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Teoria, Proletariado y Cosificacion en Georg Lukacs

Trabajo Escrito 2011 18 Páginas

Filosofía - Filosofía del siglo XX

Extracto

ÍNDICE

I. INTRODUCCIÓN GENERAL

II. LUKÁCS: ALGO DE CONTEXTO

III. EL MÉTODO DIALÉCTICO

IV. REALIDAD, HISTORIA Y TOTALIDAD

V. EL PAPEL DEL PROLETARIADO

VI. EL FENÓMENO DE LA COSIFICACIÓN

VII. UNA BREVE CONSIDERACIÓN FINAL

BIBLIOGRAFÍA

I. INTRODUCCIÓN GENERAL.

El objeto de este ensayo es la obra Historia y consciencia de clase, del filósofo húngaro György Lukács; más concretamente, nuestro análisis se centrará en el primero de los capítulos de dicha obra, capítulo que trata de responder a la pregunta acerca de qué es, según este filósofo, el marxismo ortodoxo. Lo que en las páginas siguientes intentaremos hacer será aclarar y explicar los conceptos más importantes que vienen recogidos en dicho capítulo, y, para ello, hemos decidido dividir este trabajo en varias partes diferentes, aunque todas unidas entre sí. La estructura es la siguiente: tras un apartado en el que introduciremos brevemente la figura de Lukács y trataremos de contextualizarlo, pasaremos ya a centrarnos en lo que realmente nos interesa, comenzando en primer lugar respondiendo a la pregunta de qué es el marxismo ortodoxo, cuya respuesta no es otra que el método dialéctico. Comentaremos los rasgos más importantes de dicho método y hablaremos de lo fundamental que es tener muy claro a qué nos estamos refiriendo al hablar de la dialéctica materialista, con especial atención a la tesis de la unidad de teoría y praxis. A continuación, dedicaremos otro apartado a comentar la tesis de la historia como totalidad, y, seguidamente, hablaremos del papel que tiene que jugar el proletariado dentro de esa historia que ha de ser entendida como totalidad. Más adelante, hablaremos del fenómeno de la cosificación, que, aunque no se desarrolla en el texto titulado ¿Qué es marxismo ortodoxo?, sí que se menciona en alguna ocasión, y su importancia es tal que no creo que sea una buena idea el pasarlo por alto. Por último, se realizará una conclusión final, a modo de cierre, en la que básicamente nos limitaremos a mencionar, de forma muy breve, las opiniones de Martin Jay y Predrag Vranicki, dos estudiosos de Lukács, acerca del propio filósofo húngaro y de la importancia de su Historia y consciencia de clase, respectivamente.

II. LUKÁCS: ALGO DE CONTEXTO.

György Lukács nace en Budapest a mediados de abril de 1885, en una familia judía de la alta burguesía. Él, sin embargo, como si fuese una especie de «oveja negra» de la familia, prefería llevar un estilo de vida bastante más austero; de hecho, pronto se alejará de ese mundo de facilidades en el que se encontraba su familia y pasará a formar parte, tras el estallido de la Gran Guerra, del Partido Comunista húngaro. Algunos años antes de aquello, sin embargo, Lukács ya había elaborado sus primeros ensayos, queversan sobre la evolución del teatro moderno.Es destacable, por cierto, su obra El alma y las formas, publicada en 1911. Una vez finalizados sus estudios en Heidelberg, su teoría filosófica comienza a acercarse cada vez más a Hegel, dejando a Marx, de momento, apartado. Sin embargo, con la llegada de la Primera Guerra Mundial, vuelve a retomar la filosofía de Marx, dedicándole una especial atención al estudio de la dialéctica marxista. Su posición dentro del Partido Comunista fue tomando cada vez más importancia, y durante la revolución de 1919 llegó a ocupar el cargo de Comisario del Pueblo de Educación y Cultura en el gobierno soviético húngaro. Pero tras el fracaso de Béla Kun al frente del gobierno húngaro, Lukács se ve obligado a escapar a Viena, ciudad en la que colabora con algunos órganos de la III Internacional. En 1923 publica Historia y consciencia de clase, obra en la que recopila una serie de artículos escritos entre 1919 y 1922, y que se centra básicamente en la explicación del método dialéctico marxista. En 1929, cuando el nazismo ya empieza a tomar fuerza, se traslada a Moscú, y no regresa a su Budapest natal hasta finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando le es ofrecido un puesto como profesor en la universidad de la ciudad. Lukács murió en Budapest el cuarto día de junio del año 1971.

III. EL MÉTODO DIALÉCTICO.

«En cuestiones de marxismo, la ortodoxia se refiere exclusivamente al método ».[1] Así de contundente se muestra Lukács nada más comenzar el primer capítulo de Historia y consciencia de clase, capítulo en el que se pregunta qué es realmente el marxismo ortodoxo. Y es que todas aquellas teorías que señalaban que el marxismo ortodoxo no era más que tener una fe ciega en las tesis marxistas, o creer que en ellas está la verdad absoluta y que no se admite derecho a crítica, todas aquellas teorías, digo, no eran más que simples habladurías, interpretaciones equivocadas. Si aceptamos esas interpretaciones, que, como acabamos de señalar, son erróneas, entonces, si las nuevas investigaciones demostrasen la falsedad de las proposiciones marxistas, nadie podría ya presentarse al mundo afirmandoque es un marxista ortodoxo. Y, sin embargo, eso es algo que todavía es posible. ¿Por qué? Porque, como ha señalado Lukács, lo más propio del marxismo es el método, un método que es dialéctico.

Esa ortodoxia es la convicción científica de que en el marxismo dialéctico se ha descubierto el método de investigación correcto, que ese método no puede continuarse, ampliarse ni profundizarse más que en el sentido de sus fundadores. Y que, en cambio, todos los intentos de «superarlo» o «corregirlo» han conducido y conducen necesariamente a su deformación superficial, a la trivialidad, al eclecticismo.[2]

Aunque todas las tesis marxistas se equivocasen, uno podría todavía reafirmarse como marxista, pues lo esencial del marxismo no es ninguna tesis concreta, sino el método dialéctico. Concretamente, Lukács habla, mostrando así su influencia de Marx, de una dialéctica materialista[3]. ¿Cómo podríamos, llegados a este punto, definir el materialismo dialéctico? Quizá una primera definición podría ser la siguiente: el materialismo dialéctico, también llamado materialismo histórico, es aquella doctrina que sostiene que es el ser social el que determina la consciencia de los hombres, es decir, que son la realidad social y material y las tensiones y contradicciones que las forman las que condicionan la realidad humana. Bástenos de momento esta definición.

Para Lukács, la esencia del marxismo es la revolución, y, por tanto, la dialéctica materialista se presenta como una dialéctica revolucionaria. ¿Y qué implica que la dialéctica materialista haya de ser entendida como una dialéctica revolucionaria? Muy simple: nos estamos refiriendo aquí a la idea de la unión entre teoría y praxis. Para que la teoría pueda ser revolucionaria, tiene que haber alguien que, en la práctica, la lleve a cabo, la aplique. Tal y como señala Habermas:

Mientras la unidad de la razón solo sea pensada dialécticamente, mientras solo nos aseguremos de ella en el seno de la teoría, incluso una filosofía que rebase los límites de la racionalidad formal no hará más que reproducir la estructura cosificada de una conciencia que obliga al hombre a comportarse contemplativamente frente al mundo que el mismo ha creado. De ahí que de lo que se trata para Lukács [...] es de la realización práctica de ese plexo racional de vida que Hegel solo lleva a concepto especulativamente.[4]

En otras palabras, Habermas señala que lo que Lukács pretende esque la teoría sea llevada a la práctica, ya que mientras nos limitemos a pensarla y a mantenerla en la conciencia, sin trasladarla a la realidad, jamás podremos lograr que ésta sea transformada, sino que nos limitaremos a adoptar una actitud contemplativa frente a ella, que es justo lo que sucede con la filosofía hegeliana[5]. Tal y como señala Predrag Vranicki, «en el esfuerzo por superar el materialismo intuitivo, contemplativo, [...] Lukács ve la solución del problema del hombre en la tesis marxiana de la unidad de teoría y praxis»[6]. Por tanto, es necesario que teoría y praxis se unan, pero para que puedan unirse tiene que haber alguien que las una, alguien que lleve a cabo de forma práctica, en la realidad, esa teoría. Pero ese alguien no puede ser un alguien cualquiera, sino que tiene que ser un alguien que tenga consciencia de la realidad y que advierta la necesidad de desarrollar prácticamente esa teoría. Se tiene que dar, pues, una relación de reciprocidad entre la idea y la realidad: no basta solo con que la teoría reclame su aplicación práctica en la realidad, sino que también la realidad tiene que exigir, como algo necesario, la aplicación práctica de esa teoría. Que la revolución aparezca como la esencia del marxismo significa que es necesario que la realidad sea transformada mediante la aplicación práctica de una teoría. El problema central del método dialéctico es, por tanto, la transformación de la realidad. Y la única clase capaz de darse cuenta de la necesidad de transformar la realidad, la única clase capaz de tener esa consciencia de la realidad, es el proletariado[7].

Junto a la necesidad de que la teoría y la práctica se unan, otra de las determinaciones decisivas de la dialéctica es la interacción entre sujeto y objeto, que está directamente relacionada con la anterior. Y aquí también el proletariado juega un papel determinante, puesto que él mismo es el sujeto que conoce, y aquello que conoce, es decir, el objeto, es la propia sociedad capitalista, sociedad que no es más que un producto de la historia[8].Y puesto que el proletariado forma parte de esa sociedad capitalista, podríamos decir, por tanto, que dicho proletariado es, a la vez, sujeto y objeto de conocimiento[9]. Esto se enlaza con la tercera de las determinaciones básicas de la dialéctica, que es la transformación histórica de las categorías como fundamento de su transformación en el pensamiento; o dicho en otras palabras: para que una categoría, pongamos por ejemplo la categoría trabajo, o mercancía, o proletariado, o la que sea, surja en la mente del pensador, antes ha de haber aparecido en cierta forma en la realidad, una realidad que ha de ser entendida en relación al proceso total de la historia. La realidad de la sociedad capitalista, en la que surge el proletariado, es parte del proceso total de la historia, es decir, es producto de una evolución histórica, y no un mero hecho aislado. Sobre esto último hablaremos con más detalle en el siguiente apartado.

IV. REALIDAD, HISTORIA Y TOTALIDAD.

Que todo conocimiento de la realidad parte de los hechos es algo evidente. Pero ¿cómo hemos de ver e interpretar esos hechos? Lukács lo tiene claro: en relación a un todo, a una totalidad. Es propio del capitalismo el ver los hechos sociales como hechos aislados, y dentro de esta, por decirlo de alguna manera, visión capitalista de los hechos, se van desarrollando y van apareciendo nuevos campos de estudio que tratan de actuar como puramente científicos, como si fuesen ciencias naturales a pesar de no selo. Estos campos de estudio, tales como la economía o el derecho, entre otros, afirman que también ellos son capaces de observar hechos puros, no contaminados por ninguna tradición ni por ninguna teoría. En apariencia, podría parecer que no hay ningún problema a la hora de que tales campos se rijan por métodos científicos, es decir, parece que, en apariencia, sí que es posible que esas «ciencias» permitan la observación pura de hechos aislados, pero, sin embargo, esto es algo que choca de frente con el método dialéctico, un método que forma una unidad con la categoría de totalidad. Tal y como señala el propio Lukács, «la falta de cientificidad de ese método aparentemente tan científico consiste, pues, en que ignora y descuida el carácter histórico de los hechos que le subyacen».[10] Es la idea de la historia como totalidad: la historia es un proceso en el que los hechos, lejos de ser una mera acumulación de sucesos aislados, forman todos ellos una continuidad, están relacionados entre sí, todos tienen sus causas y sus consecuencias. La historia es una totalidadformada por una sucesión de hechos conectados entre sí y que se encuentran en un constante proceso de transformación, y cualquier interpretación de hechos siempre se realiza desde un punto de vista concreto, partiendo de una teoría ya dada, de una tradición, y, en definitiva, de unos hechos anteriores; de ahí que no pueda haber hechos aislados.«El conocimiento de los hechos no es posible como conocimiento de la realidad más que en ese contexto que articula los hechos individuales de la vida social en una totalidad como momentos del desarrollo social».[11] Así pues, podemos afirmar que cada acontecimiento, cada suceso, cada una de las distintas formas sociales que se han dado históricamente, tienen que ser vistas y entendidas teniendo siempre en cuenta que no son más que meros momentos de una totalidad cuya característica esencial es que es acontecer, suceder, devenir, acaecer social. La dialéctica materialista es, pues, una teoría del conocimiento de la realidad, pero una realidad entendida como totalidad:solo si se entiende el proceso de la historia como una totalidad podrá el hombre advertir la estructura real de la sociedad que le rodea, o, dicho en otras palabras, «solo integrando los hechos singulares de la vida social en una totalidad, como momentos del desarrollo histórico, resulta posible el conocimiento real de los hechos»[12]. Esta categoría lukacsiana de totalidad le permite al propio Lukács criticar tanto al capitalismo como al materialismo vulgar. Y precisamente en esta crítica es cuando entra en juego el concepto de totalidad concreta, que, a diferencia de la totalidad abstracta, es la categoría básica de la realidad. ¿Qué entendemos, entonces, por totalidad concreta? La totalidad concreta es, por decirlo brevemente, aquella en la que se muestran conjuntamente todos los rasgos y dimensiones de la realidad, esto es,aquella en la que los hechos socialesforman en conjunto una única unidad, pero no una unidad abstracta, sino una unidad que notrata de ir más allá de la suma de sus partes, es decir, una unidad formada por multitud de objetos o momentos diferentes, cada uno de ellos con una función determinada dentro de esa totalidad[13]. Esta idea de totalidad concreta se opone a la de totalidad abstracta, propia del denominado «materialismo vulgar», que únicamente trata a los hechos como hechos aislados y los acepta como tal, sin tratar de verlos en consideración a un todo del que formen parte y en el que cada uno de esos hechos tenga una función que haya de ser analizada en relación a ese todo.Por tanto, la consideración dialéctica de la totalidad concreta «es verdaderamente el único método que permite reproducir y captar intelectualmente la realidad. La totalidad concreta es, pues, la categoría propiamente dicha de la realidad».[14] Y puesto que la realidad es un todo formado por la evolución o transformación histórica de los hechos sociales, también la sociedad capitalista, con todo lo que ello conlleva, es parte de esa evolución. Y, de hecho, esa sociedad capitalista, «con sus internos antagonismos entre las fuerzas de producción y las relaciones de producción»[15], es el sustrato real del método dialéctico, es decir, es aquello que es necesario tener en cuenta para no caer en el idealismo, o, dicho de otro modo, es lo que nos permite captar la realidad y poder empezar a transformarla. Todos esos antagonismos internos, esas contradicciones, pertenecen a la esencia misma de la sociedad capitalista, son contradicciones necesarias. Y lo son porque se han dado dentro del proceso total de la historia: la totalidad tiene que ser considerada dialécticamente, es una totalidad que se ha ido transformando debido a las constantes contradicciones que han jugado algún papel dentro de ella, y cada objeto, cada acontecimiento, cada categoría, etc., que ha formado parte de esa totalidad, ha tenido una función relevante en el devenir de la historia. Para tratar de conocer objetivamente cualquier fenómeno hay que verlo en relación a esa totalidad, en relación a su carácter histórico y en relación a su función real dentro del proceso total de la historia. Teniendo esto en cuenta, podemos decir, pues, que gracias a la consideración dialéctica de la totalidad podemos llegar a conocer el constante hacerse[16] en el que se encuentra la realidad. Las palabras concretas de Lukács son las siguientes: «Llegados a este punto se aprecia por fin que la consideración de totalidad propia del método dialéctico es el conocimiento de la realidad del acaecer social»[17].

[...]


[1] LUKÁCS, G.: «¿Qué es marxismo ortodoxo?, en Historia y consciencia de clase, Grijalbo, Barcelona, 1975, pág. 2.

[2] Ibídem.

[3] La dialéctica de Hegel, en cambio, podríamos decir que es idealista.

[4] HABERMAS, JÜRGEN: «De Lukács a Adorno: La racionalización como cosificación», en Teoría de la acción comunicativa, Volumen I, Taurus, Madrid, 1987, pág. 462. La cursiva es de Habermas.

[5] La referencia a Hegel la comentaremos más adelante en este trabajo.

[6] VRANICKI, PREDRAG: «El debate marxista: György Lukács», en Historia del marxismo, Volumen II: de la III Internacional a nuestros días, Ediciones Sígueme, Salamanca, 1977, pág. 15.

[7] Con respecto a toda esta filosofía que proclama la unión entre teoría y praxis, Habermas señala que Lukács comete un error, error que es doble: por un lado, Lukács absorbe en la teoría la realización práctica de la filosofía, y, por otro lado, se representa la conversión de la filosofía en práctica como realización revolucionaria de la filosofía. «De ahí que [Lukács] tenga que atribuir a la filosofía -señala Habermas- un alcance mucho mayor del que la metafísica había reclamado para sí. Pues ahora la filosofía no solamente ha de ser capaz de pensar la idea de una totalidad que, como antaño, queda "hipostatizada" como orden del mundo, sino que también ha de dominar el proceso histórico universal, el despliegue histórico de esa totalidad a través de la práctica autoconsciente de aquellos que han de dejarse ilustrar por la filosofía sobre su papel activo en este proceso de autorrealización de la razón» (HABERMAS: Op. Cit., pág. 463). Por tanto, la teoría de Lukács es, para Habermas, una teoría ambiciosa, pero cargada de pretensiones prácticas; y, en el fondo, lo que Habermas opina es que, en realidad, aunque se presente como dialéctica materialista, la teoría que propone Lukács es una vuelta al idealismo objetivo.

[8] En el apartado IV del presente ensayo comentaremos más detenidamente qué queremos decir al señalar que la sociedad capitalista es producto de la historia.

[9] Con respecto a esta unión entre sujeto y objeto, Martin Jay apunta que, «para Lukács, el proletariado funcionaba a la vez como el sujeto y el objeto de la historia, realizando así el objetivo clásico del idealismo alemán de unir la libertad como una realidad objetiva y como algo producido por el propio hombre» (JAY, MARTIN: La imaginación dialéctica: una historia de la Escuela de Frankfurt, Taurus, Madrid, 1974, pág. 92.)

[10] LUKÁCS, G.: «¿Qué es marxismo ortodoxo?, en Historia y consciencia de clase, Grijalbo, Barcelona, 1975, pág. 7. La primera cursiva es mía; la segunda, del propio Lukács.

[11] Ibídem, pág. 10. La cursiva es de Lukács. Como simple aclaración, podríamos señalar que la historia ha de ser entendida como una evolución de los hechos sociales; la historia aparece, pues, como producto de la actividad del hombre, y, por tanto, ese hombre ha de ser capaz de hacerse dueño de la historia.

[12] CLAVELL, LUIS; SÁNCHEZ DE ALVA, J. L.: György Lukács: Historia y conciencia de clase y estética, Editorial Magisterio Español, Madrid, 1975, pág. 69. La cursiva es de estos autores, quienes, más adelante, señalan que, para Lukács, el «método dialéctico no sería otra cosa más que la aplicación de la categoría de totalidad; es decir, consiste no en tratar de individuar y analizar los fenómenos sociales -producción, distribución, consumo, etcétera-, sino en ver todos esos elementos como miembros de una totalidad». (Op. Cit, págs. 71 y 72.)

[13] «La relación entre la totalidad y sus momentos -escribe Martin Jay- era recíproca. Los marxistas vulgares se habían equivocado al buscar una derivación reduccionista de fenómenos culturales, superestructurales, a partir de su base socioeconómica, subestructural. [...] Todos los fenómenos culturales deben verse como mediados a través de la totalidad social, no meramente como el reflejo de los intereses de clase». (JAY, MARTIN: Op. Cit., pág. 104)

[14] LUKÁCS, G.: «¿Qué es marxismo ortodoxo?, en Historia y consciencia de clase, Grijalbo, Barcelona, 1975, pág. 11.

[15] Ibídem.

[16] Esto es una clara referencia a Hegel, tal y como señalan Luis Clavell y Sánchez de Alva en el ensayo ya citado. En la siguiente nota se volverá a mencionar esto y se aclarará un poco más.

[17] LUKÁCS, G.: Op. Cit., pág. 17.Luis Clavell y Sánchez de Alva, con respecto a la idea de totalidad como devenir o acaecer social,señalan: «Se trata de la totalidad hegeliana en constante hacerse. Este punto es importante para que no quede nada fijo y estable que ponga sus condiciones al hombre y a su actuación». (Op. Cit., pág. 73)

Detalles

Páginas
18
Año
2011
ISBN (Ebook)
9783668285484
ISBN (Libro)
9783668285491
Tamaño de fichero
603 KB
Idioma
Español
No. de catálogo
v338258
Instituto / Universidad
University of Murcia – Facultad de Filosofia
Calificación
1,3
Etiqueta
Lukacs Proletariado

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