Cargando...

Estrategia para la conservación del patrimonio cultural en el complejo arqueológico Chan Chan, Villa Del Mar, Perú

Tesis de Maestría 2012 110 Páginas

Ciencias Culturales - Ciencias culturales empíricas

Extracto

ÍNDICE

Resumen

Abstract

INTRODUCCIÓN
0.1. Situación problemática.
0.2. Problema científico.
0.3. Hipótesis.
0.4. Objetivos de la investigación.
0.4.1 Objetivo general
0.4.2 Objetivos específicos
0.5. Metodología.
0.5.1. Tipo de investigación
0.5.2. Población
0.5.3. Novedad científica
0.5.4. Muestra
0.5.5. Antecedentes

ASPECTOS TEÓRICOS-METODOLÓGICOS QUE FUNDAMENTAN UNA ESTRATEGIA PARA LA CONSERVACIÓN DEL PATRIMONIO CULTURAL
1.1. Cultura. Aspectos teóricos cardinales
1.1.1 Conclusiones teóricas
1.2. Patrimonio cultural e identidad. Una perspectiva teórica
1.2.1. Conclusiones teóricas
1.3. La comunidad. Espacio para la conservación del patrimonio cultural
1.3.1. Conclusiones teóricas

ESTRATEGIA SOCIOCULTURAL PARA LA CONSERVACIÓN PATRIMONIAL DEL COMPLEJO ARQUEOLÓGICO CHAN CHAN
2.1. Caracterización sociocultural del complejo arqueológico Chan Chan y el centro poblado Villa del Mar en Trujillo, Perú.
2.1.1 Chan Chan tierra del reino chimú
2.1.2 Naturaleza arquitectónica de Chan Chan
2.1.3 Economía, agricultura y pesca
2.1.4 Artesanía y otras manufacturas
2.1.5 Caracterización del centro poblado de Villa del Mar, Trujillo, Perú
2.1.6 Situación geográfica
2.1.7 Población
2.1.8 Estructura político administrativa
2.1.9 Organizaciones sociales, profesionales y civiles en general
2.1.10 Centros educacionales
2.1.11 Comunicaciones
2.1.12 Sistemas de salud
2.1.13 Estado general de las viviendas y demás instalaciones de la infraestructura
2.1.14 Caracterización sociológica urbana o rural
2.1.15 Religiosidad
2.1.16 Cultura artística y literaria
2.2. Fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas (FODA) que tienen incidencia en la conservación patrimonial del complejo arqueológico Chan Chan.
2.2.1 Fortalezas
2.2.2 Oportunidades
2.2.3 Debilidades
2.2.4 Amenazas
2.3. Estrategia. Plan de acciones socioculturales para la conservación patrimonial del complejo arqueológico Chan Chan.
2.3.1 Objetivos estratégicos
2.3.2 Grupo gestor
2.3.3 Implementación
2.3.4 Acciones
2.3.5 Concientización de la comunidad
2.3.6 Visitas al sitio histórico
2.3.7 Exposición fotográfica “Chan Chan revive”
2.3.8 Feria de lectura
2.3.9 Evaluación

Conclusiones

Recomendaciones

Referencias bibliográficas

Anexos

RESUMEN

El trabajo sociocultural comunitario, se ha plantado en la actualidad como el punto de partida para la solución científica de las problemáticas que enfrentan las comunidades de estos tiempos La presente investigación es una estrategia para la conservación del patrimonio en el complejo arqueológico Chan Chan, Villa del Mar, Perú. Es, asimismo, el resultado de la realización de un estudio científico que se llevó a cabo en el centro poblado de Villa del Mar en Trujillo, Perú. En la misma se identificaron los problemas socioculturales de identidad cultural, irresponsabilidad social e indolencia institucional que atentan contra la conservación del patrimonio cultural en la comunidad objeto de estudio.

El análisis de los aspectos teóricos-metodológicos que fundamentan una estrategia sociocultural para la conservación del patrimonio cultural, permitió arribar a un nuevo saber, el cual funcionó como sustento teórico para el desarrollo y puesta en valor de la estrategia.

De esta manera, el proceso de ejecución de la estrategia sociocultural permitió la caracterización del complejo arqueológico Chan Chan y el centro poblado Villa del Mar en Trujillo, Perú, así como la identificación de las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas que tienen incidencia directa en la conservación patrimonial del sitio histórico.

El aporte fundamental de la investigación fue la implementación de una estrategia sociocultural, que sobre la búsqueda consciente y el ejercicio de la participación y la coordinación, garantizó una accionar coherente de todos los agentes socioculturales involucrados durante el desarrollo de la misma.

Palabras clave: cultura, estrategia sociocultural, patrimonio e identidad cultural, complejo arqueológico Chan Chan, Villa del Mar

ABSTRACT

The community cultural work has been planted today as the starting point for the scientific solution of the problems facing communities in these times.

This research is a strategy for heritage conservation in the Chan Chan archaeological site, Villa del Mar, Peru. It is also the result of conducting a scientific study that was conducted in the town center of Villa del Mar in Trujillo, Peru. In it, the sociocultural issues of cultural identity, social irresponsibility and institutional indolence that threaten the conservation of cultural heritage in the community under study were identified.

The analysis of the theoretical and methodological aspects underlying a sociocultural strategy for the conservation of cultural heritage, allowed reaching new knowledge, which worked as a theoretical basis for the development and enhancement of the strategy.

Thus, the implementation process of sociocultural strategy allowed the characterization of the archaeological site Chan Chan and populated Villa del Mar in Trujillo, Peru center as well as the identification of strengths, weaknesses, opportunities and threats that have direct impact on heritage conservation of the historic site.

The main contribution of this research was the implementation of a sociocultural strategy that about finding conscious and exercise participation and coordination ensured a consistent actions of all socio-cultural agents involved in the development of it.

Keywords: culture, sociocultural strategy, heritage and cultural identity, Chan Chan archaeological site, Villa del Mar

INTRODUCCIÓN

Como nunca antes, la cultura de los pueblos está en peligro. Se ve amenazada por la globalización neoliberal que trata, entre otras cosas, de borrar las identidades de los pueblos y sus elementos culturales autóctonos a través de modelos alienantes que los alejan de sus más profundas raíces identitarias. Este fenómeno repercute negativamente en la preservación y conservación de la memoria histórica de los pueblos de todo el mundo.

En el continente americano, especialmente en los países de Latinoamérica, se cuenta con una riqueza patrimonial legítima y muy diversa que es asimilada y reconocida en el mundo no solo por su excepcionalidad patrimonial; sino por la significación cultural que la misma posee para los originarios y todos los habitantes del planeta que ven en la misma una herencia patrimonial a preservar para goce de futuras generaciones.

Con la llegada de Cristóbal Colón a estas tierras, se produce el denominado encuentro, choque o colisión de su cultura con la nuestra, también se habla de descubrimiento, lo que no se sabe todavía es, quién descubrió a quién, porque los aborígenes que encontraron estos colonizadores, poseían un importante desarrollo de la astronomía y la arquitectura, en muchos casos ya contaban con viviendas, medicina, religión, formas de vestir, además de sofisticados mecanismos de cultivo y otras manifestaciones culturales que llegan hasta nuestros días.

Muchas de estas culturas tuvieron centro de coincidencia en el Perú, región donde se desarrollaron sociedades de alta complejidad política y cultural entre el tercer milenio a.C. y el año 1532, época en que se desata la conquista de país. Los hallazgos arqueológicos desde esa fecha hasta hoy en la nación; demuestran que se trata de un país donde confluyeron diferentes civilizaciones como la inca, moche, tiahuanaco, huari, nazca, chimú, entre otras.

Cuna de la cultura chimú fue el sitio que hoy conocemos como el complejo arqueológico Chan Chan. El lugar se encuentra ubicado frente al mar Pacífico en el valle Moche en la ciudad de Trujillo, Perú.

A pesar de todo ello, son escasas las menciones y referencias de este complejo en los documentos más antiguos, en el mejor de los casos, se refieren al lugar como una ruina. Esto ha hecho suponer a entendidos, que el sitio fue saqueado por parte de los incas aproximadamente en el año 1470, por ello, cuando Francisco Pizarro llega a estas tierras el lugar era, a penas, un pálido reflejo de su viejo esplendor habitado por personas de escasa importancia política y económica.

Una entrevista aplicada a directivos, expertos e investigadores arrojó que existen factores de índole sociocultural que afectan la conservación patrimonial del complejo arqueológico Chan Chan. Sobresalen los problemas de identidad cultural, gracias a que un importante por ciento de la población entrevistada, no se sentía identificada con su patrimonio cultural y no tenían conciencia acerca de la importancia sociocultural de sus bienes. Por otra parte, existía una indolencia institucional que se tradujo en falta de organización y agilización, control y coordinación de actividades en el sitio.

Por su parte, la observación científica nos permitió comprender que existe un daño social (arrojo de basuras, búsqueda de tesoros, huertos dentro de propio complejo y otros) provocado por los propios miembros de la comunidad, la irresponsabilidad de los visitantes (turistas nacionales y extranjeros) y la deficiente gestión de los guías de turismo, quienes ven en esta actividad una posibilidad de lucro y no un espacio para contribuir con la conservación y promoción de la historia. Esta situación se ve muy arraigada también en la conciencia de los habitantes del centro poblado de Villa del Mar, comunidad seleccionada para la realización de esta investigación.

Con la culminación de la indagación científica, se reveló que en el centro poblado de Villa del Mar persisten problemas socioculturales que afectan la conservación patrimonial del complejo arqueológico Chan Chan, los cuales son amenazas que limitan su perdurabilidad en el tiempo. Entre ellos la falta de sentido de pertenencia. Un elevado por ciento de la población (62, 3 %) carece de ingresos regulares, teniendo que mantenerse de la economía informal, acumulándose a partir de esta problemática los consabidos problemas de insalubridad, analfabetismo y marginalidad. Muchos de estos problemas se han diagnosticado con anterioridad, pero no han sido resueltos a partir de soluciones inmediatas por parte de las instituciones encargadas.

De igual manera los problemas sociales que se manifiestan en el lugar no han sido abordados con la suficiencia requerida desde la ciencia, por ello, muchos de los mismos carecen de diagnóstico y propuestas de solución.

Según encuesta aplicada 371 (74,2 %) refieren vivir en Villa del Mar desde hace más de cinco y de diez años respectivamente, sin embargo, el 80,5 % de los encuestados, 403, refiere que las condiciones de vida en este poblado son malas o regulares y 312, el 62,4%, señala que preferiría vivir en otro lugar. El mayor por ciento en la ciudad de Trujillo, en el Balneario Huanchaco o en Huanchaquito. Por su parte, la mayoría menciona al sacerdote y al alcalde como personalidades famosas del poblado. Sólo 378 señalaron correctamente el gentilicio de los pobladores de Villa del Mar, es decir el 75,6 %, y 255, el 51 % de los encuestados, menciona el complejo arqueológico de Chan Chan como edificación importante de la zona. Ver anexo 1

Todo lo anteriormente planteado confirma la carencia de un fuerte sentido de identidad local, que sería el ambiente improcedente para la conservación de todas sus riquezas patrimoniales, y en particular, las relacionadas con la huella ancestral de las civilizaciones que poblaron esta zona.

Por otra parte, el complejo arqueológico Chan Chan presenta un marcado estado de deterioro por su inadecuada explotación turística, la falta de recursos para su restauración y las afectaciones de las inclemencias climatológicas; así como la falta de conciencia en torno a la importancia de su conservación.

Lo abordado anteriormente, más el análisis y procesamiento de toda la información desde el marco teórico conceptual y desde la perspectiva adoptada en el marco metodológico, nos permite definir de esta manera el problema científico:

¿En qué medida una estrategia para la conservación patrimonial del complejo arqueológico Chan Chan, contribuye con el fortalecimiento de la identidad cultural en los habitantes del centro poblado de Villa del Mar, Perú?

Por ello planteamos la siguiente hipótesis:

Una estrategia sociocultural con acciones centradas en resolver los problemas de identidad cultural, permitirá contribuir con la conservación patrimonial del complejo arqueológico Chan Chan y el desarrollo cultural del centro poblado referente.

Objetivos de la investigación:

El objetivo general de esta investigación es elaborar una estrategia sociocultural para la conservación del patrimonio en el complejo arqueológico Chan Chan, fortaleciendo la identidad cultural local y la responsabilidad institucional en el centro poblado de Villa del Mar y público en general.

Los objetivos específicos son:

- Realizar un análisis teórico conceptual para, desde una perspectiva crítica, establecer el posicionamiento científico metodológico de la investigación.
- Caracterizar el complejo arqueológico Chan Chan y la comunidad de Villa del Mar en Trujillo, Perú como escenario de implementación de la estrategia para la conservación que se llevará a cabo.
- Determinar las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas que inciden en la conservación patrimonial del complejo arqueológico Chan Chan.
- Aplicar una estrategia sociocultural para la conservación patrimonial del complejo arqueológico Chan Chan. Teniendo en cuenta la participación del grupo gestor y la población beneficiaria.
- Evaluar los resultados de la estrategia sociocultural para la conservación patrimonial del complejo arqueológico Chan Chan, aplicada en el centro poblado de Villa del Mar.

En la presente investigación se asumió la complementariedad metodológica o síntesis multimetodológica, perspectiva que facilitó el uso combinado de diferentes perspectivas teóricas y metodológicas con los estilos investigativos cualitativos y cuantitativos.

La observación científica permitió la recolección de información preliminar, la que proporcionó un primer criterio valorativo de la problemática en cuestión a partir de la recolección de datos observables. De la misma manera, la aplicación de entrevistas a directivos, expertos e investigadores nos facilitó el acceso a información clasificada y directa relacionada con los objetivos específicos de la investigación. Asimismo, la revisión de documentos nos permitió acceder a datos significativos relacionados con los antecedentes históricos del sitio arqueológico.

A través de estos y otros métodos y técnicas utilizados, pudimos comprender la dinámica de muchos de los procesos socioculturales que ocurren en lugar. Estos procedimientos nos facilitaron una salida metodológica ante cada interrogante surgida durante el proceso de la investigación.

La población utilizada para la validación de la problemática a la que se hace referencia en la tesis, corresponde a moradores del centro poblado Villa del Mar, Trujillo, Perú, trabajadores del complejo arqueológico Chan Chan (conservadores, restauradores, arqueólogos y otros), así como personalidades de la cultura, la educación y el gobierno de Trujillo, Perú.

Para la muestra se seleccionó un subconjunto de aproximadamente 500 personas, la mayor parte moradores del centro poblado de Villa del Mar y el resto, trabajadores del complejo arqueológico Chan Chan. Según los resultados de la fórmula para calcular población y muestra cuando la población es finita, la muestra es representativa. Ver anexo 24

La investigación que proponemos es novedosa. Nos basamos en el criterio de que no se ha elaborado con anterioridad una estrategia sociocultural enfocada en la conservación patrimonial del complejo arqueológico Chan Chan en Perú y que pretenda accionar sobre el fortalecimiento de la identidad cultural local y la responsabilidad institucional.

El proceso de la investigación permitió el estudio de teorías relacionadas con la cultura, el patrimonio y la identidad culturales; la comunidad y las estrategias según sus usos, entre otras.

Los principales autores citados fueron Bohannan, Glazer, Marta Arjona, Néstor García Canclini, Mario Vargas Llosa y Abel Prieto Jiménez. Asimismo, Rafaela Macías Reyes, Gloria Fariñas, Edgardo José Venturini y Rolando Bellido. También, Víctori Ramos, Rosental e Iudín, Pablo Guadarrama, Henrique Abranches, Fernando Tönies, Enrique Ubieta, Cristóbal Campana, entre otros.

El estudio propone una estrategia sociocultural que permite caracterizar el complejo arqueológico Chan Chan y la comunidad de Villa del Mar en Trujillo, Perú. Se determinaron las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas que tienen incidencia en la conservación patrimonial sitio arqueológico mencionado y en consecuencia se desarrolló un conjunto de acciones socioculturales para resolver los problemas detectados. De la misma manera fueron evaluados los resultados de la estrategia sociocultural aplicada al complejo arqueológico y el centro poblado Villa del Mar.

La investigación está estructurada en: Introducción, dos capítulos, Conclusiones, Recomendaciones, Bibliografía y Anexos. En el primer capítulo, Aspectos teóricos-metodológicos que fundamentan una estrategia para la conservación del patrimonio cultural, se desarrollan los marcos teórico conceptual y metodológico y finaliza con el arribo a nuevos conocimientos teóricos relacionados con la temática abordada.

En el segundo capítulo, Estrategia sociocultural para la conservación patrimonial del complejo arqueológico Chan Chan, se realiza la caracterización sociocultural del sitio arqueológico mencionado y del centro poblado de Villa del Mar en Trujillo-Perú, se determinan las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas que tienen incidencia en la conservación patrimonial del sitio; se proponen las acciones que sustentan la propuesta sociocultural de la estrategia y se evalúan los resultados de la estrategia sociocultural aplicada al complejo arqueológico Chan Chan y el centro poblado Villa del Mar.

La investigación aporta aspectos medulares de la cultura a tener en cuenta para el desarrollo de proyectos socioculturales enfocados en el fortalecimiento local, nacional e internacional de la identidad cultural en cualquiera de sus formas.

ASPECTOS TEÓRICOS-METODOLÓGICOS QUE FUNDAMENTAN UNA ESTRATEGIA PARA LA CONSERVACIÓN DEL PATRIMONIO CULTURAL

En la actualidad, la complejidad de los temas culturales impulsa a instituciones socioculturales e investigadores en busca de formas novedosas para resolverlos. Una de ella es a través de proyectos, programas o estrategias.

Para proponer una estrategia sociocultural es necesario tomar en cuenta varios aspectos. En primer lugar, debe estar fundamentada sobre bases teóricas y metodológicas adecuadas a la realidad social del campo de la investigación, profundizar en los estudios que aporten herramientas apropiadas para resolver problemáticas socioculturales que la investigación focalice. También esta debe dar lugar al surgimiento de un nuevo saber sobre la temática que se aborde durante el transcurso de la propia investigación.

En el presente capítulo se sistematizarán los aspectos teóricos-metodológicos que permiten el posicionamiento científico de la investigación, la misma que finaliza con la elaboración de una estrategia sociocultural que tiene como objetivo principal la conservación patrimonial del complejo arqueológico Chan Chan, fortaleciendo la identidad cultural local y la responsabilidad institucional del centro poblado de Villa del Mar y público en general.

1.1- Cultura. Aspectos teóricos cardinales

El origen de las sociedades, evolución y su desarrollo son temas singulares de la cultura colectiva de los pueblos, que se distinguen por su lenguaje, ideas, creencias, códigos sociales, técnicas, ritos, concepciones artísticas, étnicas, religiosas y otras. Al tiempo que se conciben de manera particular en cada sociedad como parte del patrimonio cultural.

En los siglos XVI, XVII y XVIII resurgieron las teorías evolucionistas, en particular las concernientes al desarrollo del universo y a la evolución del sistema solar. La astronomía, la geología y la paleontología, et al, contribuyeron con la difusión de ideas evolucionistas. Ya en esta época se intentó explicar de diversos modos la sociedad, y el pensamiento sobre los fenómenos y procesos culturales de este tiempo estuvo marcado por la impronta del evolucionismo cultural.

La probidad dicta que para analizar el concepto de cultura se debe comenzar, por su carácter abarcador; por el concepto de cultura que expresara en el siglo XIX Edgard Burnett Taylor (Bohanan y Glaser; 2003: 61) al afirmar “La cultura o civilización, en sentido etnográfico amplio es aquel todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre en cuanto miembro de la sociedad”.

Abordar la cultura desde una perspectiva epistemológica, exige una alto compromiso, gracias al amplio diapasón de conceptos que se han generado en relación con esta temática. Por ello, cualquier definición teórica del concepto tropieza con el obstáculo de la extrema diversidad de significados con que se aborda, la pluralidad de puntos de vista, así como la variedad de ciencias desde la cual se interpreta, además de la heterogénea cosmovisión de sus autores.

Víctori Ramos considera que “[…] el pensamiento cultural latinoamericano, […] ha estado presente, durante más de un siglo, el problema de la identidad nacional. Sus preocupaciones han llegado a confundir los presupuestos teóricos de lo cultural y lo nacional, y obviar el vasto escenario de las culturas locales, étnicas y de grupos sociales […] con base en los elementos de la cultura.” (2000: 209)

La cultura, según definición filosófica, proviene del latín cultura y se define como:

Conjunto de valores materiales y espirituales, así como de los procedimientos para crearlos, aplicarlos y transmitirlos, obtenidos por el hombre en el proceso de la práctica histórico-social. En un sentido más estricto de la palabra, suele hablarse de cultura material y de cultura espiritual. La cultura es un fenómeno histórico que se desarrolla en dependencia del cambio de las formaciones económico-sociales. (Rosental e Iudín; 1984)

En el ejemplo citado anteriormente se explica la cultura desde dos dimensiones fundamentales: material y espiritual. Según la Unesco, la cultura puede considerarse como un:

Conjunto de rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores y las creencias. La cultura da al hombre la capacidad de reflexión sobre sí mismo. Ella es la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. Por ella es como discernimos los valores y realizamos nuestras opciones. Por ella es como el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente y crea obras que lo trascienden.

El carácter material de la cultura es el resultado de la creación humana. La cultura “[…] es un elemento fundamental de la vitalidad de toda sociedad, sintetiza las actividades de un pueblo, sus modos de producción y de apropiación de los medios materiales, su formas de organización, las creencias y sus padecimientos, […] sus sueños y conquistas.” (M´bow; 1977: 10)

De igual manera, puede considerarse la cultura como un elemento que agrupa todas las cualidades del hombre dentro de su espacio social determinado mediante las aptitudes, costumbres, experiencias diversas, así como la creación concreta del hombre. El término es evidente en las obras de arte, creaciones literarias, hábitos alimenticios, de cultivo, rituales, la manera de lucir nuestra vestimenta y en nuestras aptitudes o capacidad de relación con quienes convivimos. La cultura es una expresión humana en la que participan los miembros de las sociedades.

Un ejemplo de interpretar la cultura desde una óptica humanizante y diferente lo proponen las doctoras en ciencias Rafaela Macías Reyes y Alicia Martínez Tena en conferencias sobre estudios culturales de comunidad. Ellas comprenden que la cultura es un fenómeno que tiene su surgimiento a partir de la creación humana, porque valoran el término desde una posición diferente y mucho más profunda como lo es el género.

La cultura se revela en la acumulación de hábitos, habilidades, costumbres y conocimientos, que tienen su expresión en las actuaciones cotidianas de hombres y mujeres en todas las esferas de la vida, de su conducta regular, coherente, repetible, estable y recurrente […] se nos presenta como autoconciencia de una comunidad históricamente condicionada, indicando los niveles micro y macro, el grado de desarrollo que ha alcanzado el hombre como género. (Macías y Martínez, 2003; citada en Pupo; 2008: 13)

De esta forma, se reconoce que los seres humanos, durante el transcurso de los siglos han decidido vivir en sociedades para poder beneficiarse mejor de las bondades de la organización. La cultura es creada por los hombres y constituye una forma singular de poner en común el quehacer de las personas.

Por otra parte, la tecnología facilita el aspecto organizativo en la vida cultural del hombre, otras veces las condiciona. Sin embargo, separar excesivamente estos elementos conllevaría a olvidar que hay aspectos comunes en el concepto de evolución cultural, que son de carácter sociocultural y tecnológico.

Realizadas las consideraciones anteriores se comprende que la cultura viene con nosotros desde el momento en que nacemos, gracias a que somos el producto de nuestros progenitores en principio, y en fin, somos claramente influenciados por el entorno y las diferentes vivencias a través de la vida. La cultura habita en nuestra mente y alcanza su mayor connotación en los diversos contextos socioculturales.

Un concepto antropológico de cultura la explica como “[…] un grupo organizado de ideas, hábitos y respuestas emocionales condicionadas, compartidas por los miembros de una sociedad, […] la sociedad y la cultura están siempre unidas, […] sin cultura, un grupo de individuos no es una sociedad, sino meramente un colectivo.” (Bohannan y Glazer; 2005: 205) Entonces las culturas poseen una organización social determinada, basada en la retroalimentación vital que le permita su sostenibilidad a corto, mediano y largo plazos.

La verdad en torno a la cultura debe ser asumida desde una posición mucho más profunda y esclarecedora. “El ser humano crea la cultura y, al mismo tiempo, es creado por la cultura […] Se concibe al ser humano social como parte condicionada y más o menos determinada por una cultura, y también como creador, enriquecedor de sí mismo y transformador de su cultura”. (Bellido; 2009: 58)

Cultura, son los elementos de índole material o espiritual que han sido producidos por el ingenio humano, organizados lógica y coherentemente, que incluyen los conocimientos, las creencias, el arte, la moral, el derecho, los usos, las costumbres, las fiestas, los alimentos, los sistemas políticos, la manera de pensar, los medios de convivencia, el cuidado al medio ambiente, la manera de jugar al fútbol, la guerra y las armas, los actos humanitarios y todos los hábitos y aptitudes adquiridos por los seres humanos.

Desde el enfoque sociológico se conoce que el término cultura ha estado históricamente ligado con las colectividades, por lo que su interpretación se convierte en una encomiable labor, gracias a la variedad de concepciones que han surgido a raíz de este fenómeno, ello no significa que esté en una situación de vanguardia con relación a otras temáticas sociales, para ello queda mucho por hacer todavía.

Para Tylor (1871) “la cultura […] es aquel todo complejo que incluye el crecimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre en cuanto miembro de la sociedad”. El término se funde en un conjunto de significados que complejiza la cultura con respecto a otras manifestaciones, porque abarca la complejidad sociocultural de los grupos.

En la actualidad se plantea que “la sociología cultural […] se ocupa de los procesos sociales de toda producción social, incluyendo aquellas formas de producción que pueden denominarse ideológicas”. (Basail y Álvarez; 2006: 97) Otra atinada interpretación la sugiere la Unesco:

El hombre es el medio y el fin del desarrollo; no es la idea abstracta y unidimensional del homoecoomicus, sino una realidad viviente, una persona humana, en la infinita variedad de sus necesidades, sus posibilidades y sus aspiraciones. Por consiguiente, el centro de gravedad del concepto de desarrollo se ha desplazado de lo económico a lo social, y hemos llegado a un punto en que esta mutación empieza a abordar lo cultural.

La reflexión está planteada sobre tres elementos básicos: necesidades, posibilidades y aspiraciones. Las necesidades son la expresión de lo que un ser vivo requiere indispensablemente para su conservación y desarrollo dentro de la comunidad y su entorno.

Por otra parte, las posibilidades y las aspiraciones del hombre en la sociedad vienen ligadas a la manera alternativa de percibir sus necesidades y metas dentro del propio contexto comunitario y el desarrollo cultural de la misma. La cultura posee gran significación en las organizaciones socioculturales, especialmente, por ser el hombre quien la produce con su imaginación y creatividad. “Cultura son las creencias y valores aprendidos, así como los patrones de comportamiento característicos que existen dentro de una organización” (Chibás; 2001: 16)

De esta manera se entiende que estos patrones implícitos dentro la cultura, están tradicionalmente arraigados en la vida del hombre, por ello deben convertirse no solo en objetos, sino en sujetos de la cultura. Es necesario tener una concepción global del concepto y sus usos, así como los distintos procesos que abarca el propio término, además de la misma fuerza para propiciar que los gestores del desarrollo cultural sean auténticos protagonistas en su labor y al propio tiempo, capaces de orientar sus acciones y aspiraciones a partir de necesidades concretas que existen en la comunidad.

Bohannan y Glazer también explican que “tanto las sociedades como las culturas son continuas. Persisten a través del tiempo […] Ambas son en gran medida autoperpetuas. Esta persistencia de la sociedad y la cultura está; desde el punto de vista de la sociedad, basada en la formación de individuos; cuando se ve desde el punto de vista del individuo […]” (2005: 205)

Es preciso -necesario- detenernos en estos planteamientos, para interpretar la relación que existe entre sociedad y cultura, se necesita comprender que una depende de la otra indistintamente, consciente o no; pero significa un proceso secular que ha venido sucediendo con el paso de los años. “La cultura no solo representa la sociedad, también cumple, dentro de las necesidades de producción de sentido, la función de reelaborar las estructuras sociales e imaginar nuevas. Además de representar las relaciones de producción contribuye a reproducirlas, transformarlas e inventar otras”. (Canclini; 1981: 1)

Se entiende por cultura “la medida en la que el hombre domina las condiciones de su existencia en una realidad histórico concreta”. (Guadarrama y Pereliguin; 1990) Aquí se resalta el carácter histórico-concreto de la cultura a partir de una visión filosófica y humanista complementaria, debido a la connotación histórica que representa la vida cultural del hombre a lo largo de la historia. El aporte está, en que los autores no se centran exclusivamente en la cultura desde el arte, sino que abarcan el fenómeno desde otras aristas o facetas de la sociedad y su desarrollo ulterior. Cultura es “aquella que no es tanto un resultado, sino una decisión consciente de cómo se quiere ser, […] una cultura que mire al hacia el futuro, aun cuando se apoye y tenga en cuenta la cultura inconsciente, la cultura del pasado.” (Cembranos, et al., 1992)

Las observaciones anteriores permiten interpretar la cultura desde una óptica sostenible, pero con la mirada puesta en el presente-futuro y una profunda concepción del pasado. En la actualidad es una de las maneras más comunes de explicar este concepto, pero en esta interpretación no se valoran otros puntos neurálgicos como los fenómenos socioculturales que ocurren mediante la cristalización de los diferentes procesos culturales, tampoco se hace referencia de forma explícita, al desarrollo y aprendizaje del hombre como gestor fundamental de la cultura en cada uno de los ámbitos socioculturales.

Gloria Fariñas León (2005), en un estudio sobre el desarrollo humano señalaba que:

El hombre origina la cultura y se enraíza en esta, en cooperación con los demás hombres […] Cada hombre es asistido por otro, de un modo directo o indirecto en su desarrollo así como en la preservación y enriquecimiento del patrimonio cultural-natural. El hombre debe ser educado. Por otra parte retribuye a los demás con su trabajo creador.

La autora aborda el desarrollo del hombre como gestor de la cultura dentro de su propio entorno, pero lo hace desde una posición diferente, gracias a que comprende que detrás de toda la cultura hay un proceso de cimentación la misma hay un proceso de creación. Fariñas no entiende la cultura, solamente, como resultado de un proceso educativo institucionalizado, sino como producto de la experiencias vividas en relación con sus semejantes donde también entra el tema educativo.

Otra perspectiva de este enfoque se sustenta, en que la escritora valora el origen de la cultura como un factor histórico que es producto del desarrollo humano en sus diferentes facetas.

Asumimos que “la cultura de un pueblo descansa no solo en lo que se hace en pos del desarrollo en general para que se mantengan los elementos distintivos que hablan de la identidad de una comunidad, sino en cómo se hace y para qué se hace […]” (Macías, 2011)

La cultura se expresa en cada acto humano. Para asegurar la continuidad de este intercambio y su supervivencia en el tiempo. A la cultura pertenece el establecimiento de reglas o normas que regulen el comportamiento social, presenta los atributos de lo relativo y particular. La cultura tiene la peculiaridad de mediar en las manifestaciones sociales de cualquier índole. Abel Prieto Jiménez (1996), subrayó que cultura es:

[…] la suma de los conocimientos transmitidos de una generación a otra, la memoria colectiva, la herencia social que hace posible la integración de los miembros de la comunidad, impregnándole sus normas de comportamiento, valores, sabiduría y habilidades; la síntesis de los valores materiales y espirituales de una sociedad determinada, la personalidad de cada pueblo es en sí su cultura. (Citado en Castellano; 2008: 23)

Esta reflexión permite un acercamiento con el vínculo existente entre la cultura y los bienes que la conforman, así como su relación con la creación humana. Abel vincula el concepto de cultura, con los valores, las costumbres, los estilos de vida, las normas, las pautas, las formas y otros.

Un concepto más acabado lo propuso García Canclini (1981), cuando escribió que cultura “es producción de fenómenos que contribuyen mediante la representación simbólica de las estructuras materiales a reproducir o transformar el sistema social.” Esta definición apuntala la importancia de la cultura desde una perspectiva social y transformadora. Ello la hace doblemente útil si entendemos que la comprensión general de los procesos culturales de la sociedad sólo puede alcanzarse mediante una aproximación teórica, epistemológica y metodológica muy variada.

A modo de conclusiones teóricas proponemos que:

- La cultura es un concepto que agrupa todas las cualidades del hombre dentro de un espacio sociocultural,
- es creada por los hombres y constituye una forma singular de poner en común su quehacer cotidiano.
- Habita en nuestra mente y alcanza su mayor connotación en los diversos contextos socioculturales.
- La cultura la componen los elementos de índole material o espiritual, que han sido producidos por el razonamiento humano,
- posee gran significación en las organizaciones socioculturales, especialmente, por ser el hombre quien la produce;
- se expresa específicamente desde la identidad cultural y
- tiene la peculiaridad de mediar en las manifestaciones socioculturales de cualquier índole.

Estas precisiones, permiten valorar la cultura como un saber necesario para alcanzar un modelo sociocultural diferente; un saber que proporcione explicaciones adecuadas a los complejos niveles implicados en la actividad simbólica e ideológica de nuestras sociedades contemporáneas.

1.2- Patrimonio cultural e identidad. Una perspectiva teórica

Durante el devenir histórico, se han venido acumulando una cantidad de bienes culturales que forman parte del patrimonio cultural de los pueblos. De ellos, los más significativos son promovidos gracias a importantes organizaciones mundiales lideradas por la Unesco.

El vocablo patrimonio proviene del latín patrimonium (Wikipedia, 2012) y revela:

Hacienda que alguien ha heredado de sus ascendientes. También el conjunto de bienes propios adquiridos por cualquier título. Conjunto de los bienes propios antes espiritualizados y hoy capitalizados y adscritos a un ordenando, como título para su ordenación. Asimismo, conjunto de bienes pertenecientes a una persona natural o jurídica, o afectos a un fin, susceptibles de estimación económica.

El ejemplo anterior descrito, no abarca en su totalidad el fenómeno sociocultural, ya que brinda una información parcializada de su esencia. El patrimonio comprende una mayor cantidad de características, “[…] constituye la objetivación de los valores simbólicos que están en la base de la construcción social de la identidad de una comunidad, de un lugar” […] “acoge las huellas más significativas del habitar humano”. (Venturini; 2004: 157)

El patrimonio está conformado por los bienes culturales que se encuentran en una región determinada y que presentan una importancia histórica, científica, simbólica, estética y natural. Es la herencia recibida por nuestros antepasados, que se expresa a través de testimonios, formas de vida, costumbres y creencias que encontramos día a día en el ámbito sociocultural. Patrimonio es el legado actual que será objeto de herencia para futuras generaciones.

Retomando la Convención de 1972 de la Unesco, consideramos que su gran aporte fue que agrupó en un documento único, los conceptos de protección de la naturaleza con la preservación de los sitios culturales. En el tratado se define el concepto de patrimonio de la humanidad en dos vertientes: cultural y natural. Por su directa relación con el tema del presente informe, nos centramos en el concepto de patrimonio cultural que se acordó en dicha convención:

- Todos los monumentos: obras arquitectónicas, de escultura o de pinturas monumentales, elementos o estructuras de carácter arqueológico, inscripciones, cavernas y grupos de elementos que tengan un valor universal excepcional desde el punto de vista de la historia, del arte o de la ciencia.
- Los conjuntos: grupos de construcciones, aisladas o reunidas, cuya arquitectura, unidad e integración en el paisaje le dé un valor universal excepcional desde el punto de vista de la historia, del arte o de la ciencia.
- Los lugares: obras del hombre u obras conjuntas del hombre y la naturaleza y la naturaleza, así como zonas incluidos en los lugares arqueológicos que tengan una valor universal desde el punto de vista histórico, estético, etnológico o antropológico.

En esta selección, la Unesco especifica los bienes que forman parte del patrimonio cultural en las diversas regiones del mundo e incluye los bienes tangibles e intangibles que lo conforman. También, es clara la relación que existe entre estos tres conjuntos. Ello no exime a las diferentes naciones de defender, velar, conservar, y proteger los bienes que por su excepcionalidad forman parte de su patrimonio cultural respectivo, aunque no figuren en la lista de Patrimonio Cultural de la Humanidad.

En la mayoría de los casos patrimoniales confluyen: monumentos, conjuntos y lugares. Esta relación existente, viene ligada a una nueva concepción del patrimonio cultural, donde los distintos conocimientos de los pueblos, grupos o personas relacionados con los bienes, deben ser tomados en cuenta para realizar su puesta en valor. Todo ello, mediante una correcta gestión arqueológica del patrimonio cultural con basamento en el desarrollo estratégico de actividades planificadas previamente a través de especialistas o expertos en estos temas.

En la actualidad, el uso del término patrimonio cultural, se explica a partir de dos vertientes:

- Patrimonio cultural tangible (material)
- Patrimonio cultural Intangible (inmaterial)

Marta Arjona (1986), en su libro Patrimonio Cultural e Identidad, abordó que este concepto está constituido por “aquellos bienes que son la expresión o el testimonio de la creación humana o de la evolución de la naturaleza, y que tienen especial relevancia en la relación con la arqueología, la prehistoria, la literatura, la educación, el arte, la ciencia y la cultura en general […]” Este análisis, permite comprender que el interés y los valores asociados con los bienes patrimoniales, responden a un proceso histórico-social concreto que se expresa mediante manifestaciones y creaciones culturales diversas.

Ahora, el debate actual sobre el patrimonio cultural, no solo ha ganado un espacio importante en los medios, sino en el escenario sociocultural y político de las naciones, en parte gracias a las acciones de salvaguarda, conservación, socialización y difusión. También se ha convertido en una opción necesaria para la promoción mundial del turismo y el crecimiento económico que ello trae aparejado.

La visión de patrimonio cultural que propone Néstor García Canclini (1999), lo explica desde una visión diferente, donde confluye el hombre directamente a través de las actividades que realiza en su entorno social. Su criterio acerca del prestigio histórico y simbólico de los bienes patrimoniales abre una nueva brecha enfocada hacia la importancia sociocultural de los bienes que forman parte de este.

El patrimonio cultural expresa la solidaridad que une a quienes comparten un conjunto de bienes y prácticas que los identifica, pero suele ser también un lugar de complicidad social. Las actividades destinadas a definirlo, preservarlo y difundirlo, amparadas por el prestigio histórico y simbólico de los bienes patrimoniales, incurren casi siempre en cierta simulación al pretender que la sociedad no está dividida en clases, etnias y grupos, o al menos que la grandiosidad y el respeto acumulados por estos bienes trascienden esas fracturas sociales.

Canclini comprende que:

[…] La cuestión del patrimonio ha desbordado a los dos responsables de estas tareas, lo profesionales de la conservación y el Estado. Pese a la enorme importancia que aún tienen la preservación y la defensa, el problema más desafiante es ahora el de los usos sociales del patrimonio. En él es necesario concentrar los mayores esfuerzos de investigación, reconceptualización y política cultural.

Sin embargo, las acciones que conforman la conservación del patrimonio cultural, no siempre son responsabilidad absoluta del Estado y sus instituciones socioculturales, en estas acciones tiene un espacio protagónico la comunidad creadora y receptora de estos bienes. Por otra parte existen múltiples brigadas internacionales que comprenden la importancia de conservar el patrimonio cultural y se trasladan de un sitio a otro dentro y fuera de sus naciones, para realizar acciones voluntarias de rescate y conservación de los bienes que forman parte de patrimonio cultural.

En relación con el uso correcto de estos bienes, se comprende que el mundo vive un auge en el desarrollo del turismo y entre sus modalidades mucha gente no viaja por simple ocio, sino por el placer de encontrarse con lo más significativo de la historia de sus destinos preferidos, sin embargo, y retomando a Canclini (1999), es el Estado quien debe trazar las pautas que condicionen la protección y conservación de sus bienes patrimoniales.

En el caso de la educación, el patrimonio cultural nos devuelve la posibilidad de reencontrarnos con nuestros antepasados, pero a la vez hacerlo con la conciencia de que estamos en la obligación de vigilar para que estos bienes lleguen a ser apreciados por nuestros sucesores.

Edgardo José Venturini (2004), definió el patrimonio como:

[…] el conjunto de bienes naturales y culturales […] que por las características de sus componentes y usos efectivos y potenciales, por su criticidad para los grupos sociales que a través de él se dependen para su desarrollo, por el carácter histórico y la importancia histórica que lo marcan, por la singularidad y/o escasez, posee un valor excepcional a proteger y conservar para su goce actual y futuro y para reafirmar la identidad de las sociedades con él vinculadas, elevando así el de experiencia humana.

Este concepto relaciona elementos que facilitan la interpretación del patrimonio cultural, sus características y composición; asimismo, las variantes que el autor propone a través de un enfoque sociocultural e histórico que produce, al unísono, un vínculo inevitable entre estas dos variables: conservación y promoción, con el objetivo de su disfrute a corto, mediano y largo plazos.

Por otra parte, nos permite interpretar la relación de dos elementos vitales dentro del fenómeno del patrimonio: sociedad e identidad. Estas dos variables, tienen escena de privilegio dentro de la definición de Venturini, quien reconoce la identidad como uno de los pilares fundamentales para conservar la actividad humana en sus distintas épocas y formas.

[…] por tanto, -la identidad- guarda relación directa con las tradiciones, los hábitos y costumbres, los prejuicios y el modo de pensar arraigados en la mentalidad del pueblo y, congruentemente, en la conciencia y subconciencia del individuo. También está ligada con las formas nacionales de pensamiento, expresadas en la ideología de clases (Citado en Reynosa; 2007: 11)

Esta reflexión explica la relación existente entre identidad y tradición, así como el rol de la conciencia y la subconciencia del individuo en la lucha de clases, la creación artística, preservación y promoción del patrimonio cultural. De esta forma, la identidad y las tradiciones son partes indivisibles dentro del concepto de patrimonio cultural, gracias a que facilitan su protección y mantenimiento.

Como ocurre con la cultura y otras manifestaciones, el patrimonio cultural cambia y evoluciona constantemente, y cada nueva generación tiene la posibilidad de enriquecerlo, gracias a que muchas expresiones y manifestaciones del patrimonio cultural están amenazadas por la globalización y la homogeneización de la cultura que se traduce en la falta de apoyo, aprecio y comprensión hacia las tradiciones y sus procesos culturales.

Marta Arjona planteaba que “la conciencia de reconocerse históricamente en su propio entorno físico y social crea el carácter activo de la identidad cultural, por la acción de conservación y renovación que se genera” (Aruca; 2005). También, reconocía que “el patrimonio cultural se enriquecía por nuevos acercamientos de la colectividad a los objetos de su historia, a través de los actos en los que generaciones sucesivas como herederas y custodias de algo realizado por sus antepasados. Lo que ayer no parecía contener un mensaje cultural, hoy es descubierto y valorado con insistencia”. (Aruca: 2005a)

En este orden, Abranches (1988), expone la relación del patrimonio cultural con la identidad cultural al escribir: “[…] cuando los hombres de hoy se encuentran con hombres del pasado y les reconocen los mismos esfuerzos, así como se dan cuenta de las fantásticas conquistas hechas hasta el presente […] se identifican de una manera material con el proceso histórico de su sociedad mediante su herencia cultural.”

El patrimonio cultural y la identidad representan a nivel comunitario un proceso de retroalimentación constante que permite a ésta su expresión mediante la conciencia, encontrando así un espacio vital dentro de la naturaleza, la cultura y la historia. Cuando una cultura permanece en la conciencia social, da lugar a que exista un impulso hacia el cuidado y preservación de ella como parte inalienable de la identidad y el patrimonio cultural, la cual debe ser estudiada, no solo a partir de su historia, sino en su accionar diario.

El concepto de identidad cultural encierra el sentido de pertenencia de un grupo social en el cual se comparten rasgos culturales, como costumbres, valores y creencias, pero no es un concepto fijo, ya que tiene su connotación fundamental a niveles individual y colectivo, con una influencia que recibe desde el exterior.

La identidad cultural es la expresión máxima de la cultura de los pueblos y la condición cultural que nos permite identificarnos, caracterizarnos y diferenciarnos de otras culturas. Nos permite percibir quiénes somos y cuál es nuestra comunidad o nuestra cultura. Involucra el entorno, la historia y la voluntad creativa del hombre. También, “se manifiesta a distintos niveles (personal y colectivo) no excluyentes, y de distintas maneras (definidos en particularidades dinámicas y diferenciales, en la imagen de sí, en la búsqueda permanente), pero siempre es una.” (Sánchez; 2005: 39)

En la revista El correo de la Unesco (1982), se publicó que:

La identidad parece plantarse hoy como uno de los principios motores de la historia. Lejos de coincidir con un repliegue sobre un acervo inmóvil y cerrado en sí mismo, esa identidad es un factor de síntesis viva y original perpetuamente recompensada. De este modo, representa cada vez más la condición misma del progreso de los individuos, los grupos, las naciones, pues es que ella anima y sostiene la voluntad colectiva, suscita la movilización de los recursos interiores para la acción y transforma el cambio necesario en una adaptación creadora.

La identidad está cimentada como una de las bases fundamentales para promover y conservar la historia y el patrimonio cultural. Es posible que en 1982, cuando fue escrito el artículo citado, no se haya valorado la identidad como un elemento fundamental y decisivo para el reconocimiento cultural de las naciones, con respecto a las demás. Hoy, este concepto de identidad cultural se actualiza constantemente gracias a que, el patrimonio cultural está intrínsecamente relacionado con la huella que deja la identidad cultural en el devenir histórico, en forma de bienes materiales y espirituales que trascienden de generación en generación.

La identidad cultural tiene una connotación sociocultural decisiva dentro del proceso de desarrollo social. “[…] es diferenciación hacia fuera y asunción hacia adentro. Existe la identidad cuando un grupo humano se autodefine, pero a la vez es necesario que sea reconocido como tal por los demás.” (Laurencio; 2002: 15) Es acertada la idea básica que propone el autor, pero consideramos que exista heterogeneidad absoluta a la hora de abordar este tema, ya que las comunidades por naturaleza tienen estas características, y aún cuando predomine lo que la identifica entre sus miembros, el mensaje cultural no llega a todos por igual ni es interpretado de la misma manera por todos. “La realización material de la identidad certifica la de la herencia de los pueblos, es decir, su significante descansa en los bienes culturales, y sobre ellos el individuo, como el grupo, participa sentimentalmente en su vida diaria, estableciendo con ellos las relaciones determinadas por su espíritu de época”. (Sánchez; 2005: 41)

La identidad es un proceso dialéctico que supone una sólida herramienta para el fortalecimiento de los valores identitarios de las comunidades, su correcta interpretación se traduce en fortalecimiento de las naciones. Por otra parte representa el sustento histórico de la cultura y la creación cultural del hombre en la sociedad.

En este sentido, Ubieta (1993), precisó que: “La identidad de un grupo exige su enunciación, ya sea de sí mismo o de un ser –otro que la formule, es un acto de conciencia, pero que expresa una realidad objetiva y subjetiva de carácter histórico más allá de la voluntad del enunciador-. La identidad en cualquiera de sus manifestaciones es una hecho cultural”. Estas ideas sustentan la importancia histórica de la identidad cultural, gracias a que cobra un significado educativo cada vez mayor en la sociedad, de ahí la importancia que reviste centrar actividades educativas para lograr la perpetuidad de las tradiciones que estén presentes en las comunidades, partiendo de cada una de sus características y los bienes culturales que poseen las mismas.

“La identidad cultural de un pueblo viene definida históricamente a través de múltiples aspectos en los que se plasma su cultura, como la lengua, instrumento de comunicación entre los miembros de una comunidad, las relaciones sociales, ritos y ceremonias propias, o los comportamientos colectivos […]” (González y Varas, 2000: 43. Citado en Molano; 2008)

El concepto de identidad cultural nos permite comprender las manifestaciones del hombre y su creación cultural a través de los años. Por ello podemos interpretar las herencias pasadas en un momento dado, siempre que las mismas estés recogidas en el imaginario popular y se mantengas perdurable en el tiempo. No existe la posibilidad de que los grupos humanos se desarrollen plenamente sin que medie un profundo sentimiento identitario en relación con sus predecesores.

La identidad sólo es posible y puede manifestarse a partir del patrimonio cultural, que existe de antemano y su existencia es independiente de su reconocimiento o valoración. Es la sociedad la que a manera de agente activo, configura su patrimonio cultural al establecer e identificar aquellos elementos que desea valorar y que asume como propios y los que, de manera natural, se van convirtiendo en el referente de identidad […] El patrimonio y la identidad cultural no son elementos estáticos, sino entidades sujetas a permanentes cambios, están condicionadas por factores externos y por la continua retroalimentación entre ambos. (Bákula; 2000: 169. Citado en Molano; 2008)

El tema social y el concepto de identidad es de absoluta importancia para la gestión sociocultural del patrimonio cultural, de esta manera es en la sociedad donde se reconocen los elementos excepcionales que nos identifican y diferencian de otras sociedades.

Es cierto que tanto el patrimonio como la identidad cultural no son elementos estáticos, pero no podemos olvidar que muchos factores externos e internos muchas veces condicionan la manera en que se pueda interpretar la identidad, porque la misma, está indisolublemente ligada a la historia, la cual no es homogénea. “La identidad cultural no existe sin la memoria, sin la capacidad de reconocer el pasado, sin elementos simbólicos o referentes que le son propios y que ayudan a construir el futuro”. (Molano: 2008) La propia autora propone que “[…] la identidad supone un reconocimiento y apropiación de la memoria histórica, del pasado. Un pasado que puede ser reconstruido o reinventado, pero que es conocido y apropiado por todos […]” los miembros de una comunidad.

En el caso del Perú, la Ley General de Amparo al Patrimonio Cultural de la Nación (Ley No. 24047) tiene previsto en el Capítulo I, Artículo 1ro que:

El Patrimonio Cultural de la Nación está bajo el amparo del Estado y de la Comunidad Nacional cuyos miembros están en la obligación de cooperar a su conservación.

El Patrimonio Cultural de la Nación está constituido por los bienes culturales que son testimonio de creación humana, material o inmate­rial, expresamente declarados como tales por su importancia artística, científica, histórica o técnica. Las creaciones de la naturaleza pueden ser ob­jeto de igual declaración.

En relación con esta ley, podemos percibir que está en plena correspondencia con los principios que rigen el patrimonio de las naciones a nivel mundial, por lo que no se sale de las disposiciones establecidas por la Unesco en 1972. El documento es escueto. Caracteriza y regula los bienes integrantes del patrimonio cultural de la nación, regularizando lo relativo a su identificación, protección, investigación, restauración, mantenimiento, restitución y difusión de su conocimiento. Asimismo, clasifica los bienes culturales de la nación en dos vertientes:

- Muebles
- Inmuebles

Dentro del grupo de bienes culturales muebles están previstos los objetos, documentos, libros y demás bienes que tienen un nivel de excepcionalidad expresadas en el Artículo No. 1 citado anteriormente.

Por su parte, los bienes culturales inmuebles se reconocen como: los sitios arqueológicos, los edificios y demás construcciones de valor artístico, científico, histórico técnico y los conjuntos y ambientes de construcciones, urbanos o rurales, que tengan valor cultural aunque estén constituidos por bienes de diversa antigüedad y destino. También previstos en Artículo No. 1 de la Ley General de Amparo al Patrimonio Cultural de la Nación.

Según está advertido en la propia Ley, “la condición de bien inmueble del Patrimonio Cultural de la Nación será inscrita de oficio en la partida correspondiente del registro de la Propiedad. […] La protección de los bienes inmuebles, comprenden el suelo y subsuelo en que se asientan, los aires y el marco circundante en la extensión técnicamente necesaria para cada caso”. Más adelante en los siguientes artículos se especifica que “la Biblioteca Nacional y el Archivo General de la Nación están encargados de proteger y declarar el Patrimonio Cultural Bibliográfico y Documental, respectivamente.”

[...]

Detalles

Páginas
110
Año
2012
ISBN (Ebook)
9783656888871
ISBN (Libro)
9783656888888
Tamaño de fichero
7 MB
Idioma
Español
No. de catálogo
v288245
Calificación
20
Etiqueta
estrategia chan villa perú

Autor

Compartir

Anterior

Título: Estrategia para la conservación del patrimonio cultural en el complejo arqueológico Chan Chan, Villa Del Mar, Perú