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Breve repaso teórico sobre algunas cuestiones sociales contemporáneas: cuestión de género e inconsciente humano

Ensayo 2014 31 Páginas

Ciencias sociales (General)

Extracto

De cómo el término “género” se ha ido convirtiendo en una categoría conceptual inmersa en influencias de poder e intereses particularistas

(Breves apuntes para una justicia sin categorizaciones conceptuales parcializadas y excesivamente delimitadas)

Hoy en día existe un gran número de políticas públicas y programas sociales que se desarrollan y se implementan teniendo en cuenta una gran cantidad de estudios y análisis sociales, todos ellos, realizados desde lo que se ha dado en llamar “una visión o perspectiva de género”. Dichos estudios y dichos análisis, cabe decir, cada día tienen más peso y financiamiento en el sector gubernamental, son citados en los más importantes medios de comunicación del mundo y avalados por muchos colectivos que poseen sus propios intereses y desean reconfigurar ciertas relaciones de poder en el espacio social. Los matices epistemológicos que sobre el término de “género” existen hoy por hoy son muy ricos y variados y han contribuido a desnaturalizar muchos paradigmas. Han contribuido, de hecho, a que podamos entender mucho a mejor a nuestras actuales sociedades e incluso a las mismas personas que viven en este mundo. No obstante, es un hecho que dicha categorización conceptual se ha ido convirtiendo de una u otra forma, en muchos casos, en una herramienta analítica mucho más apropiada para defender ciertas ideas y ciertas posturas que para analizar la misma realidad social, es decir, se ha ido convirtiendo en una herramienta cada vez más ideológica y cada vez menos inter y transdisciplinar. Incluso en el mismo sector o espacio académico, el término “género” es el que permite mantener el financiamiento de muchos estudios en todo un campo de estudio que necesita avalarse a sí mismo mediante un discurso social. De ahí que la pregunta que inmediatamente surge es la de, ¿quién se cerciora de que dichos estudios no están sesgados, quién se cerciora de que se estudie tanto los problemas y fenómenos que atañen tanto a hombres como a mujeres? ¿O será que se privilegia una mirada, una visión o un paradigma dentro de dichos estudios?

La idea que al respecto se presenta en este texto es la de que muchos de esos estudios privilegian y trabajan en base a un paradigma y dicho paradigma es el de la “feminización de la pobreza, el maltrato y la precariedad”. Tomando como punto de partida dicho paradigma, y reduciendo un problema tan complejo como lo es el de los efectos negativos de las migraciones a una feminización de la mano de obra en el mundo, muchos de esos estudios tienen desde sus inicios una visión excesivamente delimitada. Una visión excesivamente delimitada tanto en los enfoques como en los sujetos de estudio (pues casi siempre se refieren a mujeres), a raíz de lo cual se puede llegar a decir que muchos de esos estudios se encuentran enormemente sesgados. Además, que al delimitar enormemente las causas estructurales de los problemas que plantean, ya que los enfoques que manejan no son siempre del todo completos y transdiciplinares por razones que se expondrán más adelante, lo que en verdad hacen, se podría afirmar, es contribuir a reproducir una y otra vez la realidad que han llamado “feminización de la pobreza y el maltrato”.

Ahora bien, hay que dejar en claro que no es el propósito de las presentes líneas y del presente esfuerzo reflexivo, no es propiamente el de cuestionar los trabajos académicos que se realizan con un denominado “enfoque de género”, ni cuestionar tampoco el rigor conceptual y académico increíblemente grande que ellos poseen, ni tampoco el de negar el hecho de que muchos de dichos trabajos han resultado sumamente valiosos y reveladores frente a la realidad social. El propósito de este esfuerzo interpretativo y de opinión, es, simplemente, el de señalar un hecho muy concreto. El hecho de que muchos de esos trabajos han contribuido no solo a desnaturalizar ciertos paradigmas sino a reproducir algunos otros y que, por eso mismo, el término género tiene muchas veces una utilización ideológica y sexista inmersa que se manifiesta, desde luego, en uno que otro interés particularista. Se puede decir incluso que dicho término también es utilizado con fines populistas y electorales, ya que muchos políticos afirman tener una visión de género en los programas de gobierno que presentan, por ejemplo, en sus distintas campañas (sin mencionar en detalle, por cierto, toda la serie de relaciones e influencias que hay detrás de ello). Ahora, que los intereses particularistas que se encuentran tras la utilización ideológica del término género, haya permeado el espacio político no es la principal preocupación que se expondrá en este texto. La principal preocupación es que dicha utilización y los esquemas y constructos simbólicos que subyacen tras dicha utilización, han permeado y se han apoderado en un alto grado del campo social de lo jurídico, y eso, como se verá más adelante, genera que la justicia no opere de forma igualitaria. Más exactamente, lo que genera es que la justica no trate a ciudadanos, como afirma la ley, sino a hombres, por un lado, y a mujeres por el otro. Una situación en la que, de acuerdo con muchas personas del común y a algunos analistas que han empezado a denunciar esto, afecta principalmente a nuestros niños y niñas.

La feminización de todas las condiciones precarias como victimización de un género humano y criminalización del otro

Hay que decir, sobre el término de “feminización de la pobreza”, que este es una categoría conceptual empleada principalmente para mencionar el hecho de que la mayoría de los pobres en el mundo son de sexo femenino, es decir, que la pobreza afecta mayoritariamente a las mujeres (Aguilar, 2011). Al respecto existen muchas cifras por parte de Naciones Unidas y de muchas otras instituciones que avalan dichos datos. Unas cifras que son incluso sumamente preocupantes. Debido a ello, muchos trabajos académicos buscar estudiar las causas estructurales de la pobreza en las mujeres para solucionar específicamente eso, es decir, la pobreza en las mujeres, convirtiéndose cada vez más y más este problema en un asunto de máxima prioridad por parte de Naciones Unidas, y dejando un poco de lado el hecho de lo que se debe combatir es la pobreza en sí misma[1] y en todas sus manifestaciones como fenómeno multidimensional que es (CEPAL, 2012).

Gran parte de este asunto de la predominancia del paradigma de la feminización de la pobreza y otras condiciones precarias, es muy similar a lo que el sociólogo Francis Chateauraynaud (2011) menciona, aplicando la llamada sociología de las controversias, a lo que sucede en el ámbito argumentativo y sociológico de lo ambiental. Él dice, para ilustrar este punto, que “lo ambiental es así aprehendido esencialmente bajo la lógica del riesgo, imponiendo entonces gradualmente al principio de precaución como el régimen político y cognitivo dominante[2] ” (Chateauraynaud: 2011, p. 14-15). Pues bien, en lo que atañe a los programas sociales y al entendimiento del maltrato, ha sucedido algo muy semejante. Ha sucedido que se ha ido imponiendo desde hace unos años a la feminización de la pobreza y el maltrato como un régimen político y cognitivo, si no dominante, por lo menos sí con un gran peso decisivo y consultor. Además, que la idea de feminización misma se inscribe de una u otra forma, en el paradigma de luchas por lo que parece éticamente correcto, y hoy en día nada parece más correcto que luchar contra el maltrato a las mujeres, y no contra el maltrato en sus términos más generales. Este último punto se presenta hoy día de una forma tal, que ya ha surgido incluso el término de “feminicidio”, para categorizar a aquellas mujeres que son asesinadas por su propia condición de mujeres (aunque, a decir verdad, en los noticieros, se nombra como feminicidio a cualquier tipo de muerte violenta que haya sufrido cualquier mujer en cualquier parte, ya sea por robo o hasta por accidente vehicular, eso, cabe decir, con afanes populistas por parte de dichos noticieros. Es decir, con afanes de mostrar que informan desde lo políticamente correcto).

El paradigma de la feminización de la pobreza, por tanto, también está fuertemente inmerso en la dimensión axiológica de la realidad humana contemporánea. Ahora, que Naciones Unidas dé una alerta respecto a la pobreza de las mujeres, la cual es sumamente preocupante, es porque hubo un primer grupo de “emisores de dichas alertas”. De acuerdo con Francis Chateauraynaud, el “éxito de una alerta, aun de aquellas de apariencia puramente técnica, radica siempre en el estado de las relaciones de fuerzas entre múltiples actores que aseguran una mínima distribución de poderes y saberes, de procedimientos y competencias (2011). Y en este tema que nos compete, los emisores de alertas, son los analistas que trabajan bajo el concepto de género. Dichos analistas pueden entonces asegurarse que habrá un discurso que legitime su alerta porque poseen cierta distribución de poderes y saberes, en este caso, opino yo que predominantemente de saberes, y, de acuerdo con pensadores y analistas como Foucault (1991), el saber constituye una gran fuente de poder. De hecho, el saber siempre ha sido enormemente instrumentalizado por grupos e instituciones determinados para legitimar ciertas dominaciones o ideas específicas. De ahí que el autor mencionado hable del saber-poder.

Ahora bien, hablar de poder, en términos de Foucault (1991), involucra que se mencione a las tecnologías de poder de las cuales se valen muchos grupos, aun cuando dichos grupos sean minoritarios y altamente excluidos, para legitimar y ejercer el poder (ya que el poder, de acuerdo con Foucault, más que una condición es un ejercicio mismo, aunque también, creo yo, puede ser catalogado como un paradigma e incluso como un gran metarrelato, quizás el más grande e importante de la sociedad occidental, y claro, cualquier grupo cuyos discursos manejen componentes ideológicos, querrán estar lo más que se pueda en los marcos que permiten ejercer poder). Al respecto, se dice que:

Las tecnologías de poder, permiten el control externo del individuo a partir del ejercicio de poder normalizador, es decir, de la utilización de ciertos estándares a partir de los cuales la población queda impelida a mantenerse dentro de los márgenes estipulados de la “normalidad” a riesgo de padecer exclusiones derivadas de su incumplimiento (Bravo, 2012, p. 150).

[...]


[1] A manera de ejemplo para ilustrar lo que se ha dicho acerca de la creciente importancia de combatir la pobreza exclusiva y particularmente en las mujeres, tenemos que “En la IV Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Mujer, celebrada en Pekín en 1995, se afirmó que el setenta por ciento de los pobres del mundo eran mujeres. En esta Conferencia se acordó que la Plataforma de Acción dedicará una de las doce áreas críticas, a la erradicación de la pobreza que enfrentan las mujeres (Wikipedia: Feminización de la pobreza). Naciones Unidas, por su parte, reconoció en el 2009 que «las crisis financieras y económicas» tenían «efectos particulares sobre las cuestiones de género y constituían una carga desproporcionada para las mujeres, en particular las mujeres pobres, migrantes y pertenecientes a minorías» (Wikipedia: Feminización de la pobreza).

[2] El “principio de precaución”, es aquel que nos dice que si una acción o una política puede causar daños graves e irreversibles al público o al medio ambiente, aun sin estar plenamente demostrado, hay una responsabilidad por parte de los Estados y de las principales instituciones de intervenir y de proteger al público contra la exposición al posible daño (Guerrero, 2013) (Chateauraynaud: 2009). Partiendo de esa lógica de hacer lo éticamente correcto se exageran y desproporcionan las alertas como cuando apareció, por ejemplo, el denominado virus AH1N1, con el fin explícito y directo de evitar una pandemia mundial (Chateauraynaud: 2009). De esa misma forma, puede que en el plano de las lógicas argumentativas de las políticas públicas y la lucha contra la pobreza esté sucediendo algo similar. Es decir, puede que se le esté dando un peso realmente enorme a la categoría conceptual de feminización de la pobreza, lo que, en principio no acarrea ningún inconveniente, de no ser porque dicho peso reconfigura la misma realidad social y porque es un problema directo sobre cómo redireccionar adecuadamente los fondos de los distintos Estados, para de verdad luchar contra la pobreza.

Detalles

Páginas
31
Año
2014
ISBN (Libro)
9783656579441
Tamaño de fichero
739 KB
Idioma
Español
No. de catálogo
v267333
Instituto / Universidad
Universidad Nacional de Colombia
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Etiqueta
breves

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Título: Breve repaso teórico sobre algunas cuestiones sociales contemporáneas: cuestión de género e inconsciente humano