrán de ese sacrificio.

-El profesorado nos recomienda que nos pongamos a dieta:

Mensajes que tienen que ver con las recomendaciones que muchos profesores se apresuran a dar sin suficientes conocimientos nutricionales sobre los alimentos que deben ingerir, la frecuencia o la conveniencia de realizar algún tipo de dieta para perder peso.

-Los profesores y profesoras está excesivamente delgados/as y se preocupan en exceso por su imagen:

Algunas personas destacan el efecto negativo que tiene el hecho de que los profesores mantengan una figura tan delgada y que muestren su propia preocupación abiertamente con respecto al físico. De este modo, si una chica ve cómo su profesora que está mucho más delgada que ella, se mira constantemente al espejo y realiza comentarios del tipo, “qué gorda me estoy poniendo”, o “ya tengo que perder estos kilos que he cogido en Navidades”, es muy probable que tienda a compararse con ella y sin darse cuenta tienda a perpetuar esas creencias.

Probablemente, la influencia del profesorado puede explicar en parte por qué las ideas sobrevaloradas acerca de la delgadez en los conservatorios de danza son tan comunes entre los estudiantes de ambos sexos (García-Dantas, 2014). En concreto, se sabe que un alto porcentaje de bailarines y bailarinas mantienen la idea errónea de que el rendimiento mejora automáticamente si se baja de peso. En concreto entre los chicos, había un 29.5% (vs 30.2% chicas) y un 50% (vs 42.6% chicas) que pensaba que este hecho era completamente verdadero o tal verdadero, respectivamente. Por tanto, los datos sugieren que este tipo de ideas que no están apoyadas en la evidencia y en la realidad pueden jugar un papel esencial en la preocupación exagerada que los bailarines y bailarinas tienen por la delgadez siendo necesaria una mayor profundización sobre estas ideas sobrevaloradas con el objetivo de conocer su influencia en el riesgo de TCA en estos contextos.

Así mismo, de acuerdo con la literatura y apoyando nuestros resultados, en contextos de danza donde socioculturalmente existe una presión por mantener una imagen corporal extremadamente delgada, el profesorado es susceptible de presentar un riesgo similar al del alumnado que acude a sus clases, ya que ambos se encuentran bajo normas y valores similares dentro de este contexto. Esta es una razón adicional por la que la formación al profesorado sería clave para promocionar una imagen corporal positiva y unos hábitos alimentarios saludables dentro de los conservatorios. En este sentido, se cree que se debe contemplar la formación del profesorado al mismo nivel que la formación al alumnado, pues la influencia que tienen sus mensajes en las clases y la repercusión que tienen sus ideas sobrevaloradas sobre el ideal estético parece ser directa en la percepción que tienen sus alumnos sobre sí mismos. Por tanto, si se desea interrumpir el “contagio generacional” y la promoción de la delgadez como ideal estético en la danza, los programas de prevención deberían incluir al profesorado con el objeto de reducir sus creencias erróneas acerca de la imagen y la alimentación y sensibilizar sobre el efecto derivado sus mensajes y actuaciones en clase en torno al físico.

Así mismo, la formación es esencial para entrenarles en la identificación de señales de riesgo del alumnado y en la detección temprana. En definitiva, como se ha visto, parece esencial trabajar con el profesorado de danza para tratar de reducir las creencias sobrevaloradas sobre la delgadez en estos contextos con el objetivo último de disminuir el riesgo de desarrollar problemas alimentarios dentro de los conservatorios de danza

2. Justificación del estudio

Es importante analizar el papel que juegan las ideas sobrevaloradas acerca de la delgadez dada su conexión con la sintomatología alimentaria (Perpiñá, 2008). Esto es si cabe más relevante en danza, donde un alto porcentaje de personas las mantiene y donde el contexto de entrenamiento podría fomentarlas de forma sistemática (García-Dantas, 2014). De esta forma, es necesario analizar la influencia que dichas creencias presentan en variables psicológicas relacionadas con la alimentación con objeto de confirmar si el mantenimiento de éstas pueden explicar de algún modo el alto riesgo que presentan los bailarines y bailarinas para desarrollar TCA.

Por otro lado, consideramos interesante estudiar la presencia de la idea sobrevalorada “bajar de peso hace que mejore mi rendimiento o baile mejor” en personas con bajo IMC, pues los estudios parecen señalar que las bailarinas con IMC superior son las que tienen mayor tendencia de presentar ideas sobrevaloradas y conductas alimentarias anómalas (p. ej. Toro, et al., 2008). Sin embargo, queremos conocer qué porcentaje de personas con bajo IMC sigue pensando que reducir de peso equivale a bailar mejor. Se puede suponer que estos bailarines y bailarinas estén planeando llevar a cabo o estén llevando ya, algún tipo de estrategia restrictiva y/o compensatoria para conseguir el propósito deseado.

Pensamos que conocer la frecuencia de personas que mantienen dichas creencias, así como si dichas creencias guardan relación con sintomatología alimentaria, podría justificar la necesidad de intervenir sobre ellas con objeto de reducir la vulnerabilidad de TCA en los centros de danza. Se espera que en la medida en la que se trabaje para disminuir estas creencias y promocionen una imagen corporal positiva desde el inicio de las enseñanzas se reduzca los altos niveles de insatisfacción corporal y de conductas alimentarias anómalas.

Así mismo, es relevante profundizar en el conocimiento de la insatisfacción corporal en danza porque aunque se asume socialmente que los bailarines presentan altos niveles de exigencias con sus cuerpos y preocupación por su imagen, es posible que esto pueda estar asociado con conductas alimentarias patológicas, miedo escénico o sintomatología depresiva.

Por otro lado, el rol que desempeña el miedo escénico en la patología alimentaria es completamente desconocido en la literatura sobre TCA en general, y danza en particular. Con este estudio pretendemos conocer si la ansiedad al actuar (miedo escénico) mantiene algún tipo de relación con la insatisfacción corporal en el sentido de que las personas más insatisfechas sean a su vez, las que mayor ansiedad somática y cognitiva presenten al bailar en solitario.

Por todos los motivos anteriormente citados, consideramos que el presente estudio aportará información novedosa e relevante que podría contribuir en el diseño de programas de promoción de hábitos alimentarios saludables dirigidos específicamente a bailarines y bailarinas.

3. Objetivos e hipótesis

1. Conocer el porcentaje de bailarines y bailarinas con un IMC por debajo de 20 y 18 que creen que la idea sobrevalorada “bajar de peso hace que mejore mi rendimiento o baile mejor” es totalmente cierta o tal vez cierta.

1. Hipótesis: un número significativo de personas con un IMC igual o inferior a 20 consideran que si pierden peso bailarán mejor o tal vez bailarán mejor.

2. Conocer si hay un mayor porcentaje de personas que mantiene la idea sobrevalorada “bajar de peso hace que mejore mi rendimiento o baile mejor” en el grupo de alta insatisfacción corporal comparado con el grupo de baja satisfacción corporal.

2. Hipótesis: la mayoría de personas del grupo con alta insatisfacción corporal mantienen la idea sobrevalorada “bajar de peso hace que mejore mi rendimiento o baile mejor”. Por el contrario, la mayoría de personas del grupo con baja insatisfacción no mantendrá dicha idea.

3. Conocer el perfil psicológico de los bailarines con mayor insatisfacción corporal en cuanto a la sintomatología depresiva, ansiedad somática y cognitiva (miedo escénico), el perfeccionismo, las conductas de dieta y la autoconfianza para bailar ante el público.

3. Hipótesis: las personas con mayor insatisfacción corporal presentarán más síntomas depresivos, mayor ansiedad cognitiva y somática (miedo escénico), mayor perfeccionismo, más conductas de dieta y menor confianza para bailar ante el público comparadas con las personas con menor insatisfacción corporal.

4. Metodología

4.1 Participantes

Un total de 369 estudiantes de Grado Profesional de dos conservatorios públicos de danza de Andalucía (A y B) participaron en este estudio. El 88.1% de los participantes eran mujeres (n = 325) mientras que el 11.9% (n = 44) eran varones. Esta importante diferencia entre sexos denota que la danza en estas instituciones es predominantemente femenina. En total, respondieron 244 personas del Conservatorio A y 125 personas de Conservatorio B. La tasa de participación fue bastante elevada (93.3%), teniendo en cuenta el grado de sensibilidad y posible rechazo que puede tener un colectivo de alto riesgo, como es el de danza, cuando se evalúa este tipo de cuestiones.

La media de edad de la muestra se situó en 16.11 años (DT = 3.51). Los datos reflejan que un 44.9% de personas deseaban dedicarse profesionalmente a la danza una vez terminado el conservatorio, un 25.1% quería dedicarse a algo diferente en el futuro y por último, un 30% le gustaría dedicarse a la danza pero combinándola con otro trabajo.

La Tabla 1 refleja la distribución por curso, especialidad de danza, edad y la compatibilización con los estudios académicos.

Tabla1

Número de participantes y porcentaje asociado según curso, especialidad, rango de edad y compatibilización con otros estudios

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Nota: 1Conservatorio B no ofrece la especialidad de Contemporáneo.

2 No contestaron a la pregunta sobre la compatibilización con estudios académicos 84 personas.

Como se aprecia en la Tabla 1 el porcentaje de estudiantes decae sustantiva y proporcionalmente a lo largo de los cursos. Así, mientras existe un 23% de estudiantes en primero, el porcentaje desciende hasta un 7.6% en sexto curso. La especialidad de Flamenco es la más numerosa al ser posiblemente la que mayor tradición tiene en las ciudades de los conservatorios analizados. El mayor número de estudiantes del conservatorio tiene de 14 a 16 años y la tasa disminuye notablemente después de los 20. Esto tiene sentido tal y como están planteadas las pruebas de acceso a las Enseñanzas Básicas y Profesionales en los Conservatorios[1].

4.2 Instrumentos de evaluación

En el Anexo 1 se incluyen los cuestionarios que fueron administrados en esta investigación. Así mismo, como puede observarse en la identificación de los cuestionarios, se sustituyó el título original (por ejemplo, Inventario de Depresión de Beck) por un nombre con un carácter menos psicológico, que representara de forma sencilla el tipo de preguntas que iban a contestar (por ejemplo, estado de ánimo).

Por otro lado, se incluyeron algunas preguntas demográficas sobre la edad, el sexo, el curso del conservatorio, la especialidad, etc. El índice de masa corporal (IMC) se obtuvo pesando y midiendo directamente, por lo que la fiabilidad es potencialmente más alta que si hubiese sido autoinformado, ya que se eliminan los posibles sesgos de deseabilidad social. Para ello, se hizo uso de dos básculas digitales de alta precisión y un tallímetro de pared manteniéndose la estabilidad de medida intersujeto y entre Conservatorios.

Por otra parte, con objeto de evaluar el riesgo de TCA de los participantes, se han administrado algunos de los cuestionarios estandarizados más utilizados en los estudios de “screening” y que además, están recomendados por la Guía de Salud de Práctica Clínica de TCA (2009). A continuación se describen los instrumentos utilizados:

- Sintomatología depresiva: Se aplicó el Inventario de depresión de Beck Depression Inventory-II (BDI-II; Beck, Steer, & Brown, 1996) cuya adaptación al castellano fue realizada por Sanz, Vázquez, y Navarro (2003). El BDI o Inventario de Depresión de Beck es un cuestionario autoaplicado para evaluar la existencia o gravedad de síntomas de depresión. Dada su probada validez y fiabilidad tanto en poblaciones clínicas como no clínicas es uno de los más utilizados. También es útil en el cribado de población general y de pacientes somáticos. Consta de 21 ítems y tiene como objetivos identificar síntomas típicos de la depresión severa y estimar la intensidad de la depresión. La puntuación obtenida va de 0 a 63 puntos y los puntos de corte son los siguientes: 0-9 (normal), 10-18 (depresión leve), 19-29 (depresión moderada) y 30-63 (depresión grave). Aunque los autores sugieren que la edad recomendada para contestarlo es a partir de los 13 años, en el presente estudio lo hemos aplicado a estudiantes de edad de 12, primando la utilización de un solo cuestionario en toda la muestra para evaluar este constructo. Utilizamos la suma de los 21 ítems y obtuvimos un índice de fiabilidad aceptable (α = .88).

- Insatisfacción Corporal: Se administró el Body Shape Questionnaire (BSQ) creado por Cooper, Taylor, Cooper, y Fairburn (1987) adaptado al español por Raich, et al., (1996). Consta de 34 ítems en los que se hace referencia a la preocupación e insatisfacción con la silueta, el peso, la imagen corporal, la autodesvalorización, etc. Presenta seis opciones de respuesta, desde “nunca” hasta “siempre” puntuando de 1 a 6. Se puede obtener una puntuación entre 34 y 204 puntos (Baile, Raich y Garrido, 2003). Sus puntuaciones se clasifican en cuatro categorías <81 no hay insatisfacción corporal; 81-110 leve insatisfacción corporal; 111-140 moderada insatisfacción corporal; >140 extrema insatisfacción corporal (Espina, Ortego, Ochoa, Yenes y Alemán, 2001; Cooper, Taylor, Cooper y Fairburn, 1987). Este estudio ha optado por tomar el punto de corte de 110 para diferencias al grupo con alta insatisfacción corporal (más de 110) del grupo con baja insatisfacción corporal (menos de 110). En la versión española, la consistencia interna obtenida en el estudio de adaptación es un α de Cronbach= 0.97 y muestra una elevada validez concurrente con otros instrumentos similares como el “Cuestionario multidimensional de la relación con el propio cuerpo” (Multidimensional Body Self-Relations Questionnaire, MBSRQ; Cash, 1994) y la subescala de insatisfacción corporal del “Inventario de trastornos alimentarios” (Eating Disorders Inventory, EDI; Garner, Olmsted y Polivy, 1983). En el presente estudio usamos la suma de todos sus ítems obteniendo un índice de fiabilidad muy satisfactorio (α = .98).

- Conductas alimentarias anómalas: se aplicó la subescala denominada “Dieta” del Eating Attitude Test (EAT- 26; Garner, Olmsted, Bohr, & Garfinkel, 1982). La validación española del EAT-26 con la versión reducida de 26 se llevó a cabo por Gandarillas et al., (2002) en población femenina adolescente, con una fiabilidad de 0.88. Este cuestionario cuenta con un punto de corte igual o superior a 20, para diferenciar la población de riesgo de TCA o con conductas y actitudes alimentarias inadecuadas. El cuestionario presenta una sensibilidad de un 59% y una especificidad del 93% en población general española (Gandarillas et al., 2003). La modalidad de respuestas es tipo Likert, 0 (nunca) a 6 (siempre), y la subescala Dieta contiene 13 items. El índice de fiabilidad de dicha subescala fue aceptable (α = .82). Alguno de los ítems representativos están relacionados con la preocupación por las calorías ingeridas, el deseo por estar delgado o la sensación de culpa después de haber comido “Procuro no comer alimentos que tengan azúcar”.

- Perfeccionismo (MPS): Se administró el Inventario Multidimensional de Perfeccionismo de Frost, Marten, Lahart, & Rosenblate (1990) adaptado por Carrasco, Belloch, & Perpiñá (2010). Alguno de los ítems que incluye dicho inventario son “Para mí, es muy importante que todo esté organizado” o “Tengo objetivos extremadamente altos”. Las respuestas a cada ítem abarcan un intervalo de: 1 (totalmente en desacuerdo) a 5 (totalmente de acuerdo). El índice de fiabilidad en este muestra fue de (α = .90).

- Miedo escénico: El cuestionario de ansiedad precompetitiva revisado se compone de tres subescalas: ansiedad cognitiva, ansiedad somática y autoconfianza. (CSAI-2R; Cox, Martens, & Russell, 2003; original CSAI-2 de Martens, Vealey, & Burton, 1990; trasladado al castellano por Andrade, Fernández, & Arce, 2007). Algunos items se adaptaron a un vocabulario más específico de danza (en vez de jugar, se enunciaba actuar). Un ejemplo de item de la subescala ansiedad cognitiva es “Me preocupaba bailar mal”, de la subescala ansiedad somática es “Mi corazón estaba acelerado” y de la autoconfianza “Tenia confianza en hacerlo bien”. La fiabilidad del cuestionario fue satisfactoria (α = .82).

Con objeto de evaluar una de las ideas sobrevaloradas/mitos más comunes entre las personas que se dedican a la danza se formuló la siguiente pregunta: “¿ Crees que tu rendimiento mejoraría (bailarías mejor) si perdieras peso?”. Se respondía en un formato de respuesta única con tres opciones SI, NO, TAL VEZ.

4.3 Procedimiento

En primer lugar, se obtuvo el permiso del equipo directivo de ambos conservatorios de danza tras enviarles una descripción por escrito de todos los aspectos del estudio, así como de las copias de los instrumentos que se utilizarían.

Una semana antes de la fecha prevista para la recogida de datos se informó a todos los grupos del interés acerca del estudio, del tipo de preguntas que se les iba a realizar y de su carácter voluntario. Se comunicó al alumnado de la necesidad de firmar las hojas de consentimiento personal para poder participar (Anexo 2) y se les hizo entrega de los protocolos de consentimiento informado para ser cumplimentado por los progenitores o tutores de las personas menores de 16 años[2] (Anexo 3). Desde el primer momento, las investigadoras advirtieron del contenido de la prueba subrayando la necesidad de ser medidas y pesadas como parte de la investigación. La fecha para la recogida de datos fue difundida días antes como recordatorio de los implicados y se informó al profesorado acerca de la organización de los grupos durante dicha recogida.

Antes de cumplimentar los cuestionarios, los estudiantes debían firmar un protocolo de consentimiento informado personal (ver anexo 2), donde se explicaba los objetivos del estudio y se recordaba la importancia de responder de forma sincera. Se recogieron, así mismo, los protocolos de consentimiento de padres o tutores de las personas menores de edad (ver Anexo 3). Posteriormente, se les informó sobre la forma en las que se tomaría el peso y la altura así como la forma en que debían cumplimentar los cuestionarios. De este modo, mientras los participantes iban respondiendo las preguntas, se les llamaba individualmente para medirlos y pesarlos (sin zapatos y en maillot). Los participantes tenían la posibilidad de conocer o no su peso y/o altura, ya que se les preguntaba explícitamente sobre ello.

Tras completar los cuestionarios durante unos 40 minutos, se les entregaba una copia del consentimiento personal donde aparecía un código y una dirección de correo electrónico a donde podían escribir si deseaban conocer sus resultados.

4.3.1 Análisis de datos

Los datos se analizaron haciendo uso del paquete de análisis estadístico SPSS v.20. En primer lugar, se comprobó si las variables que se iban a analizar durante el estudio (medidas a través del IMC, BSQ, EAT y Beck) seguían una distribución normal mediante la prueba de normalidad de Kolmogorv-Smirnov. Además, se eliminaron los valores perdidos y se comprobó que no existían valores atípicos que pudieran contaminar los resultados del estudio.

1ª hipótesis: se realizó un análisis descriptivo para conocer el porcentaje de personas (con un IMC<18 y 20) que creían que el mito/idea sobrevalorada era totalmente cierta, tal vez cierta o no era cierta.

2ª hipótesis: se llevó a cabo un análisis de diferencias mediante la prueba Chi Cuadrado para muestras cualitativas con el objetivo de conocer cuántas personas (IMC<20) del grupo con alta insatisfacción corporal presentaban la idea sobrevalorada del peso.

3ª hipótesis: se hizo uso de la prueba U de Man Whitney para datos no paramétricos con el objetivo de conocer si existían diferencias entre el grupo con alta y el grupo con baja insatisfacción corporal en las variables: sintomatología depresiva, miedo escénico, perfeccionismo, conductas de dieta y confianza al bailar.

4.3.2 Aspectos éticos

Siguiendo las recomendaciones aportadas por Del Río (2005, p. 159-175), se tuvieron en cuenta algunas medidas que se enuncian a continuación.

En primer lugar se obtuvo el consentimiento por escrito de cada participante antes de iniciar el estudio. En este se indicaban que la participación era estrictamente voluntaria y que el participante podía decidir abandonar la investigación en cualquier momento (Breakwell et al., 2006). Se subrayó en repetidas ocasiones que las personas que no quisieran participar se quedarían en clase no siendo penalizadas en ningún caso por la Institución. Si bien era necesario que las menores que quisieran participar entregaran los protocolos de consentimiento informado firmados para poder participar en el estudio.

Se advirtió de forma oral y por escrito sobre la confidencialidad y el anonimato en las respuestas, enfatizando que nadie excepto la investigadora principal tendrían acceso a esta información. Para asegurar la confidencialidad completa, la investigadora asignó un código de identificación personal en lugar de los nombres de los participantes.

Cuando terminaban de completar los cuadernillos de forma individual y anónima, los llevaban a una zona reservada de la sala donde lo debían poner boca abajo para que en todo momento el alumno o alumna tuviera la seguridad de que la investigación cumplía con los requisitos de confidencialidad.

Es posible que algunos participantes percibieran que ciertas preguntas eran personales, como por ejemplo, algunas del Beck y esto pudiera haber causado una cierta incomodidad. Aparte de esto, no se conocen otros riesgos o daños que el estudio haya podido ocasionar a los participantes. Se ofreció información de contacto para que en el caso de que tuvieran alguna duda sobre este tema pudiesen dirigirse al equipo.

Cabe mencionar a su vez, que aunque los instrumentos hacían referencia en su mayoría a la sintomatología alimentaria y al riesgo de desarrollar problemas de este tipo, se presentó la investigación como un estudio sobre imagen corporal y estilo de vida saludable en danza más que como una investigación sobre trastornos de la conducta alimentaria tal y como hizo Schlunger (2009). De este modo, el estudio se enmarcó en términos más generales aunque en ningún caso se ocultó o se dio información falsa (Breakwell et al., 2006).

5. Resultados

Preliminares

Las puntuaciones de los participantes en el BSQ no estaban distribuidas normalmente. Así pues, tras ejecutar el test de Kolmogorov-Smirnov se justificó el uso de pruebas no paramétricas para el análisis de los datos de este estudio (D(342)= 0.35, p < .05).

Con el objetivo de comprobar si era fiable incluir a chicos y a chicas dentro del mismo grupo de participantes se llevó a cabo un análisis de diferencias entre sexos en el cuestionario BSQ y en la idea sobrevalorada o mito analizado sobre la supuesta asociación entre delgadez y rendimiento. Los datos mostraron que no existían diferencias estadísticamente significativas entre chicos (Mdn= 2.47), y chicas (Mdn= 3.06) ( U= 6129,5, z= -1.51, ns, r= -.08) en la insatisfacción corporal. En el mito/ idea sobrevalorada tampoco se apreciaron diferencias indicando que aproximadamente el mismo porcentaje de chicos (30.2%) como de chicas (29.5%) mantienen la creencia irracional sobre la importancia de la delgadez en danza (X [2] (2, N = 368) = 1.16, p = .56). Por tanto, queda justificada la inclusión de ambos sexos dentro del mismo grupo de estudio.

1. Hipótesis: un número significativo de personas con un IMC igual o inferior a 20 consideran que si pierden peso bailarán mejor o tal vez bailarán mejor.

El primer objetivo fue evaluar el porcentaje de personas con un bajo IMC que contestaba afirmativamente a la pregunta de “¿Crees que tu rendimiento mejoraría (bailarías mejor) si perdieras peso?”. La Tabla 2 refleja que existe un porcentaje considerable de personas con bajo IMC que mantienen una idea sobrevalorada acerca de la importancia de la delgadez en danza. En total, se ha observado que existe un 41.3% de personas con IMC ≤ 20 y un 26.3% con IMC ≤ 18 que consideran que si pierden peso (a pesar de estar delgadas) mejorarán o tal vez mejorarán el rendimiento.

Tabla 2

Porcentaje de estudiantes con IMC ≤ 20 y ≤ 18 que consideran que si perdieran peso mejorarían su rendimiento

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2. Hipótesis: la mayoría de personas del grupo con alta insatisfacción corporal mantienen la idea sobrevalorada “bajar de peso hace que mejore mi rendimiento o baile mejor”. Por el contrario, la mayoría de personas del grupo con baja insatisfacción no mantendrá dicha idea.

Considerando exclusivamente a las personas con IMC ≤ 20, se pronosticó que un mayor porcentaje de personas del grupo de alta insatisfacción corporal comparado con el grupo de baja insatisfacción presentarían la creencia sobre la importancia de la delgadez (Mi rendimiento mejoraría -bailaría mejor- si perdiera peso)

El Test de Chi Cuadrado mostró que existían diferencias estadísticamente significativas entre la insatisfacción corporal y la prevalencia de este mito/idea sobrevaloradas (X [2] (2, N = 167) = 18.19, p <.001; Phi= .33). De esta forma, parece que las personas más insatisfechas con su figura presentan con mayor frecuencia la creencia de que perder peso está relacionado con un mayor rendimiento.

Como se refleja en la Tabla 3, mientras que un 50% de personas del grupo con alta insatisfacción mantenían esta idea, tan solo lo mantuvieron el 11.8% del grupo con baja insatisfacción corporal. De forma contraria, solo un 14.3%% del grupo con alta insatisfacción consideró que la delgadez no estaba asociada con la mejora del rendimiento comparado con el 62.7% que pensaba así del grupo con baja insatisfacción.

Tabla 3

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Nota1: se seleccionó el punto de corte de 110 para clasificar a las personas con alta y baja insatisfacción corporal (Baile, Raich, & Garrido, 2003).

Frecuencia y porcentaje de personas dentro del grupo de alta y de baja insatisfacción corporal (punto de corte 110) que están de acuerdo (Sí), tal vez de acuerdo (tal vez) o no están de acuerdo con la idea sobrevalorada (No).

En resumen, el mantenimiento de este idea acerca de la importancia de la delgadez en danza tiene una fuerte asociación con la insatisfacción corporal. Así pues, la hipótesis se ve apoyada por los datos considerando únicamente al comprobar que un gran porcentaje de personas del grupo con alta insatisfacción corporal mantienen la idea sobrevalorada que relaciona adelgazar con mejora del rendimiento mientras que la mayoría de personas del grupo con baja insatisfacción no están de acuerdo con ello.

3. Hipótesis: las personas con mayor insatisfacción corporal presentarán más síntomas depresivos, mayor miedo escénico, mayor perfeccionismo, más conductas de dieta y menor confianza para bailar ante el público comparado con las personas con mayor satisfacción corporal.

Los resultados permiten confirmar parcialmente la tercera hipótesis. Considerando únicamente a las personas con un IMC por debajo de 20, se ha observado que existen diferencias significativas entre el grupo de alta y de baja insatisfacción corporal en todas las variables analizadas excepto en la autoconfianza (Tabla 4). Así pues, los resultados han mostrado que las personas con mayores puntuaciones en la insatisfacción corporal presentaban a su vez, mayores niveles de sintomatología depresiva, perfeccionismo, conductas de dieta y ansiedad cognitiva y somática al bailar ante el público. Sin embargo, al contrario de lo esperado, no se encontraron diferencias significativas en la variable autoconfianza al bailar ante el público presentando valores similares en ambos grupos. Esto sugiere que esta variable es independiente a la insatisfacción corporal.

Tabla 4

Diferencias entre el grupo de alta y de baja insatisfacción corporal en las variables: sintomatología depresiva, miedo escénico (ansiedad somática y cognitiva), autoconfianza, conductas de dieta y perfeccionismo.

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La Figura 1 representa las diferencias entre los grupos (alta y baja insatisfacción corporal) en función de las variables analizadas.

Figura 1: Medianas de las puntuaciones de los cuestionarios analizados en función dl grupo (alta y baja insatisfacción corporal)

Como se puede observar en la Tabla 4 y en la Figura 1, la hipótesis se ve confirmada por los datos y de este modo, las personas con mayor insatisfacción corporal presentan más síntomas depresivos, mayor miedo escénico, mayor perfeccionismo y más conductas de dieta de comparado con las personas con mayor satisfacción corporal quienes presentan un perfil psicológico más adaptativo. En cambio, al contrario de lo esperado la autoconfianza al bailar delante de un público parece no mantener relación con la insatisfacción corporal puesto que no hay diferencias significativas entre los grupos.

6. Discusión

Las hipótesis del presente estudio se han visto confirmadas por los datos. De este modo, hemos observado que tal y como pronosticamos, un número significativo de estudiantes del conservatorio con un IMC menor de 20 o de 18 consideran que si adelgazaran más mejorarían su rendimiento. En la presente investigación, se ha comprobado cómo este mito o idea sobrevalorada que relaciona pérdida de peso con mejora del rendimiento está muy vinculada, como sospechábamos, a una alta insatisfacción corporal. Así pues, los bailarines y bailarinas que más detestan su cuerpo son a su vez los que presentan con mayor firmeza la creencia de que perder peso les llevará a bailar mejor. Por último, nuestra tercera hipótesis sólo se ve apoyada por los datos parcialmente. Por un lado, hemos comprobado que las personas más insatisfechas con su imagen presentan a su vez más síntomas depresivos, perfeccionismo, conductas de dieta y ansiedad cognitiva y somática al bailar ante el público. Sin embargo, al contrario de lo esperado, no se encontraron diferencias significativas en la variable autoconfianza al bailar. Esto sugiere que el grado de confianza para actuar no está tan relacionado con la insatisfacción corporal presentando una asociación mayor con otras variables que no se han tenido en cuenta en el estudio.

El hecho de que alrededor de una cuarta parte de bailarines/as con un peso bajo o muy bajo mantengan ideas sobrevaloradas acerca de la importancia de perder peso para bailar mejor, nos hace pensar que esto pueda ser un factor predisponente para llevar a cabo dietas que permitan tal propósito (Perpiñá, 2008). De esta forma, se podría especular que las personas que a pesar de estar en infrapeso siguen pensando que si estuvieran más delgadas aún bailarían mejor, podrían formar parte de un grupo de riesgo para el desarrollo de problemas de la conducta alimentaria.

Los ideas sobrevaloradas en danza acerca de la importancia de la delgadez parece que son bastante comunes como apuntaban Reel, SooHoo, Jamieson, y Gill (2005) quienes encontraron que el 97.2% de su muestra afirmó que pesar poco estaba asociado con mayor rendimiento. El estudio de García-Dantas (2014) profundizando un poco más en la popularidad de esta idea sobrevalorada y sin tener en cuenta el IMC del alumnado, mostró que un número semejante de chicas y de chicos consideraban que si perdieran peso mejorarían directamente su rendimiento. Estos datos además de confirmar que no existen diferencias significativas entre sexos a la hora de mantener determinadas ideas sobrevaloradas sobre la delgadez en danza, permiten ratificar que la mayoría de las de personas que bailan en los conservatorios de danza de nuestro país (alrededor de un 80%) presentan ideas sobrevaloradas o creencias irracionales que pueden llegar a explicar el alto riesgo de TCA que existen en este colectivo (Arcelus, Witcomb, y Mitchell, 2014).

El interés de estos datos surge porque como se expuso en la introducción, las personas con mayor insatisfacción y creencias sobrevaloradas suelen ser las que tienen un IMC mayor (Toro et al, 2008). Según estos autores, dichos estudiantes suelen estar más descontentos con su figura y es probable que a lo largo de su trayectoria hayan podido observar ciertas desventajas o un trato injusto (p. ej., no ser solistas) por su condición física. Sin embargo, nosotros hemos podido observar que también dichas creencias sobrevaloradas están presentes entre aquellos con un IMC bajo.

Así mismo, nos preguntamos si el aumento del riesgo que existe conforme se asciende de curso en el conservatorio de danza (García-Dantas, 2014) puede ser explicado por el mantenimiento y consolidación de estas ideas sobrevaloradas. No obstante, este aspecto necesita ser más investigado ya que los datos hasta aquí aportados no permiten concluir que este hecho rotundamente suceda así.

Lo que sí que podría estar relacionado con el origen y mantenimiento de las conductas sobrevaloradas acerca de la delgadez en la danza, es la conducta y los comentarios del profesorado. En el estudio de García-Dantas (2014) se observó que, entre todos los factores de riesgo percibidos por el alumnado de conservatorio como influyentes en la insatisfacción corporal, el profesorado era el que ejercía un efecto más negativo en la imagen corporal. Aunque este hecho no se ha evaluado explícitamente en este estudio, García-Dantas (2014) realizó un análisis exhaustivo de los comentarios incluidos dentro del factor de riesgo profesorado y uno de los aspectos que se repetían con mayor frecuencia entre los estudiantes era que el profesorado tenía creencias erróneas con respecto al peso y a la silueta. Es este sentido, ponían de ejemplo que en ocasiones “el profesor o profesora afirma que para bailar el “paso a dos” (variación en pareja que se realiza en clásico) hay que pesar muy poco” o que para ser una bailarina no se debe pesar más de 50 kilos o “Cuando la profesora me corrige la pelvis y dice que mi físico no ayuda”

Con estos ejemplos, todo el alumnado (independientemente de su IMC) está recibiendo continuamente el mensaje de que para bailar bien es obligatorio estar delgado/a o muy delgado/a, y es posible que por exposición repetida interioricen dicho mito convirtiéndolo en una idea sobrevalorada no fundamentado biomecánicamente en ningún estudio científico. Al contrario, la literatura coincide en señalar que estar en infrapeso y/o perder peso cuando la persona está en un IMC por debajo de la normalidad, no solo no mejora el rendimiento sino que en ocasiones, los efectos que la restricción alimentaria tiene el cuerpo, impiden que se entrene o actúe a unos niveles óptimos (Bonci, Bonci, Granger, y Johnson, 2008; Burckhardt et al., (2011). Por ejemplo, es muy probable que una persona que estando en bajo peso, insatisfecha con su imagen y que mantiene una dieta estricta que le hace seguir adelgazando no sea capaz de resistir el duro entrenamiento que requiere la danza. Es más, es posible que sea incapaz de tener la precisión, agilidad y fuerza necesaria para bailar a su máximo potencial (DanceUk, 2001). De este modo, este tipo de creencias sobrevaloradas no presentan evidencia empírica aunque lamentablemente, la literatura sobre trastornos de la conducta alimentaria hace eco de su existencia y relevancia en la danza.

En consecuencia, tanto el grado de distorsión como la influencia negativa que estas ideas pueden llegar a presentar, justifican por un lado, la inclusión en los programas de prevención de técnicas cognitivas cuyo objetivo sea desmentir dichas creencias desadaptativas y por otro lado, la intervención con el profesorado para que en primer lugar reduzcan la emisión de comentarios que van en consonancia con la importancia de la delgadez en la danza, y en segundo lugar, aprendan a cuestionar la veracidad de dichas ideas cuando surgen en las clases.

En relación a la segunda hipótesis, y apoyándonos en estudios previos y en las teorías cognitivas de Ellis y de Beck comentadas en el apartado de la introducción, se ha observado que el grupo con mayor insatisfacción corporal era el que mantenía en mayor medida la idea sobrevalorada. Es decir, parece que las personas que peor se sienten consigo mismas son las que tienden a pensar que si adelgazaran bailarían mejor. Quizás, hayan sido esas ideas sobrevaloradas sobre la delgadez las que hayan impulsado a la persona a reducir la ingesta y el peso derivando en un IMC bajo. Todas estas especulaciones deberían ser más investigadas ya que lo cierto es que la metodología aplicada para analizar esta cuestión no permite establecer relaciones de causalidad y por tanto, esta investigación no determina si son las ideas sobrevaloradas las que predisponen la insatisfacción corporal o es la insatisfacción corporal la que predispondría la aparición de ideas sobrevaloradas.

De acuerdo con los dos modelos en los que se podría enmarcar este estudio, el sociocultural y el cognitivo, consideramos que serían las ideas sobrevaloradas las que predispondrían la insatisfacción corporal. Según Perpiñá (2008), por ejemplo, la insatisfacción corporal o la restricción alimentaria suelen ser secundarias a las ideas sobrevaloradas acerca del peso. Así mismo, según Ellis (Lega, Caballo, & Ellis, 2009), los acontecimientos “A”, predispondrían creencias irracionales (equivalentes a nuestras ideas sobrevaloradas o mitos) “B”, que conducirían a la aparición de emociones, pasamientos y conductas del tiempo afecto negativo, insatisfacción con la imagen o conductas compensatorias. No obstante, como se ha mencionado antes, no se pueden establecer relaciones de causalidad sino únicamente una vinculación entre las ideas sobrevaloradas y la insatisfacción corporal.

De acuerdo con el modelo sociocultural presentado en el capítulo introductorio, las ideas sobrevaloradas se perpetúan entre el alumnado de los conservatorios de danza dada la importancia exagerada que en ocasiones se le otorgan a la delgadez mediante por ejemplo, la selección de bailarinas excesivamente delgadas en los primeros papeles (Schlunger, 2009).

Por último, siguiendo con la importancia de la promoción de la satisfacción corporal, nuestros datos han encontrado que el grupo de bailarines/as con mayor insatisfacción corporal presentaba significativamente más síntomas depresivos, altos niveles de perfeccionismo, restricción alimentaria, y miedo escénico (ansiedad cognitiva y somática). Por tanto, confirmando estudios previos en población general (p. ej. Stice, Nemeroff, & Shaw, 1996), la insatisfacción corporal parece ser determinante en una serie de variables psicológicas con gran repercusión en el bienestar y en la salud mental de las personas. Esto que parece que puede aportar poco a la literatura existente en el campo de los TCA, es de suma importancia para el colectivo que nos ocupa. La razón se debe a que desde nuestro punto de vista se suele aceptar socialmente con bastante normalidad que las personas que se dedican a la danza se sienten insatisfechos con sus cuerpos y hacen dieta constantemente, y esto se explica como un requisito más dentro del entrenamiento para ser bailarines. Muchas personas consideran que éste es el único camino que existe para triunfar o simplemente participar en esta disciplina y, en ocasiones, no prestamos la debida atención que esta excesiva preocupación presenta en la salud mental de los estudiantes y profesionales de la danza.

Nuestros datos han confirmado que al igual que en población normal (Lewinsohn, Joiner, Thomas, & Rohde, 2001), los bailarines y bailarinas insatisfechos con su imagen corporal suelen presentar un estado de ánimo negativo y sentirse emocionalmente deprimidos. El estudio de García-Dantas (2014), alertó de que la sintomatología depresiva que presentaba el alumnado de conservatorio era notable en relación a los puntos de corte aportados por el cuestionario. De esta forma, conocer que los altos índices de síntomas depresivos están vinculados en muchas personas a la insatisfacción corporal justifica también el diseño e implementación de programas de promoción de la imagen corporal con el objetivo adicional de influir sobre el estado de ánimo de los estudiantes.

El perfeccionismo también se ha vinculado directamente con la insatisfacción corporal. Apoyando a estudios previos (Fairburn, Cooper, Doll, & Welch, 1999; Penniment, & Egan, 2012; Sassoroli et al., 2011; Wade & Tiggemann, 2013) hemos observado que las personas más insatisfechas son las más perfeccionistas. Esta relación podría entenderse desde dos perspectivas diferentes. Por un lado, que el perfeccionismo como constructo referido a las exigencias personales, la preocupación por los errores, etc. pudiera ser un factor predisponente muy arraigado a la personalidad para la insatisfacción corporal o por otro lado, que la insatisfacción corporal entendida como el desagrado con la propia imagen predispusiera a la persona a ser más exigente consigo misma y a tener una valoración más negativa cuando comete error.

Lamentablemente, con la metodología aplicada en este estudio no se pueden determinar la direccionalidad de la relación aunque en nuestra opinión creemos que esta segunda opción explicaría mejor la asociación entre estas dos variables, funcionando el perfeccionismo como una consecuencia “C” dentro del modelo de Ellis. La razón por la que consideramos que esto puede ser así es porque la variable insatisfacción corporal en la danza juega un papel esencial y explicativo en muchas otras variables. Por ejemplo, nuestros datos confirman que las personas con mayor insatisfacción corporal son las que mayores niveles de miedo escénico experimentan cuando se enfrentan a un público. De este modo, nos parece lógico pensar que sea la valoración negativa sobre la propia imagen la que promueva el miedo escénico o la ansiedad cognitiva y somática por bailar y no al revés, que la ansiedad al bailar predisponga la insatisfacción corporal.

Consideramos que una pobre imagen corporal y el desagrado con el propio cuerpo es importante para todas las personas, pero es si cabe más influyente en personas que utilizan su físico como herramienta de trabajo diario. Es posible que para los bailarines, tener una imagen corporal positiva sea incluso más importante que para el resto de la población pues sabemos que no solo influye en otras variables psicológicas de interés, sino que está relacionada con constructos asociados directamente con el rendimiento como el miedo escénico. Por tanto, especulamos que independientemente del IMC, las bailarines más satisfechos con su imagen son las que tienen un mejor rendimiento en clase o son aquellas que llegan más alto artísticamente hablando. De esta forma, es esperable que si promovemos la satisfacción corporal en el alumnado de conservatorio estemos disminuyendo su miedo escénico. Aunque no hemos encontrado estudios previos que hayan analizado esta cuestión, nos parece interesante tenerla en cuenta y seguir profundizando en futuras investigaciones, pues ambas variables están muy presentes en el día a día de los bailarines y consideradas conjuntamente en una intervención, podría resultar en efectos muy positivos para su bienestar psicológico.

Además, si nos basamos en los factores de protección encontrados en el estudio de García-Dantas (2014), observamos cómo bailar entendido como disfrutar del movimiento, estar en un estado de flow, bailar desde el interior, etc. es lo que más protege contra la insatisfacción corporal dentro del conservatorio. Este dato obtenido mediante una investigación cualitativa, apoyaría nuestra idea de que disminuyendo la ansiedad somática y cognitiva que el alumnado tiene cuando baila, estaríamos reduciendo directamente la insatisfacción corporal, o lo que es lo mismo, mejorando la confianza al bailar estaríamos aumentando la satisfacción con la imagen de los bailarines y bailarinas.

A pesar de que estas suposiciones podrían encontrar apoyo en los datos, hay que tener en cuenta que, al contrario de lo esperado, los resultados no han mostrado que exista una relación inversa entre la insatisfacción corporal y la autoconfianza al bailar. Una posible explicación sería que los ítems referidos a la autoconfianza tuvieran un mayor grado de especificidad (fueran más situacionales y específicos para la actuación en concreto que estaban describiendo) que los ítems de las subescalas de ansiedad cognitiva y ansiedad somática (podrían ser interpretados por algunas personas como más generales). Es decir, quizás el ítem “Estaba segura/o de que podía hacer frente a la actuación” perteneciente a la subescala autoconfianza podría depender mucho de la actuación en cuestión reflejando menos la disposición general de la persona a actuar de este modo en otras situaciones. En cambio, los ítems “Mis manos estaban sudorosas” (ansiedad somática) y “Me preocupaba no bailar tan bien como podría hacerlo” (ansiedad cognitiva) pueden referirse a un patrón de respuesta más disposicional cognitivo y fisiológico de respuesta y por tanto, más relacionado con otras variables personales más del individuo como es la satisfacción corporal. No obstante, esta interpretación no está apoyada en estudios previos y por tanto, hay que considerarla con cautela ya que, el instrumento utilizado para evaluar el miedo escénico es una adaptación de CSAI-2 (consultar en metodología) el cual está incluido en muchos estudios y cuenta con una gran reputación y validez metodológica en el campo de la psicología del deporte. Así, al contrario que en este estudio, investigaciones previas como la de Cox, Martens, y Russell (2003), la subescala autoconfianza está significativa e inversamente relacionada con la ansiedad cognitiva y somática, pues la autoconfianza funcionaría de forma opuesta a como funciona la ansiedad cognitiva.

En conclusión, la implicación principal de este estudio tiene que ver con la necesidad de incidir sobre los mitos o creencias sobrevaloradas en danza pues es esperable que reduciéndolas estemos disminuyendo directamente la insatisfacción corporal de los bailarines y bailarinas. Por otro lado, este dato es importante a la hora de intervenir psicológicamente en terapia con bailarines con patología alimentaria, ya que se puede especular que si aplicamos técnicas cognitivas para desmentir dichas ideas, estemos influyendo específica y positivamente en la satisfacción corporal del bailarín/a. Por último, consideramos que los programas de promoción de la satisfacción corporal en la danza deberían incluir como eje principal la intervención con estas ideas sobrevaloradas. En concreto, creemos que sería interesante la formación al profesorado (García-Dantas, 2014), a las familias que a veces pueden ser responsables de perpetuar y reforzar dichas creencias y al propio alumnado, con el fin de llevar a cabo un cambio simultáneo en las diferentes piezas que componen la institución del conservatorio de danza.

7. Conclusiones

En relación a los objetivos e hipótesis de esta investigación podemos establecer las siguientes conclusiones:

- 1. Cerca de un 10% de bailarines/as con un IMC inferior o igual a 18 mantiene la idea sobrevalorada o la creencia de que si adelgazaran más, mejorarían su rendimiento. En total, se ha observado que existe un 41.3% de personas con IMC ≤ 20 y un 26.3% con IMC ≤ 18 que a pesar de estar tan delgados consideran que si pierden peso (a pesar de estar delgadas) mejorarán o tal vez mejorarán el rendimiento.

- 2. Dentro del grupo con alta insatisfacción corporal (N=14), existe un 50% de personas que mantienen la idea sobrevalorada que relaciona adelgazar con mejora del rendimiento mientras que muy pocas personas del grupo con baja insatisfacción (N=153) (11.8%) están de acuerdo con ella.

- 3. Las personas con mayor insatisfacción corporal presentan un mayor grado de sintomatología depresiva, miedo escénico, perfeccionismo y conductas de dieta. En cambio, al contrario de lo pronosticado, la autoconfianza al bailar ante el público no estaba relacionada significativamente con la satisfacción corporal.

8. Limitaciones

El IMC aunque es una prueba común en la evaluación de los TCA, presenta algunas deficiencias para extraer conclusiones en el terreno del ejercicio físico. De este modo, estudios antropométricos recomiendan el uso de pruebas complementarias que obtengan unos índices más fiables sobre la idoneidad de la masa muscular, el porcentaje graso, etc. (Fabián, 2011).

Sin embargo, aunque esta medida es heteroadministrada, otra limitación principal es que no se tuvo en cuenta la edad de los participantes. Se aconseja que por debajo de 18 años, se considere el percentil más que el IMC, de este modo, hubiese sido más fiable haberlo

calculado así o bien, haber realizado otro tipo de pruebas, como la bioimpedancia.

Por otro lado, se sabe que el BSQ es una prueba que debe ser administrada únicamente a población femenina, ya que está validada solo con chicas consecuentemente esto puede originar importantes diferencias sugiriendo que las mujeres presentan mayor insatisfacción corporal que los hombres. No obstante, que conozcamos, no existe un cuestionario sobre imagen corporal similar que haya sido validado y utilizado en ambos sexos.

Los grupos para comprobar la segunda y la tercera hipótesis en función de la insatisfacción corporal no fueron homogéneos ya que había menos personas insatisfechas que satisfechas con su imagen corporal. Aunque esta limitación podría haberse evitado haciendo uso del método de aleatorización mostrado en el estudio de García-Dantas, Sánchez, Del Río y Jaenes (2014), se ha optado por analizar la muestra completa para obtener una mayor validez externa. Para aumentar la validez interna, hemos hecho uso del parámetro Phi que calcula el tamaño de efecto y complementa a la significación.

El miedo escénico se ha evaluado haciendo uso de un instrumento originalmente diseñado para evaluar la ansiedad precompetitiva en deportistas. Esto implica que el vocabulario lo hemos tenido que adaptar así como hemos tenido que transformar los ítems de tiempos verbales futuros a tiempos verbales pasados indicándoles que se refiriesen a la última actuación en la que habían participado frente a un público. Esto ha podido distorsionar en parte el propósito original de cuestionario aunque los datos obtenidos a partir de éste, han sido útiles para confirmar la relación existente entre la insatisfacción corporal y la ansiedad cognitiva y somática

Por último, la mayor limitación de este estudio ha sido administrar cuestionarios no validados sobre riesgo de TCA en poblaciones específicas de danza. Esto ha sido imposible dada la falta de estudios acerca de estos temas que revierten en la escasez de pruebas que contemplan las características especiales de este colectivo en cuanto a las conductas de dieta o a las ideas sobrevaloradas.

Futuras líneas de investigación

Estudios como el presente se centran únicamente en evaluar el riesgo o la vulnerabilidad de desarrollar problemas alimentarios en los estudiantes de danza o bailarines profesionales, pero hemos encontrado una escasez manifiesta en estudios que evalúen este mismo tema en las personas que han abandonado la danza. Nos parece relevante conocer si el distanciamiento físico y/o social que tiene lugar tras la retirada del entrenamiento profesional de la danza puede llevar consigo una disminución de la preocupación acerca de la imagen corporal o en cambio, sucede lo contrario aumentando la insatisfacción y las conductas alimentarias anómalas.

Por otro lado, sería interesante diseñar un cuestionario centrado en los factores de riesgo y de protección encontrados en el estudio de García-Dantas (2014) con el fin de conocer, por ejemplo, los factores más influyentes en cada conservatorio con la idea ultima de poder intervenir específicamente y promover la satisfacción corporal del alumnado. Así mismo, con un cuestionario validado y específico para la danza se podrían conocer cuáles son los aspectos que influyen positiva y negativamente en cada persona con el objetivo de reducir el riesgo de TCA que puede presentar una bailarina en concreto.

Finalmente, como futura línea de investigación se ve necesario el diseño e implementación de un programa de promoción de la imagen corporal positiva y la alimentación saludable dentro de los conservatorios profesionales de danza. El presente estudio que viene a complementar los resultados de la Tesis Doctoral de García-Dantas (2014) servirán para sentar las bases de dicha intervención la cual nos permitirá evaluar si, efectivamente como pronosticamos, el riesgo de TCA disminuye en estos contextos cuando se interviene sobre las variables que hemos observado que ejercen influencia (ideas sobrevaloradas, miedo escénico, insatisfacción corporal, estado de ánimo, perfeccionismo, etc.).

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10. Anexos

ANEXO 1

“Imagen Corporal y Hábitos Alimentarios”

Código

¿Compatibilizas la danza con otros estudios? (¿ Además de venir al conservatorio estudias ?)

SI  NO  Si lo compatibilizas, ¿con qué? ESO (curso___) Bachillerato (curso___) FP(________) Universidad ( grado en ________________________) Otro _________________

A que te gustaría dedicarte profesionalmente en un futuro? (puedes estar relacionado o no con la danza):_______________________________________________________________________________

Si eres chica:

¿Has tenido tu primera menstruación? SI NO ¿Con qué edad la tuviste por primera vez?­­­­­­­­­­­­­____________

¿Alguna vez te ha ocurrido que no has tenido el periodo durante tres meses seguidos?

SI  NO

Has recibido tratamiento psicológico para tratar algún problema relacionado con la alimentación: SI  NO 

1.- Por favor, contesta SINCERAMENTE a las siguientes preguntas. Recuerda, nadie (familia, profesorado, etc.) podrá saber que los resultados de los cuestionarios corresponden a ti.

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Rodea la respuesta que se corresponda con lo que tú piensas

¿Crees que tu rendimiento mejoraría (bailarías mejor) si perdieras peso? SI  NO TAL VEZ 

3. Contesta en función de cómo te has sentido durante esta última semana, incluido en el día de hoy. Si dentro de un mismo grupo de preguntas, hay más de una afirmación que consideras acertada en tu caso, marca ambas. Asegúrate de leer todas las afirmaciones dentro de cada grupo antes de efectuar la elección.

ESTADO DE ÁNIMO

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4. Piensa detalladamente en la actuación de fin de curso del año pasado y señala la casilla que exprese como te sentiste. Si eres nuevo/a, piensa en la última vez que actuaste en frente de un público.

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Muchas gracias por tu colaboración

ANEXO 2

Noviembre 2012

Imagen Corporal y Hábitos Alimentarios

Confirmo que:

Accedo a responder las preguntas de los cuestionarios.

Accedo a que midan mi peso y mi altura de forma confidencial (sólo yo y la investigadora tendrá acceso a esa información).

He sido informado/a de que:

El objetivo del estudio y su interés actual.

Toda la información que yo ofrezca sobre mí será confidencial. Es decir, nadie podrá conocer que las respuestas que yo escriba en los cuestionarios pertenecen a mí. Para ello obtendré un código cuya relación con el nombre sólo será conocida por mí.

Si estoy interesado/a podré conocer mis resultados tras su solicitud por correo electrónico y aportando el número de identificación asignado.

Correo de contacto: salud.estudio@gmail.com

Firma investigadora Firma participante

Fecha de nacimiento: .

Sexo

Curso y Especialidad.…

Años…Correo electrónico…

CODIGO:.

CLAVE (en caso de olvido del código):---------------------

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(entregar esta copia )

ANEXO 3

Estimados padres y/o madres:

Ana García-Dantas licenciada en psicología por la Universidad de Sevilla y especialista en Psicología de la Danza y la Dra. Carmen del Río Sánchez Profesora Titular de la Universidad de Sevilla (Facultad de Psicología) y experta en trastornos de la conducta alimentaria, llevarán a cabo un estudio sobre satisfacción con la imagen corporal y hábitos de la alimentación en el Conservatorio de Danza de xxxxx. Dicha investigación pretende ser el punto de inicio para la creación de un protocolo original y novedoso sobre promoción de hábitos nutricionales saludables y prevención de problemas relacionados con la alimentación en los Conservatorios de Danza de Andalucía.

Bajo el consentimiento del Centro “xxxxx” y de las familias de los/las menores de edad, el alumnado completará una serie de cuestionarios dentro del horario habitual de clase. El procedimiento será el siguiente: a) los/las participantes serán informados/as del objetivo del estudio, b) darán su consentimiento individual para su participación de forma voluntaria, c) las investigadoras obtendrán el peso y la altura de cada persona de forma confidencial y d) completaran los cuestionarios en aproximadamente 20 minutos. A lo largo de todo el proceso se resolverán todas las dudas que hubieran podido surgir.

Algunas de las medidas éticas que se van a desarrollar durante la recogida de datos serán: el uso de un código personal en lugar del nombre de la persona con el objetivo de preservar el anonimato en las respuestas; nadie tendrá acceso a los datos excepto la investigadora principal quien será responsable de mantener la confidencialidad de los resultados. La participación en este estudio es enteramente voluntaria y no habrá ningún tipo de penalización en el caso de que un alumno o alumna decida no participar. Posteriormente, se informará de forma individual de los resultados obtenidos a los/las participantes que así lo soliciten (a partir del código que obtuvieron el día en el que completaron los cuestionarios).

La recogida de datos tendrá lugar durante.y participarán todos los cursos y especialidades del Grado Profesional. Es de destacar que estudios como el presente son de suma importancia para la mejora de la calidad de vida de los y las estudiantes de conservatorios de danza. Esperamos que a partir de los datos obtenidos con esta investigación se favorezca la creación de un protocolo efectivo, beneficioso y específico para las necesidades reales de este colectivo.

Por favor, no dude en preguntar si desea más información o si tiene alguna duda. Le agradecemos su colaboración y confianza.

Reciba un cordial saludo,

MSc. Ana García Danta

Dra. Carmen del Rio Sanchez

Sr/ Sra.….padre/madre/tutor/a de …..del curso…. da su consentimiento para que su hijo o hija participe en el estudio “Imagen Corporal y Hábitos Alimentarios”.

Firma:

NOTA: Se informa de que la intervención NO es terapéutica, sólo de evaluación de la situación general del grupo con el objetivo de implantar medidas preventivas, por lo que no se van a aplicar pruebas ni entrevistas diagnósticas individuales para detectar ningún tipo de trastorno o disfunción

[...]


[1] (Orden de 13 de marzo de 2013, por la que se regulan los criterios de admisión y los procedimientos de admisión y matriculación del alumnado en las enseñanzas elementales básicas y profesionales de música y de danza, en los centros docentes públicos de titularidad de la Junta de Andalucía y se establece el calendario del procedimiento de admisión para el curso escolar 2013/14)

[2] De acuerdo con la Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica, en cuanto al consentimiento por Representación en menores de 16 años

Detalles

Páginas
67
Año
2015
ISBN (Libro)
9783668314474
Tamaño de fichero
929 KB
Idioma
Español
No. de catálogo
v340593
Calificación
Sobresaliente
Etiqueta
insatisfacción

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Título: Insatisfacción corporal e ideas sobrevaloradas en danza