Cargando...

Prevención de la violencia en menores internados por primera vez mediante planificación de actividades en centro de menores

Trabajo Escrito 2015 25 Páginas

PTrabajo social

Extracto

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

1 ANTECEDENTES TEÓRICOS
1.1 Perfil de los menores infractores
1.2 Intervenciones habituales
1.3 Planteamiento del problema
1.4 Procesos en la actualidad

2. METODOLOGÍA
2.1 Participantes
2.2 Diseño
2.3 Procedimiento

3 PROPUESTA DE PROCEDIMIENTO PARA EL CENTRO DE MENORES
3.1 Desmotivación para el comportamiento delictivo
3.2 Motivación al cambio
3.3 Reconocimiento de emociones y su influencia en la agresión
3.4 Practicando emociones positivas: el papel de la empatía
3.5 Ansiedad y su influencia en la agresión
3.6 Manejo de la ansiedad
3.7 Ira y comportamiento agresivo: evaluación (I)
3.8 Ira y comportamiento agresivo: evaluación (II)
3.9 Estrategias para el control de la ira
3.10 Practicando estrategias para el control de la ira en un primer momento
3.11 Practicando estrategias para el control de la ira Actuaciones posteriores

DISCUSIÓN

Referencias Bibliografía

RESUMEN

Existe un porcentaje alto de jóvenes que ingresan con características de personalidad violenta y que dentro de los centros de menores, generalmente debido al efecto estresante del encarcelamiento suelen empeorar y aparecer cuadros de violencia. En la actualidad los centros de menores no disponen de mecanismos de intervención que impidan de manera eficaz, sin llegar a medidas coercitivas, para realizar una intervención precoz que evite que derive en casos de mayor gravedad. Las intervenciones utilizadas suelen ser de emergencia y no sustituyen lo que debería de ser un proceso más largo e integrador dentro del individuo.

Se propone un modelo alternativo , que rehaga al individuo desde el centro e impida que el encarcelamiento sea un elemento de riesgo que incremente el nivel de agresividad en aquellos jóvenes que tienen problemas para el control de la violencia .

INTRODUCCIÓN

Los centros de menores mantienen continuamente alerta al personal de los, debido a que en muchas ocasiones se realiza el primer contacto del individuo con la institución y suele ser la antesala del tipo de vida que llevará de este momento en adelante. Los protocolos establecidos para el ingreso suelen representar una de los primeros contactos con una realidad que produce rechazo en el interno.

El joven con problemas de control de la agresividad normalmente se presenta como un solitario, alguien que está profundamente aislado a nivel emocional, que tiene pocos amigos íntimos, no es muy cercano en las relaciones íntimas, va a la deriva por la vida y la vida le parece aburrida o sin sentido. El joven muestra normalmente dificultades extremas en el acercamiento-evitación sin que se desencadene violencia. Suele venir a la atención psicológica a causa de una pérdida o amenaza de pérdida de una relación, o bien, debido a dificultades de relación con su entorno. Frecuentemente se describen a si mismos como violentos y tienden a identificarse más con las distancias entre las personas que con el contacto entre humanos. El contacto inicial con el ingreso suele ser un elemento muy desestabilizador para la persona.

Aparece un proceso de adaptación psicológica del individuo, en el que intervienen e interactúan estresores ambientales y existencia de condiciones higiénicas y médicas deficientes, la ausencia de espacios de esparcimiento, situaciones de hacinamiento, falta de intimidad, una estructura arquitectónica y organizacional en la que se desarrolla toda la vida del individuo y el alejamiento de las fuentes de apoyo social, todo lo cual, teniendo en cuenta las diferencias individuales en recursos, estrategias de afrontamiento y personalidad, afectaría al estado de salud psicológica y física del individuo (Gutiérrez, 1997).

Al realizar un programa sobre el amplio tema de la delincuencia juvenil o, delimitando más el campo, sobre la violencia institucionalizada en centros de menores, pronto se percata que dichos temas han sido objeto de estudio desde planteamientos jurídicos, psicológicos, de salud, sociológicos, históricos, antropológicos y aun económicos, pero desde la ciencia del trabajo social se asiste a la carencia casi absoluta de trabajos científicos al respecto. ¿Significa esto que el trabajo social no tiene nada que decir o aportar? La respuesta no puede ser sino categórica: en efecto, el trabajo social como disciplina no solo puede, sino que debe aportar conocimiento al estudio de una realidad desde hace mucho tiempo olvidada y apartada del saber práctico por distintas circunstancias.

1 ANTECEDENTES TEÓRICOS

1.1 Perfil de los menores infractores

En los menores infractores, existe una mayor incidencia, en la medida judicial, que suele agruparse entorno a los 16 y 17 años (Observatorio de la infancia 2013), habiendo de destacarse un cierto aumento en el número de mujeres en el sistema de reforma juvenil que, a aumentado hasta situarse en un si 17% del total de la población, incrementándose de manera significativa en los últimos años.

Las circunstancias que rodean a los menores son de diversa índole, los menores procedentes abarcan unas características amplias donde pueden verse desde circunstancias que guardan relación con responsabilidades parentales, con problemas en el colegio o con estilos educativos laxos y familias que permanecen sin ningún tipo de disciplina, y que durante años mantienen estilos de vida marginales y que son formas de vida que hacen más proclive la delincuencia.

En el caso de los menores inmigrantes, en algunos casos, por haber viajado a España de forma irregular se refleja que los menores emigran no acompañados y que van perdiendo los referentes familiares y van mimetizando estilos delictivos de conducta para aumentar su supervivencia, no cuentan con referentes familiares lógicos en su vida cotidiana. Como muestra Garrido, V., López, e., Silva, T., López, MJ. y Molina, P. (2006) en estos menores, en evidente el descenso dentro del sistema de ejecución de medidas judiciales, presentan, en general, una importante desestructuración personal, con estilos de vida altamente influenciados por grupos de iguales de características semejantes y con una situación de riesgo social evidente por tratarse de personas de gran vulnerabilidad.

Los últimos datos del Observatorio de la infancia del 2013 nos señala que existen una creciente incidencia en el sistema, encontramos menores que han realizado un proceso migratorio siendo adolescentes para reunirse con sus padres, que ya se encontraban en Europa, detectándose, a menudo, un sentimiento de soledad potente y una dificultad de comprender conceptos dentro de la sociedad actual, en una cultura con códigos de actuación muy diferentes, sin los apoyos necesarios. Una vez que llegan a España les resulta imposible adaptarse a las largas jornadas de trabajo que tienen sus padres y se enfrentan a que ellos no tienen tampoco acceso al mundo laboral fácilmente ni tampoco mantienen un interés por formarse, ya que las opciones laborales que perciben en su entorno son limitadas a trabajos de baja cualificación

Graña, J.L., Garrido, V. y González, L. (2008) exponen como las intervenciones con los menores infractores se debe apoyar en tres bases fundamentales de intervención más una cuarta que atiende al contexto familiar:

La intervención educativa y formativa en todos sus amplios contenidos: escolarización, formación profesional, deporte, educación no formal con las rutinas de la vida cotidiana, actividades de educación en valores y desarrollo personal.

La inserción laboral, como eje fundamental de inserción social, que comprende tanto desde el primer momento de búsqueda de empleo y desarrollo de las aptitudes para conseguirlo como el mantenimiento y el apoyo al menor durante el desarrollo y consolidación en el mismo.

La intervención terapéutica y profesional que atienda las necesidades criminógenas específicas, es decir, los factores de riesgo dinámicos presentes en cada caso. En este sentido, la Agencia desarrolla trabajos pioneros y, entendemos, de especial interés como el desarrollo de Programas Generales y Especializados de Tratamiento.

Estos autores añaden un cuarto aspecto, y éste no es otro que la intervención con la familia. Parece evidente que la información que se obtiene desde diferentes ámbitos, aumenta el papel fundamental de la interrelación familiar: el maltrato familiar ascendente o violencia filioparental, la pertenencia a grupos violentos o su influencia en el desarrollo de las carreras delictivas de los menores son algunos aspectos en los que la ascendencia de la familia se revela como fundamental.

El perfil del menor que comete un delito ha cambiado, así como las nuevas formas de delinquir. Si nos remontamos a hace unos años los menores se ajustaban mucho más al concepto de “carrera delictiva” el menor iba subiendo en peldaños de delincuencia hasta que llegaba a cometer un delito de cierta gravedad antes se le veía una trayectoria delincuencial así empezaba con delitos menores e iban aumentando el nivel de violencia y la intensidad volviéndose mayormente violento. Para ello el sistema generalmente guardaba antes de castigar severamente toda una serie de medidas que iban de manera escalonada: por lo que antes de sufrir el rigor de la ley había sido objeto de otras medidas (amonestación, libertad vigilada). En cambio, en la actualidad, nos encontramos con un número cada vez mayor de menores comenten un delito con una gravedad excesiva y casos en los que, en la primera vez que se interviene, se adopta una medida de contención porque la gravedad del delito —y la necesidad de una intervención en profundidad— así lo requieren. No nos olvidemos de que un buen número de estos actos conllevan o van íntimamente ligados a conductas violentas.

1.2 Intervenciones habituales

Los programas especializados y que se desarrollan con profesionales y centros específicos en cada una de las materias, donde el equipo técnico habitual (psicólogo, trabajador social y educador) se complementa con otros profesionales especializados en los distintos perfiles y programas, son en la actualidad:

Programa específico destinado al tratamiento de menores con comisión de este delito. Se considera que la gravedad de la conducta problema, así como el grado de conciencia de la misma, tanto por parte de la familia como del menor, y la colaboración de todos ellos en el tratamiento, constituyen los elementos fundamentales para orientar la intervención, disminuyendo, de este modo, la probabilidad de que se mantenga este comportamiento.

Programa específico que se desarrolla con menores que han cometido delitos contra la integridad sexual, en el que se incide, de forma primordial, en la empatía hacia la víctima, las distorsiones cognitivas que presentan, modificación del impulso sexual/autocontrol y prevención de recaídas; y donde desarrollan contenidos transversales que abarcan desde la educación sexual hasta las habilidades sociales y la intervención específica con la familia.

Programa de apoyo y refuerzo del proceso de deshabituación y rehabilitación del menor que presenta problemas de abuso o adicción a sustancias psicoactivas y precisa de un contexto estructurado en el que poder llevar a cabo una actuación terapéutica y que, por sus características personales y/o de régimen de internamiento no puede ser atendido ambulatoriamente o en otros programas.

Designación de centro específico y adecuación de la infraestructura y espacios favorecedores del desarrollo de la relación madre-hijo. Además de la intervención que se lleva a cabo en calidad de menores infractoras, se incide de forma importante en que adquieran una mayor concienciación sobre la responsabilidad maternal.

Este programa pretende la restauración y promoción de la salud mental y por tanto el ajuste y la armonía integral del menor, a través de la elaboración de un diagnostico diferencial de la psicopatología asociada a la comisión del delito imputado y el establecimiento de un tratamiento específico.

1.3 Planteamiento del problema

Diversos autores se han ocupado del estudio de los factores que serian responsables de estas elevadas tasas de agresiones dentro de los centros. De acuerdo a Bénèzech y Rager (1987), las causas posibles de los intentos de agresión serían diversas, pudiéndose barajar incluso factores judiciales, factores asociados a la situación misma de encarcelamiento y causas relacionadas con las características de la población. Entre las causas judiciales, la persona en centros puede resentirse psicológicamente de problemas como la lentitud de los procedimientos, las dificultades y características del proceso en menores, el formalismo jurídico. Archel y Rauvant (1989) señalan las agresiones pueden ser un recurso del menor para llamar la atención sobre sus condiciones judiciales, acelerar una resolución o retrasar un proceso pero también es una puerta donde se da vía libre a todos los delirios con los que se enfrenta el individuo.

[...]

Detalles

Páginas
25
Año
2015
ISBN (Ebook)
9783668032194
ISBN (Libro)
9783668032200
Tamaño de fichero
583 KB
Idioma
Español
No. de catálogo
v304202
Instituto / Universidad
University of Almería
Calificación
Etiqueta
prevención

Autor

Compartir

Anterior

Título: Prevención de la  violencia en menores internados por primera vez mediante planificación de actividades en centro de menores